viernes, 27 de marzo de 2015

Expatriado desdoblamiento, el arte de escribir de Pablo Martínez Burkett


Por: Fernando Morote
Junto a la inteligencia creativa, una de las cualidades que más aprecio en un escritor es su capacidad para reírse de sí mismo, de sus personajes y de las situaciones que expone.

Los temas de ciencia ficción, fantasía y terror nunca han figurado entre mis favoritos. Sin embargo la hábil construcción de imágenes y el educado uso de las palabras que Pablo Martínez Burkett imprime a sus relatos en “Forjador de penumbras” (2011) y “Los ojos de la divinidad” (2013) lograron seducirme.

Su fluida prosa, pródiga en referencias de carácter histórico y geográfico, manejada con delicioso sentido del humor, me ha permitido viajar por una extensa gama de disciplinas que incluyen el ocultismo, el esoterismo y la metafísica. Pero sobre todo me ha transportado a los recodos más oscuros de la mente humana, cuyas peligrosas trampas han sido en numerosas ocasiones escenario de mis propios e íntimos sueños.

El mayor regalo de la literatura es la magia de sentir que la soledad ha terminado. Al abrigo de sus textos, Martínez Burkett me ha provisto de una compañía existencial que ha calmado por un momento la tormenta de mi espíritu.

He podido hacer el amor con febril dulzura y reír a diente partido, confirmar lecciones de vida y descubrir gustos inusitados, procesar mejor mi condición de habitante en un país ajeno. Me he asombrado reviviendo un cuento que escribí hace 2 décadas, presenciando por anticipado el libro que me encuentro escribiendo en la actualidad. La información y el conocimiento que he recibido de estas narraciones me ha llevado, por ejemplo, a fusionar perfectamente el sexo con el cine clásico.

Escritores y mutuos lectores, más de uno son los lazos que me unen a Martínez Burkett. Admiro su vasta cultura, adquirida a través de múltiples desplazamientos en su ejercicio profesional como abogado. Somos además compañeros colaborando en el Periódico Irreverentes de Madrid (donde él publica una sensacional serie por entregas semanales denominada “El retorno de la crisálida”, que destaca por su elegante crudeza). Pero sin duda la afinidad más sensible con este escritor argentino, que dejó a los 25 años su natal Santa Fe, donde creció y estudió, para ir a ganarse la vida en la ciudad de la furia, Buenos Aires, es aquella expresada con espectacular sencillez en “Sin contraseña”: “No hacer lo esperado. No cumplir con todo. Deshonrar la confianza de todos. Descarriarse. Consentirse. Ser otro. Eso, ser otro”.

Sus cuentos, lejos de poner el dedo en la llaga, han significado para mí, inesperadamente, una forma de colocar la venda sobre mis heridas.

La estética en los libros de Martínez Burkett no se limita al contenido; las cuidadosas ediciones de Galmort y Muerde Muertos ofrece una cuota extra de placer a la lectura. Y su blog en la red, bautizado con el título de su cuento homónimo “El eclipse de Gyllene Drakes” (http://eleclipsedegyllenedraken.blogspot.com), concede la oportunidad de extenderlo.
 
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