El caso Lapadula.

 

Por: Rubén Taype-Colffer

Escribo esto porque escuché por ahien algunos programas de fútbol y también entre la gente y los susodichos hinchas incondicionales, el tema de Gianluca Lapadula. Existe mucho rencor por lo que sucedió 4 años atrás. El resentimiento empezó cuando nos enteramos de que Gareca fue a buscarlo para probarlo en la Copa América 2016 que se realizó en Estados Unidos, y Lapadula tajantemente dijo que no, rompiendo el corazón de todos los peruanos.

Su nombre estuvo de moda por esos días, sin embargo su fama decayó cuando nos rechazo. Hace unos pocos días le hicieron una entrevista en un canal Italiano, y el Italo-Peruano trató de explicar el motivo del rechazo. Dijo que en esos años tenía la cabeza en la competición Italiana, que si hubiese aceptado jugar en la Copa América no hubiese podido jugar el ascenso con el Pescara, que era lo más importante para él en ese momento. Fue sincero al decir la verdad, así como ahora podemos ser sinceros y entender que en este momento (porque el fútbol es de momentos) a Perú le va mejor que a Italia, y el sabe de que por esas tierras no tiene muchas oportunidades de jugar.

Digan lo que digan los “incondicionales” y la prensa peruana, Gareca quiere a Lapadula, y de darse la oportunidad lo va a convocar. Siempre lo ha dicho, “La selección está abierta para todos” y lo ha probado convocando a los mejores. Algunos jugadores salieron a hablar sobre el tema, apoyando a la decisión de Gareca, ya que al final todos son hombres de fútbol y futbolistas que tiene la misma meta, GANAR y ser reconocidos cada dia mas.

Algunos salieron a decir que “Lapadula no nos representa como Peruanos.” Umm, osea en mi humilde opinión creo yo que la selección ni siquiera nos representa como país. La blanquirroja no es el reflejo del Perú; no es difícil mirar como le va a nuestro querido país y como le va a la selección. No debemos mezclar una cosa con la otra, es mas, la selección ni siquiera representa al torneo Peruano, son dos mundos totalmente diferentes. El querer verte reflejado como hincha o periodista por los jugadores es una bonita idea, pero ahi nomas queda, como una idea. Que nunca pisó la Javier Prado, que no le gusta el ceviche, que nunca ha pasado por el Jiron de la Unión, es nacionalismo totalmente barato. Yo les apuesto que a todos aquellos que se llenan la cabeza con estas ideas, pues se van a olvidar de todo cuando lleguen los goles, porque al final eso es lo primordial, meterla al arco contrario, y para llegar a eso se necesita un delantero centro, algo que nos falta desde hace muchos años.

Claro, también están los eruditos del fútbol Peruano, aquellos que dicen que su llegada destruirá al grupo, que va a crear division, diferentes bandos. Yo les quiero decir algo, acaso no nos hemos cansado de decir que la selección es unida, fuerte, que todos son los super amigos felices? Que Gareca es un perfecto gestor de vestuario, que sabe manejar a cada jugador, que los influye positivamente para que se la crean? Dicho todo esto, ¿cuál es el miedo entonces?

El idioma? ¿Acaso Lapadula habla en Chino o en Polaco? Es más, los que vivimos fuera del Perú algún día hemos jugado al fútbol con gente que habla un idioma diferente, ni siquiera parecido, y sabemos que todo es compromiso. Gareca pues aprendera un poquito de Italiano, al igual que Lapadula podra practicar su Español.

Me olvidé, que pensara Guerrero? Que dira Farfan? Bueno queridos amigos hinchas incondicionales, esto quizás duela un poco, pero al club de amigos de la sele, aquellos que salen juntos en las fotitos, solo les interesa una cosa, el GANAR, ser mas famosos y claro, tener mas platita. Los cuentos del amor a la patria y sudar por la camiseta ya quedaron allá atrás por los años 80 y 90. En el fútbol moderno, el fútbol de hoy, eso ya no existe. Quizás sean pocos los que aún piensen así, pero el fútbol está ultra-globalizado. Han cambiado muchas cosas, hay otras prioridades, están los negocios de por medio, la publicidad, el bienestar personal (Carrillo, Benavente) ya que los futbolistas de hoy son más individuales que nunca, mientras se alcancen los objetivos y la sele haga goles, créanme que no habrá ningún tipo de problemas.

No me malinterpreten. No estoy diciendo que Lapadula llegue y le den la 9. Todo toma tiempo. Quizás empiece en la posición de Ruidiaz, como suplente de Paolo. El odiar y la presión que le están demostrando a Lapadula no lo ayuda en nada. Con Ruidiaz hemos tenido tolerancia y una paciencia digna de destacar, porque no con este nuevo delantero?

El fútbol ha cambiado. Miren a las otras selecciones, miren a Francia, campeón del mundo, lean, busquen de donde son sus jugadores. Hasta Argentina quiere nacionalizar al “Messi Mexicano” y aquí estamos nosotros, reprimidos y con el corazón roto, buscando venganza por algo que sucedió hace 4 años. Creo que podemos ser mejores que nuestra actitud barata.

Lapadula no es el Salvador o el Elegido. Es solo una opcion con 125 goles marcados en Italia, un jugador mejor que Ruidiaz y Yordi Reyna juntos. Debemos pasar de ser Hinchas Incondicionales a ser Hinchas Racionales.

Adios Fachi, el viejo driver.

 

Por: Néstor Rubén Taype

Qué te vas a equivocar!  Decía el comercial de la radio salsera que cada tarde sintonizaba Fachi  y que nos trasladaba en el tiempo con esa música del recuerdo. La salsa de pronto contrastaba con las baladas nostálgicas del setenta y ochenta que tenía en otra radio. Ambas eran emisoras peruanas conectadas a su fono con la modernidad de los AP’s.  El viaje se animaba con esa música y el personal tarareaba una y otra canción, mientras nos dirigíamos a una de las tantas empresas que nos había asignado la agencia de empleos. La van era un pequeño mundo integrado por latinos que buscaban en este país realizar el sueño americano del progreso. En realidad  Fachi no era su nombre pero él pedía que así lo llamaran y que así lo conocieran. Era un viejo que ya había pasado los setenta años, amable, respetuoso y bastante serio en su trabajo. Siempre muy puntual al llevarnos y recogernos, se conocía bien las rutas en el intrincado suburbio de Nueva Jersey. Había llegado, según nos contaba, a los Estados Unidos en la década de los noventa, huyendo como todos nosotros de la crisis económica. Poco a poco, en la continuidad de los viajes fuimos haciendo cierta amistad y en cada encuentro el tema era el futbol.  Mientras hablábamos de futbol peruano y comentábamos porque no clasificábamos o porque perdimos tal partido, sonaba de pronto una vieja salsa en la emisora que nos acompañaba y no faltaba alguien opinando

-          Ay Don Fachi, esa salsa me hace recordar a mi finado esposo cuando nos casamos.

Entonces la señora Salvadoreña se despachaba en recuerdos y sin querer nos contaba su pequeña historia de amor. Así era de impredecible el viaje que día a día emprendíamos en la movilidad de Fachi. Aunque era mayor que yo por algunos años, de todas formas buena parte de lo vivido en Lima, coincidíamos.

                ¿Te acuerdas como llenaba el Cholo Sotil el estadio con el Muni, aun en segunda?

Él me dijo que estuvo allí y yo le contaba que vi el debut del Municipal con Universitario de deportes, que aunque perdieron, el Cholo le metió un baile del demonio a un  veterano José Fernández que no le quedaba otra cosa que agarrarlo al “Cholo” cada vez que se enfrentaban . Fachi sabía de las posiciones en el futbol, el 4- 4 -2,  el  4-2-4 y cosas que a mi si me hacían difícil de entender y me parecían iguales todas. Pero Fachi me explicaba las ventajas y desventajas de cada planteamiento y sus características.  Así era la camioneta de Fachi que tomábamos diariamente y que a veces íbamos los mismos y otras aparecían los “nuevos” recién llegados y desaparecían los antiguos por diversas razones.

                ¿Qué fue del tío peruano, ese que había sido tombo?  Preguntó alguien.

Otro respondió –  el viejo se quitó porque se enteró que su bendito yerno le estaba robando a su hija. Le enviaba el dinero para levantar la casita allá en San juan de Lurigancho, pero este pendejo se tiraba la plata. Un vecino lo llamó para contarle que también le pegaba a su hija, el tío voló.

Un día le conté que se proyectaba en Lima un documental sobre la Reforma Agraria, un evento que, aunque niños, habíamos vivido. Le enseñe el video donde aparecía el señor Graña  hablando en inglés para  periodistas  extranjeros de esa época. Me sorprendió cuando me dijo que él había vivido en la hacienda Huando y m relataba los acontecimientos de la reforma en la hacienda. Nunca criticó ni despotricó contra su patrón, de quien más bien hablaba bondades y  le guardaba  buen recuerdo.  Yo había vivido parte de mi niñez en chorrillos cerca de la haciendo Venturo, enorme hacienda. Le contaba entonces que íbamos con un grupo de amigos a sacarnos choclos en las noches y que a veces llenábamos nuestras bolsas y otras salíamos corriendo cuando el capataz de la chacra nos disparaba balines. Hablábamos también de la “rebusca” un término usado para asistir a las chacras a recolectar lo que quedaba de la cosecha de algún tubérculo como la papa o el camote. En esos temas coincidíamos porque habíamos vivido lo mismo.  De esa manera compartíamos nuestras  experiencias, él  en la hacienda Huando en el norte y yo en la hacienda Venturo de  Villa – Chorrillos.

Fachi nos acostumbró a la buena música del recuerdo, salsa y baladas que deleitábamos gustosos cada mañana cada tarde en su movilidad. Un día llegaron los nubarrones y la pesadilla de la pandemia. El miedo se apoderó de todos y comenzamos una nueva rutina que aún se prolonga. El uso de guantes, mascarilla y los desinfectantes. Fachi usaba el suyo como todos nosotros, es más tenia uno enorme por el cual le hacía muchas bromas – pareces piloto de Mirage – le decía. Era la mascarilla que usaba para su balón de aire, antes me había contado que tenía problemas de respiración en las noches. Reíamos de buena gana y me decía que yo consiguiera otro igual para ser su copiloto. Sin embargo un día no apareció más y luego tres días después nos llegó la noticia que había fallecido de un ataque al corazón. Fachi tenía sus males que todos tenemos por la edad. Se fue el viejo y nos dejó  un gran vacío. Sin querer nos había engreído con su música con su trato, con su buen humor nos había acostumbrado a pasarla bien durante los trayectos al trabajo. Sabíamos que al subir a su movilidad, encontraríamos el relax de una buena música, de una buena conversación y la seguridad y serenidad de un excelente chofer. Descansa en paz amigo viejo, seguramente padre querendón y abuelo cariñoso.  Los migrantes te recordaremos  siempre, fuiste oído para las quejas, los logros, nuestros éxitos y fracasos, te llevas buena parte de nuestra historia.               

Hernando de Soto Presidente 2021

 




Por primera vez un liberal a la presidencia del Perú, luego de casi doscientos años de República.
Un cambio esperado después de tantos fracasos de los presidentes anteriores. Terminada la derrota contra sendero, el gobierno de Fujimori y los siguientes gobiernos que llegaron al poder, se ufanaron de alcanzar el 6% del PBI, pero, que esta bonanza jamas llegó a la población. Venida la pandemia del covi-19, se destaparon todas las desgracias. Hernando de Soto podría significar el CAMBIO que no tiene que ser con  "la mitad más uno" sino más bien  EL CAMBIO:  CON EL MINIMO NECESARIO" 
Hoy, Hernando de Soto y su equipo son una minoría, pero lo suficiente para marcar el cambio político en estas elecciones del 2021.



El franchute del avión



                                  El franchute del avión
                                    
                                         Jorge Cuba-Luque

Gracioso, el franchute. Gracioso y suertudo pues aquel domingo, como todos los domingos, yo llevaba el correo a Lima al caer la tarde pero, justo ese día, temprano por la mañana, llegó a la base un télex de Palacio de Gobierno pidiendo el envío urgente de una encomienda que un teniente acababa de dejar en la oficina de despachos. Yo estaba limpiado el biplano que suelo pilotear los fines de semana cuando escuché que Elmer me llamaba por los altoparlantes.
     —Para Lima inmediatamente —me dijo ni bien entré a su oficina, apuntando con el índice una mochila verde, de esas que usan los soldados cuando salen a hacer maniobras.
     —¿Inmediatamente? ¿qué hay dentro, tamales calientitos?
     —¡Vaya adivino! —exclamó—. Pues sí, el presidente tiene unos invitados gringos y quiere invitarles un desayuno peruano, uno auténtico, dentro de dos horas; uno de sus edecanes te espera en Las Palmas.
     —¿En Las Palmas, el aeropuerto de la Fuerza Aérea?
     —El mismo, a menos que conozcas en Lima otro aeropuerto llamado Las Palmas.         
     En quince minutos me encontraba ya vestido con mi overol, mi gorro de cuero y mis enormes anteojos contra el viento frente a los mandos del biplano y tras la autorización del control aéreo avancé por la pista de tierra aplanada cada vez más rápido, rumbo norte, hasta tomar vuelo. Era verano, y a esas horas de la mañana, cuando uno vuela de sur a norte, el cielo es límpido, azul, sin nubes, y es lindo ver al este como el sol va asomando por entre los Andes; si uno mira a la izquierda, al oeste, ve algo así como una gigantesca gelatina gris que va y viene despacito, dejando unas líneas blanquitas de espuma, y que no es otra cosa que el Océano Pacífico. Y si uno mira delante, no ve más que tierra, el desierto, infinito como todo desierto. A ningún piloto de los que conozco le gusta el desierto porque creen que en caso de un accidente o un aterrizaje forzoso uno se encuentra en medio de ninguna parte, solo, y a la gente no le gusta la soledad.
     Pero a mí me encantan los desiertos, me encanta sobrevolarlos y verlos desde mi avión sintiendo que miro algo desmesurado; desde hace tiempo, luego de cada vuelo, dibujo en un bloc lo que he visto desde lo alto, como hacía desde chico cuando dibujaba las historias que acababa de leer en un libro, sobre todo si eran de aventuras o de paisajes exóticos. He visto el Sahara, y por eso me gusta sobrevolar la costa peruana entre Ica y Lima, hacer círculos y piruetas o ir y venir alrededor de las líneas de Nazca que parecen dibujadas solamente para mí. Eso precisamente hacía por la quinta vez aquel domingo por la mañana, con el desayuno presidencial bien instalado bajo mi asiento cuando me alejaba del Colibrí, ladeando mi aeronave antes de tomar altura: de repente, el sol que ya brillaba reflejó intermitente algo allá abajo en la tierra. Como me alejé demasiado rápido, decidí dar media vuelta pues ese brillo me pareció raro; avancé hacia el océano y en tres minutos, espantando una banda de gaviotas, doblé y me aproximé de nuevo a la zona de las líneas. Ahora tenía el sol frente a mí, así que me puse de lado, de sur a norte, descendiendo un poco cuando lo vi, en el instante en el que una vez más aparecía el reflejo intermitente, que no era otra cosa que un SOS. Era un avión similar al mío, y el piloto, de pie a un lado de su aparato, empezó a hacerme señas con los brazos. Giré un par de veces a su alrededor y comprendió que lo había visto; me alejé elevándome un poco para volver y poder estar en condiciones de aterrizar cerca de él. Por suerte las líneas se encontraban a una distancia que evitaba cualquier posible daño.

No es fácil aterrizar en el desierto, y menos en un biplano pues si uno no toma firmemente el timón y no estima bien el momento de tocar de tierra, las ruedas del avión pueden enterrarse. Así me vi yo en una fracción de segundos, y comprendí por qué a los pilotos no les gusta sobrevolar los desiertos; sentí, con un impacto, que las ruedas tocaron tierra pero que no se hundieron sino que el avión siguió avanzando hasta que se detuvo o lo detuve de golpe con una frenada más o menos brusca. Me desvanecí fugazmente, y al recobrar la conciencia, lo vi.
     —¿Se encuentra bien, señor? —me dijo, con acento extranjero, el piloto del avión accidentado, trepado a mi biplano, ofreciéndome una cantimplora.
     Asentí, tomé la cantimplora y di un sorbo. Lo miré como preguntándole qué le había ocurrido a su avión, y me contestó que cuando se acercaba a la zona de Nazca su tablero se puso en rojo y decidió aterrizar de inmediato pero, después, ya no pudo volar pues descubrió una fuga de aceite, y de eso habían pasado ya dos días. Me dijo también que era francés y que se llamaba Antoine. Para tener ya dos días varado en el desierto tenía la pinta de alguien que acaba de tomarse una ducha. Bajé de mi biplano y me acerqué al suyo, y sin pérdida de tiempo me mostró la avería. Por suerte no se trataba de nada complicado, y en una hora, con algunas de mis herramientas, reparamos los desperfectos.
     El sol empezaba a golpear fuerte. Le dije que tenía algo de beber y de comer y nos acercamos a mi avión. Era un tipo alto y corpulento, aunque tenía la cara de un oso bueno. Trepé al biplano y del costal con el desayuno del presidente saqué los tamales, y encontré que había también algunas hogazas, dos termos grandes de café, y hasta dos botellas de pisco. Nos instalamos bajo una de las alas e improvisamos una mesita para tomar desayuno.
     —¿Y qué haces por aquí, Antoine?
     Miró al cielo y sonrió, cogió una de las botellas de pisco y observé la esclava de plata que llevaba en la muñeca derecha; “Saint-Ex”, decía la inscripción grabada en ella.
     —La Aeropostale quiere extender su línea de transportes de Toulouse-Buenos Aires hasta Lima, y estoy haciendo un estudio de la ruta.
     —Ah… ¿“Saint-Ex”? —pregunté mirando su esclava; él la miró con curiosidad.
     —Es la abreviación de mi apellido, Saint-Exupéry. Mis amigos me llaman Saint-Ex. ¿Y tú, qué haces por aquí?
     —Voy a Lima, trabajo para Correos del Perú —dudé en continuar y señalé con el mentón el saco que dejó el militar en la base, ahora vacío—. Tengo que llevarle al presidente del Perú su desayuno…
     Saint-Ex soltó una carcajada.
     —¡El presidente se quedó sin desayuno!
     —Eso parece… —me di de pronto cuenta de que ya habían pasado tres horas desde mi partida. Me pareció raro no haber recibido ningún mensaje de Elmer. 
     —Te van a regañar por mi culpa. Merci beaucoup por tu ayuda.
     —No será nada grave. Y no es tu culpa pues yo mismo salí de mi ruta para ver las líneas de Nazca.
     —¡Son maravillosas!
     —Me gusta dibujarlas. Ya desde niño me gustaba dibujar.
     —¡Ah, en tus ojos se ve que eres un artista!
     Lo dijo sin afectación, sentí que era sincero. Trepé de pronto al avión y un minuto después descendí con un atado en que el tenía muchos de mis dibujos, algunos muy antiguos. Me senté a su lado, desanudé las hojas y se las di. Empezó por un dibujo que hice cuando tenía seis años; lo observó detenidamente.
     —¿Por qué dibujaste un sombrero?
     —¡No es un sombrero, es una boa que acaba de tragarse un elefante!
    —Ah, perdón, perdón —dijo Saint-Ex confundido. En seguida se concentró en mis dibujos, en silencio, como si tratara de encontrarles sentido.
   —Esos son los más recientes… —me atreví a decir viendo que estaba tomando demasiado tiempo.
     —Lo sé, has puesto la fecha al pie de cada dibujo…
     —Me gusta dibujar, el desierto me hace ver cosas que no sé si son reales o maginadas.
     —A mí me ocurre lo mismo. Yo también dibujo, aunque sólo de cuando en cuando, sobre todo acuarelas y escribo.
     —Ah, eres escritor… ¿y sobre qué escribes?
     —Sobre la vida de los pilotos, sobre sus experiencias, sobre lo que me cuentan… Sobre lo que yo interpreto de sus historias.
     —Quizás un día escribirás algo sobre nuestro encuentro…
     Saint-Ex sonrió.
—De este encuentro en sí mismo, quizás no, aunque gracias a ti mi avión puede volar de nuevo… —dijo como midiendo sus palabras—. Tal vez pueda escribir una historia sobre algunas de tus experiencias como piloto. Cuéntame una.
     Por lo general, ese tipo de pedidos me parece intrusivo, pero la manera en la que Saint-Ex me lo pidió me dio la oportunidad de contar algo que nunca me atreví a contar a nadie.
     Era la primera vez que sobrevolaba un desierto, me parecía estar en medio del espacio sideral y me puse a recordar mi infancia, a imaginar cosas, cuando de pronto el motor del avión empezó a dar rugidos intermitentes cada vez más fuertes e incluso a salir un humito; de inmediato aterricé con la suerte de no hundir las ruedas en la arena. Estaba ya cayendo la noche y me encontraba tan cansado que no salí de mi asiento sino que, acaso por la tensión, me acomodé lo mejor que pude y me quedé profundamente dormido. Me despertó la luz solar, ya potente a esa hora de la mañana. Miré a mi alrededor como si hubiera olvidado donde me encontraba, recordé de inmediato la avería del motor y de un salto me puse a reparar el motor. Fue entonces que…
     —¿Entonces qué…? —preguntó Saint-Ex, intrigado.
     Continué con mi relato. Me pareció escuchar una vocecilla insistente que se dirigía a mí; miré hacia el suelo y vi un hombrecillo de melena rubia y rasgos finísimos, vestido con un impecable traje azul y blanco, que me hacía señas con las manos. Todo piloto sabe que pasar muchas horas de vuelo consecutivas, en especial sobre el desierto, suele provocar visiones. Pero no eran visiones: el hombrecillo, o más bien un niño, me volvió a llamar para que bajara. Di un salto y estuve a su lado.
     Saint-Ex me escuchaba ahora sonriendo.
   —Ese niño parece un príncipe… un principito. ¿Qué quería?
     El principito (así empecé a llamarlo) me apabulló con preguntas, sin dejarme el tiempo para responderlas: que cómo me llamaban, de dónde venía y a donde iba, si me gustaban las puestas de sol, ti tenía hijos, y muchas cosas más. Cuando por fin se calló le dije algunas cosas sobre mí, y también yo le hice preguntas: quién era y qué hacía en medio del desierto. Aquel encuentro era en sí mismo tan improbable que no me sorprendió cuando me contó que venía de otro planeta, un planeta diminuto perdió en la fondo del espacio.
     Observé a Saint-Ex. Me miraba y escuchaba embelesado.
     —¿Y él, de qué te hablaba?
     De su vida en el planeta en el que vivía, de la gente que había encontrado: hombres de negocio, vanidosos, reyes, guardagujas, alcohólicos, incluso de flores y animales, como las rosas y los zorros. De todo, percibía cosas que nosotros, los humanos, no vemos.
     —On ne voit bien qu’avec le cœur, l’essentiel est invisible pour les yeux —murmuró Saint-Ex en su idioma, como diciéndoselo a sí mimo.
     —Pues sí —le di la razón a pesar de mi francés incipiente. Añadí un par de cosas más sobre mi extraño encuentro y concluí contando que desapareció de pronto, tal como había llegado.
     —Qué experiencia tan linda has vivido —dijo sonriendo ligeramente, poniéndose de pie, mirando al cielo—. Ya es hora de separarnos.
     —¿Escribirás un libro sobre esta historia?
     —Te prometo que lo haré. 
     Había empezado a caer la tarde, pronto anochecería. Era el momento de despegar.
     —Buen regreso a Buenos Aires —le dije al mismo tiempo que nos abrazamos.
Saint-Ex fue el primero en partir. Lo vi despegar y tomar altura hasta que se fue perdiendo en el cielo poco a poco, rumbo al sur. Luego despegué yo, también rumbo al sur, hasta la base; pensé que Elmer me echaría de la empresa inmediatamente. Pero no fue así: me recibió con una sonrisa de oreja a oreja, y tras una conversación ligeramente confusa, me pidió disculpas por no haberme avisado por la radio que un edecán de Palacio de Gobierno le había comunicado que ni el presidente ni sus amigos tomarían desayuno porque estaban totalmente borrachos, y que nadie iría a esperarme a Las Palmas. Me hice el ofendido y cambié de tema.
     Poco tiempo después me matriculé en la Alianza Francesa y llevé cursos intensivos de francés; unos meses más tarde podía ya leer y hablar francés de manera aceptable. Entonces busqué en la biblioteca de la Alianza Francesa los libros de Saint-Ex, y encontré dos: Courrier Sud y Vol de nuit, que leí de un tirón, emocionado.
     Una mañana la radio anunció que los nazis habían invadido Francia tras cruentas batallas que habían ocasionado muchas bajas entre los franceses, que muchos soldados habían sido hechos prisioneros; pero que también muchos otros habían logrado refugiarse en Inglaterra, para volver luego a liberar su patria. Yo sabía que Saint-Ex estaba vivo, algo me decía que había logrado a llegar a Londres sano y salvo.
     Mi primer viaje transatlántico fue a Francia, dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Me paseaba en París una tarde por Saint-Germain-des-Près cuando junto al escaparate de una librería vi una enorme foto de Saint-Ex: se le veía ante los comandos de un avión militar, vestía uniforme y su cristina ostentaba las barras del grado de capitán. Al pie de la foto se leía: “Antoine de Saint-Expéry. 1900-1944”. Me sentí embargado por la pena y recordé nuestro encuentro en el Perú; de pronto reparé en la pila de libros al lado de la foto, tomé uno y leí el título: Le Petit Prince, encabezando un dibujo de un niño pequeñito y rubio, de pie en asteroide o algo así; le di una rápida ojeada, compre un ejemplar, salí de la librería y deambulé por París llorando de tristeza y de alegría al mismo tiempo.

Jorge Cuba Luque: estudió Derecho en la Universidad de San Marcos, donde se graduó de abogado en 1988. En 2004 en la Universidad de Toulouse sustentó la tesis doctoral La presse de Lima et la littérature urbaine au Pérou. 1948-1955.

Fuente: Tomada de la página: elgatodescalzo.com

¿Existe por parte de los medios hispanos una opinión conservadora en los Estados Unidos?


* Por: Rubén Taype-Colffer
Los canales hispanos en Estados Unidos son una gran influencia en la opinión de los Latinos. Quiero destacar que me refiero a los Latinos que hablan un Inglés limitado, a aquellos que prefieren ver las noticias en Español y no tienen otra opción más que Telemundo, Univision o una de sus sucursales. Los Americanos (y cualquier persona que habla inglés) no tienen este tipo de problema. Tan solo apretando un botón pueden escoger el tipo de información que quieren escuchar, sea ya de CNN o FOX; una visión con dos perspectivas diferentes.
Hay un vacío muy grande en lo que viene a ser la opinión pública conservadora en Español. No hay plataforma alguna que otorgue a los Latinos un punto de vista conservador sobre lo que va pasando dia a dia en este país.
La razón principal es que los medios de comunicación en Espanol son manejados por una agenda liberal que, en vez de informar correctamente, genera el pánico en la comunidad tratando de vendernos la noticia de que estamos bajo la sombra de un gobierno intolerante, incitador de la xenofobia, y cualquier dia los Latinos corremos el riesgo de ser deportados por diferentes motivos.
Los Latinos no debemos dejarnos influenciar por los mensajes y la propaganda de estos canales en Español. Seremos Latinos pero al mismo tiempo cada uno de nosotros tiene su propia manera de pensar. Personalmente (y sé que hay muchos que piensan igual) es muy difícil identificarse con lo que nos quiere vender Telemundo y Univision. Quizás estos canales en Espanol apuntan más a un público Centroamericano porque muchas veces la propaganda que transmiten es tan extrema que en ocasiones resulta ser totalmente anti-Americana. No existe un “pensamiento Latino correcto”, y más en Estados Unidos, un país en el que se respeta el derecho a la opinión pública.
Los Latinos no tenemos que formar parte de la agenda liberal solo por la influencia de medios de comunicación hispanos. Nuestro apoyo es importante. En el año 2000 Al Gore perdió los votos en Florida y eventualmente las elecciones porque no tuvo el apoyo de los hispanos en ese estado. El voto Latino hacia los Republicanos subió del 20% en 1996 al 35% en el año 2000, y 42% en el 2004 con las elecciones presidenciales entre George W. Bush y John Kerry.
Fue en el 2006 en el que los Republicanos perdieron la mayoría en el congreso en parte por no tener el apoyo de los Hispanos, sin embargo la razón principal fue la malinterpretación de una ideología conservadora en el tema de immigracion propuesta por una red de canales claramente dominada por una agenda en contra de estas ideologías.
La población Hispana en los Estados Unidos es de 59.9 millones. Esto nos hace la más grande minoría en el país. Cabe resaltar que los Latinos somos personas con valores ligados a lo que se denominan valores conservadores. Un ejemplo claro es los Latinos son trabajadores. Conozco a muchos que el algún momento de sus vidas me han dicho cosas como: “A mi nadie me ha regalado nada,” o sino: “Yo me lo he ganado todo con el sudor de mi frente.” Y se que no están hablando por hablar. Los Latinos también somos emprendedores, nos ganamos la vida honradamente. Si es que no hay trabajo creamos nuestros propios negocios; desde vender empanadas hasta un propio restaurante; el trabajo siempre es valorado.
También hemos crecido amando a nuestra tierra. No olvidamos nuestras raíces y nuestra cultura inculcada por nuestros padres, aquellos que nos trajeron a este país en busca de una mejor oportunidad. Sin embargo de alguna manera hemos aprendido también a querer a la tierra que nos dió ese segundo chance. Gozamos también de valores familiares, ese gran respeto y el eterno cariño que le tenemos a nuestros padres, abuelos, tios, etc. Sabemos que la familia es lo primero. Y finalmente, creo esta de mas mencionar a todos los santitos a los cuales dedicamos nuestras oraciones ya sea por un agradecimiento en particular o en esos momentos de angustia. La religión también ha jugado un papel importante en algún momento de nuestras vidas.
En 1979, Ronald Reagan curiosamente dijo lo siguiente: “Los Hispanos son Conservadores, solo que no lo saben aun.”
El juego debe ser justo; los Latinos también merecemos una opinión conservadora entre los medios de comunicación hispanos.

* Rubén Taype-Colffer. Estudió periodismo en la Universidad William Paterson (NJ-USA) Actualmente hace una maestría en comunicaciones en la Universidad de Arizona.


China vs USA. ¿Y ahora qué?


Por: Néstor Rubén Taype

“Estados Unidos ordena el cierre del consulado chino en Huston, entre acusaciones de espionaje” esta fue la noticia de la semana. Igualmente el Secretario de Estado Mike Pompeo carga contra china y califica sus acciones como una amenaza. El gobierno del presidente Trump ha sido el único que desde su instalación en la Casa Blanca dirigió sus ataques contra China y posteriormente también los ha culpado sobre la pandemia por tener su origen en ese país asiático.  Lo que resulta incompresible es que en la realidad la situación con Pekín es de dependencia económica. No entendemos como Estados Unidos puede empezar este conflicto sabiendo que todo casi todo lo que usamos en la vida diaria es “made in china”. Comencemos por nuestra vestimenta: pantalones chinos, camisas, ropa interior, chalinas, llaveros, corta uñas, gorras de todos los estilos, lentes, guantes, y los famosos jackets, que como bolsas de plástico de diferentes colores nos adornan inevitablemente todos los inviernos (nos convencieron, sin mayor opción, que el plástico es buenísimo para el frio. ¿Más frio? Mas plástico pues)  Como deshacernos de ellos si los campeonatos del Super Bowl tienen participación en la confección de los uniformes de todos los equipos de baseball.  Como hacer para reemplazar las herramientas en las enormes factorías (warehouse) que tenemos y que desde un tornillo, pasando por los clavos, escaleras, lapiceros, cinta adhesiva (tapes)  y absolutamente todos los utensilios que se usan son chinos. Y qué decir de lugares diversión como Disney World o Universal Studios, donde se va a comprar los souvenirs del recuerdo de la visita, todos es absolutamente “made in china” Sin contar Nueva york (antes de la pandemia) todas las tiendas  cercanas a Times Square también eran abastecidas por los chinos. Y una más para terminar, los forros para los asientos de autos y demás accesorios, es casi exclusividad de ellos.  Entonces la pregunta es ¿Cómo hará el gobierno norteamericano para cortar esta dependencia?
La otra pregunta, algo tardía es ¿Cómo y porque se llegó a esta situación de enganche tan absoluto a un país del primer mundo como es los Estado Unidos de Norteamérica?  ¿Cuándo fue que sin darnos cuenta despareció el tan famoso “Made in America” Creo que ni en Perú se tiene esta situación tan abrumadora. Allá aún se puede comprar zapatos peruanos marca Calimod o excelentes polos de Topi Top. Debemos de reconocer que el gobierno chino se pasó y se paseó con los norteamericanos para llegar hasta donde ha llegado. Mientras el gobierno está disparando en esta guerra comercial contra China, los trucks, que usamos más que decirle camiones, siguen llegando todos los días a los diferentes warehouses, descargando toda la mercadería que nombradas líneas arriba, llegan puntualmente en miles de cajas para su distribución. Dan empleo  a muchísima gente, aun no se han inventado equipos mecanizados que descarguen automáticamente  por lo tanto la mano de obra es todavía fundamental y necesaria. Hoy el crecimiento de China es perturbador para la economía mundial, partiendo que su éxito no se basa en  invasiones militares sino comerciales. Lo audaz de su emprendimiento ha sido comenzar con el más grande: Norteamérica, que no sabemos si con conocimiento de causa o no, llegó a esta situación. Reza un dicho muy popular al respecto que le caería bien a este gobierno  “En casa del herrero, cuchillo de palo” 

El Pescadito.


Por: Néstor Rubén Taype

Lima en los apabullantes noventas era una década en la que el terrorismo estaba llegando a su fin. Vivíamos aún  en la dictadura y atrás quedaban los recuerdos de los apagones y bombas. Pero, pese a estos peligros, la muchachada podía sacarle la vuelta a esta trágica situación y en cada apagón que hubo  esta se podía convertir en la prolongación de una fiesta. El pais estaba cambiando y cierta tranquilidad comenzaba a imperar. En la empresa, nuestro sistema de trabajo también había cambiado, ya no existía el enorme pizarrón, ni las tarjetas de reservas, la verde y amarilla. Estábamos  integrados a un moderno sistema de reservaciones computarizado, de los llamados GDS (Global Distribution System) Que bonito suena en inglés ¿Verdad?
Era una tarde muy soleada de verano y me di cuenta que el personal no había regresado de almorzar. Decidí entonces ir al lugar donde supuestamente se encontraban. Crucé la avenida Wilson, llena de autos y microbuses que hacían un ruido ensordecedor. El restaurante estaba a dos cuadras de nuestro centro de trabajo y paralelo a la avenida. Ya cerca podia escuchar las voces de nuestra gente entre la chacota y risas. Entré.  
 - Pasa tocayo, siéntate hermano, ¡hey una chela para el hombre!
- Tocayo no gracias tocayo, solo he venido para……
- Ya pues hermano no me digas que te quieres llevar a la gente si recién estamos empezando.
Juro que iba con la mejor intención de recoger a los compañeros y compañeras (ya parezco del partido) y regresar a la chamba porque el refrigerio que teníamos era de cuarenta y cinco minutos y la gentita ya estaba algo más de una hora y no regresaba. Mi tocayo insistente me decía que la estaban pasando bien y que dejara que la muchachada terminara su cevichito, pero yo le decía que ya se había pasado la hora del combo. Mi tocayo otra vez me decía que el problema era que hacía mucho calor y lo que yo necesitaba era una chela que él invitaba. En fin, al final terminábamos todos sentados con una fuente de ceviche, una de jalea y algunas chelas prolongando la sobremesa más allá de lo debido.
Algunas veces lográbamos salir antes de marcar tarjeta cuidándonos de no hacer mucho roche con el turrón que llevábamos. Era pues mi tocayo de apellido Bocanegra Poblet, a la sazón, propietario y además excelente, respetuoso y carismático anfitrión de la cevichería  más famosa y original de todas las  que conocimos.
¿Porque? ¡Uf! Hay muchas razones, pero básicamente porque fue el lugar obligado de lo muchachada de Reservaciones en aquella época de los noventas. Cumpleaños, aniversarios, bautizo de algún nuevo empleado, todos los feriados del almanaque y el aniversario del perro, loro o del gato de la vecina, todo era un buen motivo para celebrar, ¿Dónde? En el PESCADITO pues compadre, donde más y está aquícito nomás. Era imposible decir que íbamos a almorzar en el tiempo permitido, porque el asunto era que siempre se terminaba con algunas chapas demás. Fue pues el pescadito el escenario donde las diferencia se zanjaban con unos cuantos tragos que hacía más permeable la reconciliación, para ejemplo, las tantísimas veces que coincidían Reservas y Control a olvidarse de sus rozamientos y desencuentros laborales con unas fuentes de seviche, jalea y parihuela o su riquísimo sudado, acompañado como no, de las infaltables chelas al polo que mi tocayo las colocaba en las mesas sin necesidad de pedírselas. Un año nuevo estuvo casi toda la oficina de Reservaciones en su integridad dentro del Pescadito, mi tocayo cerró la puerta y armamos la fiesta con música y todo. ¿Anécdotas? como cancha, muchísimas.

Pero oigan… ¿Se acordará alguien del Pescadito? A ver que levanten la mano.

PD: Mi tocayo un buen día vendió El Pescadito con el dolor de su alma, me dijo que cambiaría de rubro porque aunque la cebichería iba bien, la parranda era muy seguida. Ingresó al negocio del marketing televisivo y fue uno de los pioneros en este negocio con muchísimo éxito. Pocos lo reconocieron a pesar que salía diariamente en televisión, el terno formal y la corbata lo transformó, no era el flaco y desenfadado muchacho de vestir casual que conocimos. Donde te encuentres querido tocayo recibe un gran abrazo de nuestra generación. Hiciste inolvidable la Cevichería El Pescadito.

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