lunes, 6 de octubre de 2014

"LAS BODAS DE REBECA"


Haciendo la presentacion con Enrique y Oscar
Estabamos muchos  de aquellos jovencitos y chicas que la conocimos en la década del setenta, rememorando anécdotas y travesuras que cometíamos los casi adolescentes que conformábamos el personal de reservaciones en nuestra querida aerolínea naranja. Pero el tiempo se había vencido, era la noche del sábado 18 de septiembre y al día siguiente nuestra jefa partiría rumbo a Miami y de allí a Lima.
Rebeca y los asistentes CF
Parecía mentira pero el sueño de traerla se había cumplido; después de cuatro días estábamos despidiéndonos en su habitación del Hotel Hampton inn en Harrison, Nueva Jersey. Estuvimos recordando todas las experiencias que pasamos junto a ella cuando llegamos al viejo Hotel Bolívar un mes de Octubre de 1974, lugar donde quedaba la oficina central de Faucett, ella era la Jefa de Pasajes y nos quedamos allí hasta que asumió la Gerencia Comercial. Fueron más de veinte años los que transcurrieron a su lado hasta la fecha en que nuestra aerolínea cerró sus puertas.  Ahora en el 2005 al verla nuevamente nos dio tremendo gusto que continuara con la misma energía y carácter y lejos de nuestros cálculos estuvo incansable en todas las actividades que realizamos.
En su habitacion con ella, rememorando
las buenas epocas en CF, casi madrugamos.
Las piernas son del flaco Quique. 
Fue una delicia escucharla contar todas  las vivencias que pasó en CF desde su labor como aeromoza y de todas las personalidades que conoció en esa época.  La noche del 17 de Septiembre fecha central de nuestra cena de confraternidad, La familia naranja de Nueva Jersey  brindó un entusiasta  homenaje a la señorita Rebeca Menacho por cumplir nada más y nada menos que cincuenta años al servicio de la Aviación Comercial en el Perú.  Igualmente a nombre del Alcalde de la ciudad de Harrison se hizo presente el concejal Víctor Villalta, quien hizo entrega de un presente por tan brillante trayectoria; APAVIT envió una carta de saludo aunándose gentilmente a éste homenaje. 
Con las chicas en el hall del hotel
Tuvimos una agradable cena y bailamos hasta la media noche, por lo demás agradecemos a nuestra "jefa" como aún la llamamos por aceptar nuestra invitación a pesar de sus  ocupaciones.
Con las chicas en el restaurant
Spanish Pavilion, Harrison  
Setiembre 2005
También por haberse dejado engreír un poco por sus hijos como ella nos llama y que a pesar de la distancia siempre la tenemos presente. Las gracias a nuestra querida amiga de toda la vida: Yolandita Guzmán por aceptar ser la dama de compañía de Rebeca en este inolvidable viaje.

El País de los hombres solos



Por: Néstor Rubén Taype

De pronto dejó su asiento y sin mayores preámbulos  dio rienda suelta a sus mejores pasos de baile, comprimidos seguramente en esa soledad agobiante. Al ondulante ritmo de un tema de moda danzó por unos cuantos segundos,  después  regresó  y tomando el vaso lleno de cerveza, bebió  apurado rebalsando el licor;  al terminar se limpió la boca con sus manos varias veces,  y eructó  sonoramente.


Yo estaba sentado en una de las mesas de la barra de los “Polacos” en alguna ciudad de Nueva Jersey, acompañado  de mi mejor amigo, quien me había dado la mano para ubicarme en este país  – Vamos   a tomar unos tragos – me había dicho, para celebrar mi primer cheque cobrado después de quince días de trabajo.  –Y por si acaso yo invito – me aseguró.  Llegamos y después de acomodarnos, frente a nosotros estaba un señor entrado en años quien amablemente se acercó a saludar a mi amigo, y luego a mí.

-¿Recién llegado verdad?  - Si – le respondí –   tu cara lo dice todo

Regresó a su asiento y mi amigo me dijo que era un colombiano con muchos años aquí, era un tipo solo quien no se había vuelto a casar después que su mujer lo dejó y se fue a vivir con otro. Permanecimos en la barra unas tres horas y lo primero que me llamó la atención era la cantidad de hombres solitarios bebiendo.  Al tipo que bailó catapultado por el entusiasmo de unos tragos lo vería constantemente en la ciudad siempre solitario.
 Mientras me dirigía al baño, un  portugués  me detuvo a medio camino para preguntarme quien era mejor para mí, ¿Pelé o Eusebio?   - Pelé – le respondí – El portugués ebrio poniendo su brazo sobre mi hombro dijo con  un español marcado por su acento – eso es lo que te han hecho creer los fucking periodistas -. Iba a continuar con su speech , pero le dije que estaba apurado por ir al baño.  Dejamos la barra y después despedirme de mi acompañante llegué a mi cuarto alquilado a encontrarme con mi soledad. Esta escena se repetiría por algunos años, luego de cualquier bullicio de estar con los amigos o quizás después de una fiesta, el final era siempre el mismo: a tu cuarto solo, mañana trabajas para enviar plata a Lima. En unos meses lo más notorio que yo veía en este país era el resentimiento y frustración de mucha gente,  no por falta de dinero, que no faltaba, sino por la vida que se llevaba. Los centros de trabajo eran los lugares donde muchos depositaban sus resentimientos a través de los maltratos y abusos especialmente con los “nuevos” recién llegados.  En mi ciudad me conocía a todos los solitarios, gente que estaba aquí por más de diez años. 
Me daba cuenta que no eran locos, pero tenían algo que los diferenciaban de los demás, algún rezago de locura involuntaria guardaban dentro de sí, producto de esa ausencia de compañía, la  que yo estaba probando al llegar a mi cuarto,  y que a veces me desesperaba.  A muchos de ellos los veía siempre refugiados en sus audífonos huyendo de la  realidad, una forma de escapar del mundo que seguramente ya odiaban.  Era 1999 y aun el internet no era un lujo de casa como ahora, íbamos a las bibliotecas para conectarnos y enviar emails a la familia.  Como yo no quería terminar medio loco ni tampoco quería con vivir con mi familia por internet y teléfono;  durante los tres años que permanecí solo en este país, ellos vinieron dos veces al año de visita. 
Me resistía a ser uno más de aquellos que daban mil excusas para justificar porque no traían a sus hijos o esposas ni siquiera por una vez.  Al cuarto año traje a mi familia definitivamente y de allí transcurrieron diez más como si hubiera pasado un verano.  
Los solitarios seguían viviendo y aumentaban con cada separación de parejas. Los matrimonios desechos por conseguir papeles, las esposas que se regresaban a sus países de origen por no resistir el modo de vida que se hacía aquí. Los casos en que uno de ellos simplemente los abandonaba por haber conseguido mejor calidad de vida en otro Estado. La soledad asomaba siempre. 
Por si no lo saben  la soledad en todas sus formas, es uno de los  costos más altos que se tiene que pagar cuando se decide emigrar.  Un buen día regresamos a nuestro país y nos parece lejano haber pasado tan larga temporada en un lugar extraño en la que el dinero se podía conseguir trabajando muy duro, en la que el trabajo prevalece absolutamente sobre todas las cosas, y los billes pueden empapelar tu vida. Puedes inclusive ser exitoso sin haber perdido a tu familia, aunque, a decir verdad, no sea un lujo de las mayorias.