Al mundial, nos vamos al mundial.



Por Néstor Rubén Taype

     -         ¡Goooool!!  ¡golazo!

-          ¿Papá, gol de quién?

-          Gol de Perú hijo.

-          ¿Y con quien está jugando?

-          Con Bulgaria.

Entonces mi hijo se acerca a la computadora y asoma su cabeza a lado mío y después de mirar lo que mostraba la pantalla sonríe.

-          Papá  no te pases  es el mundial del  70 de México, yo pensé que era un partido de ahorita.

-          Golazo de Cubillas hijo, con ese gol le volteamos el partido a los búlgaros, tráeme del frigidaire una chela más por favor.

Esta escena se repetiría varias veces y aunque el 2002 no clasificamos tampoco, yo me entretenía y aun me entusiasmaba con los goles de los mundiales del  70, 78 y 82; pero especialmente el de México.  Llegamos aquí a los Estados Unidos el 2000 con la familia cuando el mayor de mis hijos era un quinceañero y el otro apenas siete años. Solo al mayor llegué a llevarlo varias veces al estadio nacional cuando estábamos en Lima, para ver los partidos de Universitario de Deportes del cual  soy aun hincha de toda la vida.  No sé cuándo pero siempre fui de la U, desde mi barrio en la Urbanización Palomino. Los niños que éramos nos íbamos al campo de la U en el  Cercado de Lima, nos metíamos a su local porque era abierto, allí en las bancas estábamos cerquita a Calatayud, Ángel Uribe, Cruzado y Challe, que bacán era. Llegaría el 70 y la fiebre del mundial la conoceríamos en nuestra adolescencia. Le rogábamos a mi padre para que comprara el deseado televisor, pero mi viejo nada. Mi viejo ayacuchano, jamás había jugado futbol y no le llamaba la atención y  mi madre  metía su cuchara diciéndole que ya, que los chicos no son como tú y que comprara el televisor. Un buen día mi hermana se lo llevó de compras y  vinieron a la casa con el bendito televisor de 20 pulgadas.  Vivimos el mundial y cada gol de Perú todos los edificios retumbaban y salíamos a gritar en los parques. Después  el resto de los mundiales no tuvieron el impacto del primero, goleados por Argentina en el 78 y luego goleados por Polonia el 82, se cerró la etapa de las copas y lo demás solo fue frustración.


Para la clasificación del mundial 2002 aquí ya en tierras gringas la cosa era igual. Trabajaba de noche y al salir me encontraba con una mancha de peruanos  con banderas en sus espaldas  que se iban a los locales que pasaban los partidos de las eliminatorias. Al día siguiente me encontraba con muchos de ellos y les preguntaba como quedamos.

-          Hermanito, íbamos ganando (allí yo ya me imaginaba el final de historia) pucha que lo teníamos hecho a los colombianos, pero una falla, una fallita compadre y perdimos, pero estábamos bien, estábamos bien por la puta madre.

Esta historia se repetiría en las demás eliminatorias y decidí  no preguntar más sobre futbol y menos hablar del tema.  Para recordar futbol del bueno estaba Velásquez,  Challe y sus pases geniales, el doble salto de Chumpitaz, las paredes de Sotil y Cubillas.  Los piques de Baylón en la derecha y los amagues de Oblitas en la izquierda y sus golazos contra Chile; finalmente los “jales” y “enganchadas” con un dribling endiablado que hacia un jovencito de aquel entonces recién salido a la fama llamado Julio Cesar Uribe. Este era mi mundo, mi espacio tiempo histórico, detenido  y quería quedarme con este recuerdo. El tiempo pasó y el menor de mis hijos creció más que su padre y el mayor llegó a la adultez, ambos me veían en las horas de mi descanso sentado en la computadora y decían que su padre estaba: o con el diario La República o viendo el mundial del 70 gritando los goles de Cubillas. Llegó el 2010 y mis hijos ya estaban en todo el trance del mundial en África, y me decían que España había clasificado, yo, que se algo de futbol  a pesar de estar despegado más de una década, me causó tremenda sorpresa que los ibéricos habían clasificado y además eran favoritos. ¿Cuándo en mi época España fue potencia mundial en futbol?

-          Papá es que tú no ves la liga de España ni la UEFA Champion League.

La verdad que no veía nada de eso, pero escuchaba en el trabajo las broncas entre los hinchas de Barcelona y Atlético Madrid. Cuando me preguntaban mi opinión yo estaba en la calle y  los muchachos sorprendidos me preguntaban ¿Usted no ve los partidos de la liga?  Y yo, nada pues no veía nada de eso, seguía en los setentas, ochentas y muy contento. Entonces el mundial del  2010 me permitió actualizarme y comenzar  a ver futbol nuevamente. Mi  hijo mayor  me decía que dejara de ver los goles de Sotil, que ahora la selección peruana estaba dando que hablar y que estaba Pizarro, el “loco” Vargas y otros jugadores nuevos habían salido a la palestra. Mis últimos recuerdos del futbol lo tenía del último partido que fui con mi hijo al estadio nacional a ver Universitario versus Sport Boys, partido en la que empatamos  dos a dos, como siempre el cuadro rosado era la sombra de la U.  La estrella entonces era Roberto Martínez y también “Cuto Guadalupe”. Había terminado el primer tiempo y salimos a comprar algunas golosinas, mi hijo estaba con la chompa de la U, de pronto en el kiosko mientras esperábamos la atención, otro pequeñín vino por las espaldas nuestras y le metió una  patada a mi hijo y se fue corriendo. El mocoso llevaba una gorra rosada y estaba demás averiguar de qué equipo era. Mi hijo corrió detrás del  niño y yo atrás de él, tratando de que no se me pierda entre tanto gentío. No lo alcanzó y el chibolo se perdió entre la multitud. De la pura bronca de no alcanzarlo mi hijo lloró hasta cansarse; el estadio comenzaba a ser un lugar inseguro para ir en familia.


Comencé a ver los partidos de Europa y conocer a Ronaldo, Ronaldinho, Messi y una pléyade de jugadores latinos que brillaban en el viejo continente, pero para mí nadie aun como Pelé primero ni Maradona. Una novedad fue ver campeonar a España y ganarle nada menos que a Alemania en la final de la copa del 2010, era increíble que el fuerte equipo teutón perdiera ante una novel selección española.  Mientras tanto el Perú se preparaba para las eliminatorias del 2014 copa que se jugaría en Brasil. Las cosas tampoco marchaban bien y luego de casi obligado por mis hijos a ver la eliminatorias, la frustración se apoderaba de mí y terminaba requintando la mala hora en que me puse a ver jugar a mi país. Jugábamos bien y perdíamos como siempre, recordaba la frase inmortalizada por el locutor argentino Oscar Artacho  “Que bonito que está jugando Perú, que va perdiendo dos a cero” y recreada siempre que podía el cómico y gran imitador Néstor Quintero.  

Ya en el 2014 me declaré hincha del Real Madrid  y el portugués Ronaldo y comenzaba a disfrutar de los grandes encuentros contra su rival Barcelona de Messi y el Atlético Madrid del “Cholo” Simeone.  Participaba feliz de estos encuentros porque era una buena razón para estar juntos en familia, que buena parte de nuestro tiempo andábamos separados por los benditos horarios que tenemos cada uno de nosotros. Los fines de semana la copa europea era una buena razón y sigue siéndola para pasarla en familia, incluyendo mi esposa que sabe mejor que yo quienes son las estrellas del futbol actual. De pronto llegó la Copa América 2011, Markarian hizo una buena labor y quedamos terceros. Lastimosamente el coach uruguayo uso los “europeos” para continuar en las eliminatorias, quienes fueron bautizados por la prensa como “Los cuatro fantásticos”. Como era de esperarse otra vez quedamos fuera del mundial para el 2014. Después de tanta frustración llegó la era Gareca y una nueva chibolada comenzó a darnos esperanza, no completa, pero había juventud esperanzadora.  Ya estaba envuelto en el futbol nuevamente, ya había visto la copa europea, y disfrutado con los triunfos del Real Madrid y los espectaculares partidos del clásico futbol español y también de los demás equipos europeos en los finales de UEFA.  Pero, aun veíamos con poca fe a la selección.  Sorprendido veía que,  pese a las derrotas de nuestra selección, la hinchada llenaban los estadios en Lima cada vez que jugaban. José  un peruano que nos encontrábamos casi a diario en el tren para casa, era mi contemporáneo y también un frustrado de la selección. “No me hables compadre, no me digas que ahora crees que nos vamos a clasificar hermano, no sueñes”   y yo le decía – hay gente nueva, chicos que están respondiendo. Comencé a creer en el nuevo seleccionado sin Pizarro ni el “Loco” Vargas, que hicieron poco y estaban siempre dentro del equipo y que  Markarian nunca tuvo el valor de retirarlos.


-          Papá, ya deja de ver los mundiales pasados, ahora hay Guerrero, Farfán, Trauco, Rodríguez, en lugar de tu  Challe, Cubillas, Sotil y Chumpitaz. Vas a ver que si se puede y voy a disfrutar un mundial a mis treinta años, lo que tu tuviste a los quince.

-          Pero hijo, solo mira este video de Cueto, o si no te paso el video a tu fono, ese pata  era una maravilla. Y el moreno que hace los enganches de la bola como si lo tuviera amarrado, es Uribe, el mismo que lo imita JB en su programa, cuando fue entrenador.

Perú  comenzó a ser peligroso, Gareca hacia un excelente trabajo y los goles comenzaron a llegar, goles de pintura como los de Guerrero a Uruguay y Argentina. Pases fenomenales de Trauco y Yotun para Paolo y éste sacándose a sus marcadores para luego clavarle los goles a Muslera y “chiquito” Romero; goles que por formidables deberían valer por dos.  Pero, como dice un poema de García Lorca “pasadas las zarzamoras, los muros y los espinos” llegaría la hora del partido final  en el Estadio Nacional de Lima contra Nueva Zelanda. Ya no cabían críticas a lo pasado, ya no se podía retroceder ni para arreglar el problema de Paolo Guerrero, que fue el balde de agua fría que nos afectó a todos.  El tren de Secaucus Junction to Kingsland en Lyndhurst nos regresaba a casa del trabajo. José, nuestro amigo peruano otrora incrédulo de la selección como yo, no coincidimos en el vagón y él bajo primero. Me vio e hizo una seña que me esperaba arriba, en la salida de la estación.  Él me estaba esperando con los puños cerrados para saludarnos, yo hice lo mismo.

-          Dímelo hermano, dime que ganamos hoy.

-          ¿Ósea que ya crees en esta selección?

-          Puta cholo, mírame, estoy recontra nervioso, te juro que me  gustaría estar metido en mi cuarto y salir solo cuando metamos gol.

-          Ja, ja, no seas maricón, tienes que ver el partido porque hoy ganamos. Aquí no podemos gritar porque van a creer que estos dos tíos están locos, pero suave nomas – arriba Perú carajo.

-          Si, arriba Perú carajo. Nos vemos.


Mi hijo mayor  había comprado las chompas de la selección,  todos estábamos uniformados y habíamos decidido verlo en casa.  El menor trabaja en la noche y había hecho todos los arreglos para estar a la hora del partido. Toda la familia cantó el himno nacional como si estuviéramos en el estadio, los nervios nos consumían, afuera hacia un frio terrible para ser otoño, cuando de pronto sonó el timbre que nos avisaba que llegaba nuestro pedido de pizas y alitas picantes. Nuevamente al partido y saltamos de nuestros asientos en el taponazo de Advíncula que dio en el travesaño, ¡uf!  Minutos después gol de Farfán, golazo. Otra vez la pintura de Trauco, el pase  y la parada de pecho de Cuevita quien se bailó al gigante de Nueva Zelanda, para finalmente dar el pase del desprecio a la “Foquita” y de allí un furibundo taponazo y gol, gol, gol, ¡gooooool¡ en la narración de Peredo en Cable Mágico. En el segundo tiempo gol de la “sombra” Ramos y el pitazo final. Gritamos hasta mas no poder todos emocionados, pero más emocionados mis hijos con el sueño cumplido de ver un mundial.  Mis hijos me decían – al mundial con esta gente joven papá gente nueva  olvídate del  70, esta es una nueva historia.

Si es una nueva historia, es cierto. En lugar de Chumpi está el “mudo” Rodríguez,  en lugar de Chale esta Trauco o Yotún,  y de Oblitas, quizás no con el mismo pie (porque la verdad nadie como el “ciego”) podría ser Carrillo y allí sucesivamente. Pero igual dentro de toda la emoción de habernos clasificado pienso que guardare los mejores recuerdos de los goles de Cubillas, del zurdo Cueto de las gambetas de Uribe y de las atajadas del “Loco” Quiroga. Me olvidare de los viejos narradores deportivos de mi niñez y adolescencia como  Oscar Artacho  y sus típicos saludos “Buenas tardes tengan toditititos ustedes”  A Pocho Rospigliosi y sus comerciales radiales en plena narración - directo desde el campo de futbol - Chocherita Sandoval que pasó que pisó    Pisopak  Pocho.  Y el director de Ovación  seguía con sus diálogos – Adelante Juan Iglesias, dígame ¿cuál es la pila?  Rayovac  es la pila Pocho.  – Y con quien nos jaranearemos hoy – con el último long play de Sono Radio Pocho, que presenta a Lucha Reyes y su último  éxito  musical “Regresa” de Augusto Polo Campos  - .  La clasificación peruana fue una historia de amor entre la selección y los hinchas con un final feliz.  Se escribe una nueva historia y le digo a mis hijos que después de treinta años ellos también le comentaran a mis nietos  de Guerrero,  Farfán y Cuevita, como yo les contaba de mis ídolos. ¡Arriba Perú carajo!


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