Mundiales y destinos de Jorge Cuba-Luque



 

Por: Néstor Rubén Taype

Su reciente publicación *Mundiales y Destinos* cae, parafraseando al  poeta “como pasto al roció” El fútbol está de moda y no hay mejor tema por ahora, que éste. Zambuido en su lectura del primer mundial de futbol, de pronto me vi como un treintañero de clase media, cabello engominado y bien al terno, ingresando al Centenario de Montevideo en 1,930. Asignado según mi ticket en un lugar bastante preferencial, era esperado por unos amigos entrañables que me reprochaban mi demora. El impresionante estadio recién estrenado me era sumamente familiar ¿Dónde lo había visto antes?  Ya sentado y pasada la parafernalia, los equipos salieron al campo. Allí estaban las escuadras de Francia y Uruguay. De pronto, súbitamente se me viene a la mente unas frases al reconocer a la estrella del equipo galo tras el aviso de uno de los amigos que nos dijo – hey, allí está la estrella francesa - “Alexandre Villaplane, capitán del combinado francés, posa de pie para la posteridad con el balón bajo el brazo, junto a los defensas y el arquero; detrás de los delanteros en cuclillas”. Toda esa euforia del momento con toda la adrenalina al tope, Villaplane no imaginaba lo que vendría después. Una serie de hechos nefastos para el capitán francés, capitán futbolístico que daría a su vida un vuelco terrible. De la comodidad del estadio Centenario y el disfrute total del match ya iniciado, de pronto reconozco nuevamente al jugador galo, mucho más maduro y maltrecho, pero sin duda es él. Pero estoy frente al susodicho personaje, con mi arma en ristre, al que reconocí como un Mas-36 algo moderno para la época. Soy uno de los soldados a cargo del fusilamiento de la ex estrella del futbol francés. Toda la trágica secuencia descrita por el autor se cumplía, lo que no estaba escrito y Jorge no me lo había anticipado era ¿Qué hacía allí apuntando a ese pecho que paró muchísimas pelotas? Y en un francés el que yo comprendía perfectamente escuché el anuncio del oficial – ¡preparen!, ¡apunten! – Cerré los ojos y al mejor estilo traté de sacudirme como hago cuando me dan esas espeluznantes pesadillas en mi cama, no iba a disparar jamás. Todo quedó a oscuras y el silencio asomó por unos minutos. 
Abrí los ojos, me sentía feliz, estaba envuelto en una tenida negra, una gala de los árbitros de fútbol. Mis compañeros me dieron la mano antes de iniciarse el encuentro. Los capitanes de ambos equipos se saludaron, el ruido era ensordecedor, el estadio estaba repleto. Me percaté del silbato o pito que tenía en una de mis manos. Tenía que asegurarme que todo estuviera en orden, miré a ambos capitanes todo estaba listo para el encuentro entre las escuadras de Brasil y Suecia. No me había dado cuenta que al  saludarme con los colegas me dijeron – mucha suerte y felicitaciones para esta final Maurice -  Me llamaba Maurice  Guigue, y estaba en la final de la copa del mundo en Suecia 1,958. Fue un partido vibrante y digno de una final, emocionante ver a un Brasil con jugadores legendarios que ganaron la primera Copa Mundial. Aunque la tenida era de un árbitro galo, yo sabía bien que era peruano y que nada más estaba disfrutando de la lectura de Jorge Cuba-Luque como un protagonista adicional. Pelé marcó dos golazos y no se imaginan como deseaba gritarlo a todo pulmón y correr a abrazarlo, era apenas un adolescente. Obviamente no podía; entonces no me quedaba más que soplar y soplar con todo el alma el bendito pito, que sonara más que otros, que se escuchara hasta el Brasil para gloria de ellos. La algarabía era total, digna de un cuento de hadas. 
Para terminar no puedo dejar de contarles en este fascinante viaje estuve en el hotel Tequendama, Colombia,  sirviendo de botones y vi al equipo inglés en su mini gira por Sudamérica previo al mundial del 70. Estuve en el momento de la sustracción del brazalete que fue todo un escándalo para la selección de Inglaterra, sin embargo nunca dije ni conté nada y me libreé del llamado del juez en las investigaciones. Vi a los dos gringos a los Bobbies y también supe quién fue, por obvias razones nunca dije nada, no estaba escrita mi participación. De allí pasamos a todos los lugares donde la Copa del Mundo se  había realizado. Conocimos a diversos personajes, sus glorias y vicisitudes fuera y dentro de la cancha, que marcaron la historia del futbol; pero sería larguísimo contárselos. Mundiales y Destinos nos invita a un viaje inolvidable, lleno de historias y anécdotas increíbles, desde el primer mundial de 1,930 hasta el  2014. Al final podemos encontrar en sus páginas finales un recuento de datos históricos que sirven para todo amante y lector de futbol como una vital fuente de información. Sin duda golazo de Jorge Cuba–Luque, los que adoramos este  deporte estamos de plácemes.

Jorge Cuba Luque (Lima, 1960). Estudió derecho en la Universidad Nacional de San Marcos donde se graduó de abogado en 1988. En 2004, en la universidad Toulouse-Le Mirail, obtuvo un doctorado en “Etudes sur l’Amérique latine” tras sustentar su tesis La presse de Lima et la littérature urbaine au Pérou. 1948-1955. Ha publicado los libros de cuentos Colmena 624 (1995) y Ladrón de libros (2002), el volumen evocativo Yo me acuerdo (2008) y la novela Tres cosas hay en la vida (2010).


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