domingo, 25 de enero de 2015

Entrevista al escritor y poeta Héctor Rosas Padilla



En mis oídos tengo el canto de sus chilipillos y sus cuculíes, así como en el paladar  tengo el sabor de su “charquicán’’ y su dulce de camote. El tiempo y la distancia no han significado nada para que yo deje de amar al Perú como cuando vivía en él. Con el paso de los años mis deseos crecen para conocer los caminos de mi patria que nunca recorrí. Y siempre no veo la hora de volver a Lima para “dar  un par de vueltas por sus jirones como una sombra furtiva en busca de unos choclos sonrientes / de un triste de guitarra o de un emoliente”.

Entrevista de: Néstor Rubén Taype

Héctor, quisiera comenzar hablando sobre tu último libro LA EDUCACIÓN Y LOS HISPANOS EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. Una persona como tu ligada a la poesía, ¿qué te motivó a escribir este libro?
Fueron varias las razones que me motivaron a dejar la poesía por un tiempo para sumergirme en el área de la educación que se imparte en este país, y después de documentarme lo mejor posible comenzar a escribir este libro.  Una de esas razones fue por la noticia que se propaló hace algunos años atrás, en todos los medios de comunicación, acerca que los jóvenes hispanos, entre los muchachos de todas las etnias que hay en E.U., estaban entre quienes más abandonaban la escuela secundaria y los que menos asistían a las universidades. Esta noticia me cayó como una patada en la cabeza. “¿Qué es lo que está sucediendo en los hogares hispanos con respecto a la educación“, me pregunté entonces. ¿Es que a gran parte de nuestros jóvenes no les importa superarse? ¿Dónde están sus progenitores? ¿Pero si una de las razones por la que muchos padres emigran a esta nación es porque aquí existen más opciones para darle una profesión, ya que en nuestros países hay menos posibilidades de lograr esto, debido a factores económicos”.  Otras de las razones que me llevó a escribir este libro fue el ver la falta de interés de un significativo número de padres de familia hispanos por la educación de sus vástagos. “¡Pero si nuestra responsabilidad no sólo es mandarles a la escuela, sino también inmiscuirnos en su educación!”, pensé. Como verás había razones de peso para escribir este libro, para investigar esa falta de interés de nuestros muchachos por educarse. Y si el factor económico tenía mucho que ver para que esto sucediera, ahí estaba Albert Einstein para decirnos: “si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia”. Advierto que en este libro no me ocupo del sistema educativo en sí porque mi propósito es otro, y porque no soy un experto  en cuestiones educativas. Los trabajos que realizo en este país nada tienen que ver con las escuelas y universidades.

En la página 67 de tu libro hay un párrafo que dice lo siguiente: “En mis artículos hablo de la imperiosa necesidad  que los padres contribuyan de alguna forma con la educación de sus hijos. Asimismo que ellos, cuando no tienen en cuenta esta tarea, son responsables también que sus hijos abandonen la escuela o carezcan de aspiraciones. Este es el objetivo de mi libro”. ¿Qué importante o determinante es la participación de los padres en la educación de sus hijos?
Que quede bien claro, en mi libro enfatizo que no es determinante la participación de los padres en la educación de sus hijos para que éstos concluyan sus estudios secundarios  y tengan la mente puesta en la universidad, pero sí es importante porque hay más posibilidades que esto suceda. Antes de echarle toda la culpa a ese gran número de jóvenes que no quieren saber nada ni con la escuela ni con la universidad hay que tener en cuenta una gama de factores: el nivel educativo y cultural de los padres de familia, la desintegración familiar, la necesidad de tener que trabajar, llevar una vida acelerada,  desconocimiento de los planes de estudios, falta de visión del futuro, falta de motivación, el ambiente en la escuela, los maestros ineficaces, etc. “El factor económico tiene bastante que ver, pero en muchos casos, yo también pienso que no es determinante por la sencilla razón que en el vasto espacio donde me muevo observo  que tanto los hijos de padres pobres,  como de los que están bien económicamente, abandonan la escuela”, señalo en mi libro.

 Qué satisfacciones te ha brindado este libro?
Son innumerables las satisfacciones que me ha deparado este libro. Fue publicado por PALIBRIO, una de las editoriales más importantes de E.U. Ejemplares de mi libro se encuentran en la librería del congreso norteamericano. Algunos ensayos que figuran en esta obra son materia de estudio en la Universidad Boyacán de Puerto Rico, así como en el Instituto Pedagógico de Veracruz y en otros centros de estudios. ¿Qué más puedo pedir? Ah, que lo lean los que quieren tener una idea sobre la situación de la educación en este país que dicho sea de paso no es tan buena como se piensa. Sobre todo que lo lean aquellos padres que tienen  tiempo para muchas cosas, pero menos para darse una vueltecita por la escuela de sus hijos o para  conversar con ellos  sobre las grandes ventajas de la educación. No es necesario que compren mi libro, lo pueden leer en el internet.

ANDANZAS, TRAVESÍAS Y NAUFRAGIOS es un poemario que publicaste al limón con el poeta peruano Juan Carlos Lázaro. En muchos de los versos  uno puede vislumbrar tu vivencia en dos mundos donde sale a relucir al mismo tiempo la modernidad de este país y el recuerdo de los pueblos del Perú. ¿Sabias que si no eres el único, eres por lo menos uno de los pocos poetas que ha plasmado esto en sus versos? De varios  poemas tuyos que  podría señalarte, un buen ejemplo es EL INFIERNO EN EL PARAÍSO. Te pregunto: ¿a pesar de todo aún deseas ser una sombra furtiva y dar vueltas por los jirones de Lima en busca de unos choclos sonrientes?

De una u otra forma el Perú está permanentemente en mí. Por donde me llevan mis pasos  siempre algo me hace verlo o sentirlo. En la planta de mis pies llevo sus rúas que recorría descalzo en mi infancia, y jamás podré olvidar los jirones y las avenidas de sus ciudades por donde transité en mi juventud, por supuesto, con zapatos. En mis oídos tengo el canto de sus chilipillos y sus cuculíes, así como en el paladar  tengo el sabor de su “charquicán’’ y su dulce de camote. El tiempo y la distancia no han significado nada para que yo deje de amar al Perú como cuando vivía en él. Con el paso de los años mis deseos crecen para conocer los caminos de mi patria que nunca recorrí. Y siempre no veo la hora de volver a Lima para “dar  un par de vueltas por sus jirones como una sombra furtiva en busca de unos choclos sonrientes / de un triste de guitarra o de un emoliente”.

Sabemos que tu inclinación por las letras, y específicamente tu pasión por la poesía nace allá por los años sesenta cuando cursabas la secundaria en el colegio JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO de Chorrillos. ¿Cómo nace esta vocación, qué o quién te motivó?

Mi relación con la poesía empieza desde antes de los 10 años de edad, y en los primeros momentos esta relación no fue nada feliz. Mi padre me obligaba a que memorizara poemas para que los recitara a sus amigos que llegaban a la casa. Y cuando me fallaba la memoria “a rincón quita calzón”. A pesar de los castigos que recibía por culpa de la poesía, esta me fue gustando debido a que mi madre de buena manera me pedía que se los recitara. Ya en los últimos años de la primaria me convertí en el declamador de la escuela. Y durante la secundaria ya no sólo era el declamador del colegio sino que comencé a escribir mis primeros versos impulsado por la lectura de los primeros libros de poemas que cayeron en mis manos. Un dato curioso, cuando estaba en la universidad un compañero de estudios, quien escribía poesía al estilo de Carlos Oquendo de Amat, me exigía que leyera a Octavio Paz y  Oquendo de Amat, debido a que éstos eran sus poetas favoritos. A veces me invitaba a su casa para hablar  exclusivamente de poesía. ¿Sabes quien fue ese ex compañero de estudios? Nada menos que HUGO AVELLANEDA, quien más tarde sería el ideólogo del MRTA. Te juro que jamás me habló de nada relacionado con el socialismo ni de “salvar al Perú mediante las armas”. Nuestros encuentros en su casa o después de clases en la universidad de San Marcos era para hablar de poesía y solamente de poesía. Me llegué a enterar de su vinculación con el MRTA cuando  yo  empezaba a vivir en este país. Un día tuve en mis manos la revista Caretas, y ¿qué crees que encontré ahí? En una de sus páginas estaba la foto de Avellaneda, y decían de él que lo habían visto en Francia. Volviendo a mi relación con los versos, con el transcurso del tiempo esta relación con la poesía se ha convertido en un matrimonio. Ya no puedo vivir sin la poesía, como pienso que ella tampoco puede vivir sin mí porque me busca a toda hora. Una buena parte de mi producción poética ha sido publicada en revistas y libros, así como en antologías que han visto la luz en España, Estados Unidos y otros países. He obtenido algunos premios. Otra de mi pasión la fotografía. Con la foto “The Weeding is a Headache” obtuve el primer puesto en el concurso mundial de fotografía realizado por The International Library of Photografy de E.U. y la revista norteamericana Fotografía Popular.  En el área del periodismo, mi profesión, gané una de las ediciones del concurso “El mejor Reportaje”, organizado por el diario “El Comercio” de Lima. He entrevistado a Raúl Castro (hermano de Fidel Castro), Emilio Estefan, Julio Iglesias y al ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán, entre otros personajes.

Usualmente los escritores salen del país porque quieren cambiar de ambiente o por otras razones, en tu caso escogiste los Estados Unidos.  ¿La lejanía te inspira?
Un blue bird que vuela sobre mi cabeza. O una girl que me sonríe en un paradero del bus. Así como me inspira lo que tengo sobre o ante mí, también me inspira lo que está fuera del alcance de mis manos y de mi vista. Lo que está más allá de los océanos. Hasta creo que lo que está lejos me inspira mucho más porque son mundos que de alguna forma fueron míos, con sus paraísos e infiernos, y con su gente que sabe de mis andanzas, travesías y naufragios. Con muchos de ellos me alimenté con piedrecitas o celebramos nuestros triunfos bajo la luna. También me siguen inspirando esos mundos porque deseo tenerlos conmigo o quiero rendirles homenajes por haber respirado en ellos el aroma de sus pinares o el aire contaminado de sus urbes. Nada me es malo ahora.


Eres un viejo residente de San Francisco, específicamente de la ciudad de Concord. A pesar de la distancia que hay con el Perú, ¿cómo es tu relación con la literatura de nuestro país y qué libros de autores peruanos son parte de tu lectura?
Sigue siendo muy estrecha mi relación con la literatura peruana, tan estrecha como cuando vivía en el Perú. Estoy al corriente de las producciones literarias de los nuevos escritores que aparecen, así como de los que ya tienen un lugar en la literatura peruana.  Por ejemplo me gusta mucho la novela EL INFORMAL que acaba de publicar mi gran amigo Rolando Sifuentes,  a quien visité hace poco durante mi breve estadía en Lima. Me informo del acontecer literario a través de los blogs culturales o por la boca de algunos prominentes escritores amigos, con quienes a veces sostengo largas charlas por teléfono, como, por ejemplo, con el poeta y periodista Juan Carlos Lázaro. Es sorprendente la cantidad de poemarios y novelas que se publica en el Perú. Pero es una lástima que de gran parte de estos libros poco o nada se sabe porque los grandes periódicos ya no traen páginas culturales. Y sí se ve un escuálido comentario en algún diario  es por la gran amistad del escritor con el comentarista  o porque se le ha tenido que obsequiar a este último un  whisky de etiqueta azul. ¿Qué libros de autores peruanos leo? Mi tiempo para todo es muy apretado, pero me doy mi tiempecito para cada cosa, especialmente para leer y escribir diariamente. De los que publican por primera vez leo las obras que me recomiendan. Y de los ya consagrados, releo EL HABLADOR de Vargas Llosa, LA PALABRA DEL MUDO de Ramón Ribeyro, EL HURACÁN LLEVA TU NOMBRE de Jaime Bayly, HOLA, MICIFUZ de Rolando Sifuentes, y ENTRE LA SOMBRA Y EL FUEGO de JC Lázaro, entre otros libros.

¿Qué proyectos literarios tienes para un futuro cercano?

No tengo ninguno con respecto a la literatura. Soy de los escritores que no programan lo que van a escribir el día siguiente. Escribo con mucha frecuencia, y escribo sobre lo que me conmueve o me emociona o acerca de lo que hace días da vuelta en mi cabeza. A veces estoy días tratando de escribir la primera línea de un poema y, otras veces, en un santiamén traigo a este mundo un poema.

¿Qué mensaje le puedes dar a esa audiencia que te sigue en las  redes sociales, que se identifica con tu poesía y ha leído tus libros?

Que le saquen el máximo provecho al internet ahora que no es tan fácil comprar libros. Ahí podemos encontrar todo el conocimiento humano. ¿Se acuerdan de la biblioteca de Alejandría que estudiamos en el curso de historia universal? Pues el internet es algo así como la nueva Alejandría. Repito, ahí está todo el saber humano. Que el tiempo que algunos pierden “chateando” lo recuperen educándose, leyendo los temas que quisieran conocer.  Aquellos que creen saberlo todo ya verán que cuanto más lean llegarán a la conclusión que no saben nada. “Sólo sé que nada sé”.


  

martes, 6 de enero de 2015

"La Visitadora"


Por: Néstor Rubén Taype
Genoveva duda antes de ir al área donde trabaja José Francisco, ella es una mujer separada que lucha por sacar adelante a su familia compuesta por dos hijos aun pequeños. Labora en una factoría cuyos dueños son chinos en los suburbios de Nueva Jersey. Luego de dos años de haber sido abandonada por su esposo, pudo sobrevivir a la dura rutina de este país. Pensó repetidas veces regresar a su lugar de origen en Centroamérica, pero no deseaba volver fracasada y ser la comidilla de chismes de su familia. Dentro de todo el problema que es vivir con las limitaciones de ser una mujer sola, le había llegado uno adicional. Sentada en su cama, justo antes de elevar la oración que acostumbraba junto a sus dos pequeños, se dio cuenta que se había enamorado nuevamente. En principio se resistía a creerlo, no era posible tamaña empresa  a la que se iba a someter. No era definitivamente una novata en el amor y nadie podía darle consejos a quien sabía lo que es el bien y el mal.
El cuerpo le temblaba y sentía emociones no previstas cada vez que lo veía. Le parecía mentira sentir lo que sentía y a veces le parecía una ridiculez de su parte. – No voy a orar porque me siento pecadora- dijo.  Acostó a sus hijos y se fue a dormir tratando de poner su mente en blanco. Luego de una semana había conseguido que él tome el refrigerio con ella, es decir a la misma hora de los tres horarios que brindaba la empresa. Se daba cuenta del extraordinario trabajo que había hecho, de interesarlo y lograr que la “química” entre ambos se incrementara. Él era casado con dos hijos también. Diariamente ella lo visitaba en su sección  buscando cualquier motivo de trabajo y cuando no lo había, iba igualmente a estar a su lado, pese a que sabía de las habladurías que provocaba. Estoica se mantenía firme en su posición. Toda la factoría sabía que ella pretendía al cubano casado.
Las miradas que se cruzaban eran elocuentes y los motivos por las que continuamente paraban juntos eran injustificables. Una tarde a la hora del refrigerio no estaban en el comedor, luego de la hora de rigor aparecieron nuevamente. Genoveva había conseguido aquello que había buscado desde un principio, satisfacer su deseo de mujer. Buscando un pretexto ambos fueron al auto de él  por  “algo” que realmente no existía, sus miradas habían hablado ya muchísimas veces lo que sus labios no decían.
En la soledad del estacionamiento el auto fue reposo y albergue de sus deseos, un breve chapuzón de amor que ella prodigaba, pero que no sabía si la respuesta de él era  la misma. El temor a ser vistos, el riesgo del lugar, los apuros propios del horario y el espacio disponible, habían hecho del encuentro unos minutos inolvidables,  con la adrenalina a su máximo nivel.  Genoveva era el punto del chisme diario en la factoría con todo tipo de adjetivos a sus espaldas. Sin inmutarse ella continuaba en su rutina diaria de visitarlo a su sección y quedarse por el tiempo que ella consideraba prudencial.
Siempre con una sonrisa en su rostro ella se paseaba por la factoría y era infaltable a la hora del refrigerio que compartía con el cubano. En las noches antes de acostarse elevaba sus oraciones sin los resquemores del principio, el sentimiento de culpa fue desapareciendo. Ella decía que Dios comprendía su situación y que no podía ser impedimento para pedirle, salud y bienestar para su  hogar.