martes, 6 de enero de 2015

"La Visitadora"


Por: Néstor Rubén Taype
Genoveva duda antes de ir al área donde trabaja José Francisco, ella es una mujer separada que lucha por sacar adelante a su familia compuesta por dos hijos aun pequeños. Labora en una factoría cuyos dueños son chinos en los suburbios de Nueva Jersey. Luego de dos años de haber sido abandonada por su esposo, pudo sobrevivir a la dura rutina de este país. Pensó repetidas veces regresar a su lugar de origen en Centroamérica, pero no deseaba volver fracasada y ser la comidilla de chismes de su familia. Dentro de todo el problema que es vivir con las limitaciones de ser una mujer sola, le había llegado uno adicional. Sentada en su cama, justo antes de elevar la oración que acostumbraba junto a sus dos pequeños, se dio cuenta que se había enamorado nuevamente. En principio se resistía a creerlo, no era posible tamaña empresa  a la que se iba a someter. No era definitivamente una novata en el amor y nadie podía darle consejos a quien sabía lo que es el bien y el mal.
El cuerpo le temblaba y sentía emociones no previstas cada vez que lo veía. Le parecía mentira sentir lo que sentía y a veces le parecía una ridiculez de su parte. – No voy a orar porque me siento pecadora- dijo.  Acostó a sus hijos y se fue a dormir tratando de poner su mente en blanco. Luego de una semana había conseguido que él tome el refrigerio con ella, es decir a la misma hora de los tres horarios que brindaba la empresa. Se daba cuenta del extraordinario trabajo que había hecho, de interesarlo y lograr que la “química” entre ambos se incrementara. Él era casado con dos hijos también. Diariamente ella lo visitaba en su sección  buscando cualquier motivo de trabajo y cuando no lo había, iba igualmente a estar a su lado, pese a que sabía de las habladurías que provocaba. Estoica se mantenía firme en su posición. Toda la factoría sabía que ella pretendía al cubano casado.
Las miradas que se cruzaban eran elocuentes y los motivos por las que continuamente paraban juntos eran injustificables. Una tarde a la hora del refrigerio no estaban en el comedor, luego de la hora de rigor aparecieron nuevamente. Genoveva había conseguido aquello que había buscado desde un principio, satisfacer su deseo de mujer. Buscando un pretexto ambos fueron al auto de él  por  “algo” que realmente no existía, sus miradas habían hablado ya muchísimas veces lo que sus labios no decían.
En la soledad del estacionamiento el auto fue reposo y albergue de sus deseos, un breve chapuzón de amor que ella prodigaba, pero que no sabía si la respuesta de él era  la misma. El temor a ser vistos, el riesgo del lugar, los apuros propios del horario y el espacio disponible, habían hecho del encuentro unos minutos inolvidables,  con la adrenalina a su máximo nivel.  Genoveva era el punto del chisme diario en la factoría con todo tipo de adjetivos a sus espaldas. Sin inmutarse ella continuaba en su rutina diaria de visitarlo a su sección y quedarse por el tiempo que ella consideraba prudencial.
Siempre con una sonrisa en su rostro ella se paseaba por la factoría y era infaltable a la hora del refrigerio que compartía con el cubano. En las noches antes de acostarse elevaba sus oraciones sin los resquemores del principio, el sentimiento de culpa fue desapareciendo. Ella decía que Dios comprendía su situación y que no podía ser impedimento para pedirle, salud y bienestar para su  hogar.

2 comentarios:

Jose Perez dijo...

Nestor se nota que tienes un estilo descriptivo muy detallado. La historia, aunque es muy conocidaentre los migrantes en este "Estado Jardin" no deja de ser interesante. Quizas una suerte de autobiografia, quizas, quien sabe. Lo penoso es que no se sabe si alli acaba o hay unas segunda y tercera partes El tema promete para una novela, quizas corta o larga, el estilo narrativo lo amerita.

Nestor Ruben Taype dijo...

Pues Si Jose, Mi blog es escencialmente para contar historias de immigrantes. Gracias Por tu comentario. No descarto una continuacion.