miércoles, 19 de febrero de 2014

SOY OTRA

                                               Imagen prestada de visual recording blog
 
Por: Patricia del Valle   de su poemario  SOY OTRA  Ediciones Sol& Niebla
 
He dejado un edificio
con muchas ventanas
y letreros luminosos
he cambiado de amigos
nombre y dirección
he mudado de piel
hacia otra realidad
soy otra
hasta la última célula
he dejado toda identificación
que pueda estar
en cualquier lugar que me recuerde
el poderoso continente
que perdí
después de la última
sudorosa batalla

Le he dado vuelta a la ruleta
en muy pocos segundos
en la sencilla vida que llevo
calentando mis noches
con las piedras que quedaron
en mi habitación
estoy fuera
créeme
en este nuevo espacio
pecados son solo las pequeñas
curvas que salen de mi cuerpo
silencio es una brasa que la
vida a puesto en mi corazón
soledad, olvido
nuevas profecías
que llegan
en brillantes señales de humo
el miedo desnudo
convertido en mansa turbulencia
y el más cifrado código secreto
eso que crece aquí dentro
eres tu,
inexplorado


Nació en Arequipa, estudió en Piura y Lima. Es arquitecta de profesión. Ha publicado Yacosta yo (Arteidea 2005) y las plaquettes Manantial (Viernes Literarios 2000) y El grupo de los 5 (Viernes Literarios 2004) poemas suyos se difundieron en las revistas Sol & Niebla (ediciones Nr 2 y 3 de 2004 y 2008 respectivamente) y Arteidea 2005, así como en las antologías Mujer y poesía (1997) Un minuto cantado para Sierra Maestra (1999) y Yacana (2003 – 2005)

viernes, 14 de febrero de 2014

La masacre del día de San Valentín

Por: Fernando Morote    www.limagris.com


Mi sentido de lo romántico es algo turbio, lo acepto. Pero, después del ramo de flores y la caja de bombones, no encuentro mejor manera de celebrar el día de los enamorados que viendo este clásico de Roger Corman acerca de uno de los eventos más sangrientos en la historia de los Estados Unidos. Y probablemente del mundo…

El marco de fondo es la ciudad de Chicago durante los años de la prohibición. Al “Caracortada” Capone y George “El Piojo” Moran libran una guerra despiadada por el control del contrabando de licor. Capone dirige el lado sur al mando de su organización integrada por italianos, mayoritariamente sicilianos; Moran, líder de la zona norte, comanda un ejército de irlandeses y alemanes.
En este trabajo de 1967 Corman revela en su estilo la influencia recibida de Kubrick: desarrolla la trama mostrando en forma alternada los planes y movimientos de ambas bandas en su afán por eliminar la mutua competencia, introduce el mismo narrador invisible que el director de “The killing” utilizó en 1956 y recrea con destreza la marcada rivalidad entre inmigrantes del bajo mundo.
La intrigante voz fuera de cámaras informa, según los personajes van entrando en escena, sobre sus antecedentes criminales y registra luego, a medida que el momento de la masacre se acerca, los detalles domésticos de cómo empiezan “el último día de su vida”, creando una atmósfera de suspenso cargada de tensión.Continuos flashbacks ilustran los motivos de ciertas acciones que respaldan el discurso de los protagonistas. La matanza en el garaje de George Moran es una clara reminiscencia, aunque mucho más extensa y explícita, del momento cumbre en “The killing” cuando todos los hampones se matan unos a otros en un tiroteo salvaje.
El exquisito humor negro de Corman –desplegado con anterioridad en “Un cubo de sangre” (1959) y “La pequeña tienda de los horrores” (1960)- expone aquí la desfachatez, sangre fría e impunidad con que los gangsters asesinaban a sus víctimas con una sonrisa en los labios a plena luz del día en una céntrica calle, en un concurrido restaurante o en una inofensiva florería.
La masacre ocurrida el 14 de Febrero de 1929 dejó a 7 miembros de la banda de Moran envueltos en un baño de sangre a manos de sicarios, disfrazados de policías, contratados por los hombres de Capone.La imagen en primer plano del doble cañón humeante en una de las escopetas empleadas para acribillar a sus indefensos rivales, alineados contra la pared, es una perfecta y espeluznante obra de arte.
Y la pelea-con el sonido desconectado-entre Pete Gusenbergy su novia corista rodando por los muebles de su departamento es una magnífica pieza de sensualidad. Claro que las piernas rubias de la deliciosa Jean Hale ayudan mucho a lograrlo y, de hecho, el instante en que George Segal le estampa el sánguche de jamón en la cara remite inmediatamente a la escena de otro clásico, “El enemigo público” de 1931, en que Jimmy Cagney hace lo mismo con un pocillo de frutas en el rostro de la no tan bonita Mae Clarke.
Una incertidumbre que surge de ver “La masacre” una y otra vez es el resultado que se habría conseguido de haberla  filmado en blanco y negro en lugar de a todo color. Lo que sí queda muy claro es la habilidad del equipo de producción para seleccionar a los actores secundarios, cuyas facciones naturales concenden a sus caracteres un semblante cruel y desalmado, ideal para el éxito de la película.
Entre las curiosidades ofrecidas sobresale la brevísima aparición -prácticamente clandestina- de un joven Jack Nicholson, a quien se logra reconocer entre los tiposde Capone mientras alistan las armas dela massacre, cargándolas con pastillas de ajo para envenenar a cualquier posible sobreviviente.
También figura en el reparto, con un papel menor como mecánico de la banda de Moran, Bruce Dern quien hoy, a sus 77 años, está nominado al Oscar como mejor actor en la película “Nebraska’. Dicho sea de paso, el personaje de Dern estuvo reservado inicialmente para el propio Nicholson, quien declinó.
Al Capone, habiendo sido caracterizado desde los años 30’s por Paul Muni y Edward G. Robinson, durante los 50’s por Rod Steiger y en los 70’s por Ben Gazzara, incluso en los 80’s por Robert de Niro, encuentra en esta versión el talento de Jason Robards quien le imprime un toque fabuloso de cinismo y aun de comicidad homicida.
Ralph Meeker, quien tuvo su momento de fama a mitad de los 50’s representando a detectives privados, boxeadores y veteranos de guerra, entre otros héroes,siendo el más relevante aquel valiente soldado en “Senderos de Gloria” de Kubrick en 1957, destaca en esta cinta como un vengativo George Moran.
George Segal, por su parte, ya había aparecido en “Barco de los locos” dirigida por Stanley Kramer en 1965 y trabajado con Elizabeth Taylor y Richard Burton en “¿Quién teme a Virginia Wolf?” en 1966, por lo que en el tiempo de “La masacre”su carrera estaba en pleno ascenso y tomó el papel del pistolero más importante de Moran, Pete Gusenberg.
Dos viejos conocidos de Corman integran además el elenco, aunque esta vez de manera bastante discreta. Dick Miller, el falso escultor de “Un cubo de sangre” es aquí también uno de los falsos policías que asesinan a los secuaces de Moran, y Barboura Morris, la musa “beat” en la misma cinta de 1959, es apenas una extra representando a un ama de casa que al principio de la película escucha la ráfaga de ametralladoras y descubre horrorizada los cuerpos ensangrentados en el garaje.
Otros rostros familiares son los de Kurt Kreuger (idéntico a David Bowie, trabajó en otras producciones al lado de estrellas como Robert Mitchum, Humphrey Bogart y Lucille Ball), Frank Silvera (recordado por ser el papá de Manolito en “El gran Chaparral”), Richard Bakalyan y Harold Stone (ambos identificados con personajes del hampa en otras series de televisión como “Los intocables”).
No niego que puede ser una celebración poco convencional y muy ruidosa por el día de San Valentín, pero sé positivamente que aporta un tipo de placer inesperado. E incomparable.

 Fernando Morote. Piura, Perú-1962. Escritor y periodista. Autor de “Poesía Metal-Mecánica”, “Los quehaceres de un zángano”, “Polvos ilegales, agarres malditos” y “Brindis, bromas y bramidos”. Actualmente vive en Nueva York.

miércoles, 5 de febrero de 2014

La ONU denuncia que El Vaticano sigue encubriendo los casos de pederastia






IRENE HDEZ. VELASCO Corresponsal Roma
 
La Santa Sede debe "inmediatamente" retirar del sacerdocio a todos aquellos curas que han cometido abusos sexuales contra menores o que se sospecha que puedan haberlos cometido y denunciarlos ante las autoridades civiles, porque hasta ahora "ha adoptado políticas y prácticas" que han hecho que continuasen esos abusos contra decenas de miles de niños. Eso es lo que sentencia el durísimo informe que hoy el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño ha dado a conocer respecto a los casos de pederastia que en los últimos años ha sacudido a la Iglesia católica.
El organismo de la Naciones Unidas encargado de velar por la infancia es taxativo: El Vaticano debería entregar toda la información que tiene sobre sacerdotes pederastas a las autoridades civiles, para que de ese modo los responsables de haber abusado sexualmente de menores así como "quienes han encubierto sus crímenes" puedan ser juzgados. "La Comisión está profundamente preocupada por el hecho de que la Santa Sede no haya reconocido la importancia de los crímenes cometidos, no haya adoptado medidas necesarias para gestionar los casos de abusos sexuales contra menores y proteger a los niños y haya adoptado políticas y prácticas que han llevado a la continuación de los abusos y a la impunidad de los culpables", se afirma en el documento, que concluye asegurando que la Santa Sede incumple los derechos fundamentales del menor.
El informe del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño se produce después de que ese organismo haya analizado la documentación presentada por el Vaticano respecto a los casos de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes y de haber oído la intervención que el representante de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, llevó a cabo en enero pasado ante sus miembros. Aunque Tomasi admitió que hay sacerdotes que cometen abusos sexuales, indico que también en otras profesiones hay pederastas y sobre todo aseguró que El Vaticano sólo tiene potestad para perseguir esos delitos en su minúsculo territorio, señalando que compete a las iglesias locales la tarea de denunciar a la Justicia a los curas que abusen de menores y a las autoridades civiles de cada país la responsabilidad de que esos "crímenes atroces" sean "juzgados y castigados como es debido".
Tomasi también indicó que en los últimos años la Santa Sede ha puesto en marcha políticas y procedimientos diseñados especialmente para tratar de eliminar esos abusos y para colaborar con las autoridades estatales en la lucha contra la pederastia. Pero a juicio del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño esas políticas no son suficientes y El Vaticano aún no ha adoptado medidas importantes para evitar que se puedan volver a repetir los casos de pederastia y los sacerdotes culpables no están siendo juzgados. "A través de un código de silencio impuesto a todos los miembros del clero bajo pena de excomunión, los casos de abusos sexuales difícilmente han sido denunciados a las autoridades judiciales en los países donde se han cometido esos delitos", indica el organismo de las Naciones Unidas.

Escalofriantes cálculos

En septiembre de 2009 el propio Silvano Tomasi, en una declaración ante el Consejo de Drechos Humanos de las Naciones Unidas, indicó que según las estadísticas internas del Vaticano entre el 1,5 y el 5% del clero católico estaba involucrado en casos de abusos sexuales a menores. En la actualidad se cuentan unos 440.000 miembros del clero en todo el mundo (Incluidos, curas, presbíteros, diácono, obispos...), por lo que según los cálculos de Tomasi entre 6.000 y 20.000 curas habrían cometido delitos de pederastia.
Sin embargo, Charles J. Scicluna, ex promotor de Justicia de la Congregación de la Doctrina de la Fe y quien durante los últimos diez años se ha ocupado de lidiar con los casos de pederastia cometidos por sacerdotes, consideraba tales cifras exageradas respecto al número de denuncias llegadas al Vaticano. Según Scicluna, entre 2001 y 2010 las denuncias por abusos sexuales a menores presentadas ante la Congregación para la Doctrina de la Fe ascendieron a 3.000, por lo que los clérigos pederastas representarían el 0,67%, del total.
De esas 3.000 denuncias, siempre según Scicluna, sólo un 10% serían casos de "auténtica pedofilia, es decir, atracción sexual por niños impúberes". El 60% correspondería a su entender a la categoría de efebofilia, es decir, "provocados por una atracción sexual por adolescentes del mismo sexo" y el 30% restante correspondería a relaciones heterosexuales.