miércoles, 31 de diciembre de 2014

“BODY MAPS” EL NUEVO VIAJE LITERARIO DE ELGA REATEGUI



“BODY MAPS”: EL NUEVO VIAJE LITERARIO DE ELGA REATEGUI

Elga Reátegui Zumaeta vuelve a sorprendernos gratamente, con una nueva producción, fresca y enriquecedora, que consigue ser un viaje de exploración sin más brújula que la sensibilidad.
Sus poemarios (Ventana opuesta, Entre dos polos, Alas de acero y Etérea,) de los cuales se hizo una selección en el año 2010 bajo el título de “En mi Piel”, así como sus novelas “El Santo Cura” y “De Ternura y Sexo” han sido muy alabadas por la crítica no sólo de su natal Perú (lo que demuestra que sí se puede ser profeta en su tierra) sino también en España, donde radica hace años.
Se acaba de editar “Body Maps”, que es la versión en inglés de la antología “En mi Piel”. La editorial Pandora Lobo Estepario de Chicago encargó la traducción al poeta y catedrático de la University of the North Georgia ( USA),  Álvaro Torres Calderón, y el resultado no ha podido ser más auspicioso. El editor Miguel López Lemus ha señalado que la traducción de Torres Calderón ha capturado la esencia y el alma de la poesía de Elga Reátegui, dejando ver además su propia sensibilidad como poeta.
“Body Maps” es una búsqueda hacia dentro y fuera de nuestros sentidos. Una aventura para autodescubrirnos, en palabras de López Lemus. Torres Calderón enfatiza que “los poemas de “Body Maps” son musicales, frescos y honestos, y que el volumen es  un viaje de satisfacción al reflexionar que refleja diferentes momentos de la vida de una mujer: soledad, lucha, alegría, un ver hacia dentro con un resultado positivo".
La escritora española Amparo Andrés Machí es más entusiasta y gráfica aún: “Elga es poeta,  y escribe poesía con esa pureza y cadencia del lenguaje que aún se conserva en Latinoamérica. Todo en ella es suavidad, pero, no por ello exenta de pasión y fuego que deja una impronta en sus letras. Versos que curan el alma y la envuelven en una atmósfera de calidez y profundidad, lograda por los efectos de refuerzo que producen los epítetos utilizados para componer sus versos, todo ello aderezado con unas breves pinceladas de sensualidad y erotismo entrañable. En la piel de Elga reside el encanto de la poesía sin estridencias, pero que va directamente al fondo del corazón”.
Elga Reátegui suma a su talento como narradora y poeta, la experiencia de ejercer el periodismo. Tras haber pasado por varios medios de comunicación, decidió dedicarse de lleno a la literatura. Radicada en Valencia (España) tiene un blog que lleva su nombre, en el que realiza entrevistas a personajes de los ámbitos cultural y artístico, y un canal YouTube que difunde su programa cultural “Momentos”.
El poemario “Body Maps”, acaba de salir al mercado norteamericano, tendrá éxito y acogida como sus libros en español, reconocidos en diversos foros internacionales, como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). Próximamente, se publicará en Canadá, Australia y Reino Unido.

 Nació en Lima. Reside en Valencia (España). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y se licenció en Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza de la capital peruana.Ejerció su profesión en diversos medios de comunicación e incursionó en el mundo de la literatura con el poemario "Ventana opuesta"(1993), al cual le siguieron "Entre dos polos" (1994), "Alas de acero" (2001), "Etérea" (2004) y "En mi piel" (2005) Asimismo, junto al escritor y decimista Pedro Rivarola (ya fallecido)publicó los epistolarios "Correo de locumba"(2002) y "Violación de correspondencia" (2003), además de la plaqueta "Madera y fuego" , y el CD "Abrazados".



Fuente: http://recorriendoamericanews.com

lunes, 1 de diciembre de 2014

‘La Sed’ (Primer Premio) de Caretas.

Por: Fernando Salinas Velarde

El viejo, que se veía enorme desde el llano, tenía las manos aferradas al machete como un halcón sujetando el cuerpo de una vizcacha, y miraba a los comuneros con ojos que desafiaban a quienes se atrevieran a acercarse al pozo, del mismo modo que desafiaban al paso del tiempo.

–Soy de los Pakiyaurí, de aquellos que habitaron aquí antes que las lagunas se secaran, y he regresado a esta tierra, donde mi familia gobernó a las colinas y a los pumas, para reclamar mis pastos, porque así lo ha dispuesto taita Dios, que bien sabe que todo esto fue de mis abuelos, que se lo dejaron a mis padres y ahora es mi herencia. ¡A cualquiera que suba, lo espero aquí para decirle que no regresará por donde vino! ¡Porque este pozo, como todo lo que hay aquí, me pertenece! ¡Es mi pozo! ¡Es mi agua!
Los comuneros, poseídos por un terror indescriptible, lo observaban apretados unos contra otros, como hormigas indefensas. Las mujeres pedían a sus maridos que rescaten el agua que no veían desde hacía dos días, pues cuando se les acabara el líquido que habían guardado en sus ollas, tinas y vasijas, y si el canto de las mujeres no les traían las nubes, tendrían que dejar sus recuerdos e irse nomás a las faldas de un nevado o morirse allí mismo. Pero nadie se atrevía a subir, al ver al viejo erguido allí, con su sombrero tachonado de hebillas que en esa noche parecían de plata, con un brazo en alto blandiendo el machete: hasta los ninakurus, las luciérnagas que refulgían como joyas en medio de tamaña oscuridad, revoloteaban de lejos, sin querer acercarse a él.
–¿No irás tú, Apolinario? Tú, que tienes el hacha, ¿no podrás cortarle las entrañas?
–¡Ve tú, Santicha, más joven eres y más rápido!
–¿Es que no hay nadie aquí que quiera echar del pozo a este jijuna? ¿Nadie que no conozca el miedo?
Entonces, Basilio, que casi nunca hablaba porque no había nacido en esa aldea, y eso le hacía sentirse menos, tomó la palabra.
–Yo escuché de alguien. Un extranjero de pellejo rosado que a nada le temía.
Intrigados, los comuneros miraron con pupilas dilatadas a Basilio, que seguía chacchando para soportar la sed. Entonces lo acribillaron con preguntas.
–¿Un extranjero? ¿Dónde?
–¿Lejos? ¿En Palca, en Mayocc?
Basilio escupió la coca y observó a los niños de rostro palidecido, que lloraban débilmente, antes de responder.
–¡No! ¡Más lejos! ¡Más allá del Rasuwillka! Gentes que conocí dicen que lo vieron en Chuschi, hablando de cosas que los más sabios nomás conocían, como si las hubiera vivido él mismo. Lo cobijaron como si fuera de los suyos, y estuvo bailando y corriendo a caballo en las fiestas de octubre.
¡Si hasta novillo le dejaron, porque iba diciendo que el miedo no existía para él! Me dijeron que se iba a quedar por mucho tiempo, haciendo labor.
Todos acordaron en traerlo y a Basilio se le encomendó esa tarea. Por dos días enteros no hubo noticias, dos días en los que se terminaron las raciones de agua, pues el canto de las mujeres no trajo las esperadas nubes; pero en la tercera noche las siluetas de Basilio y el extranjero aparecieron en la llanura, congregando a todas esas bocas ansiosas, secas como la tierra árida. Algunos ya se estaban preguntando cuál podría ser el sabor de la sangre.
El extranjero tenía la piel como Basilio había descrito. Vestía de cuero grueso, con un poncho de lana encima que lo hacía menos delgado, sus cabellos estaban descubiertos, sus botas eran finas pero untadas con barro. Se acercó al anciano como si lo conociera, sin sentir el terror que inspiraban su inmenso porte y las arrugas de su rostro amenazante.
–Yo sé por qué estás aquí. Sé que esto perteneció a tus abuelos, a tus padres, pero ya no queda nadie para reclamar la herencia de los Pakiyauri. Tú ya no puedes hacer eso.
–¿Dices que no puedo reclamar lo que es mío?— vociferó el viejo, indignado, con el arma en la mano derecha.
–Te mostraré por qué tu tiempo de reclamar lo tuyo ha pasado ya.
El extranjero, ignorando el frío, se quitó el poncho de lana y el cuero abrigador que llevaba y extendió los brazos; el viejo, de inmediato, blandió el mango formando puño con rabia, haciendo temblar el acero, mientras abajo los sedientos miraban la escena, estáticos, aguzando la vista porque hasta la luz parecía haberse corrido en una noche tan negra que parecían estar todos aprisionados en una gruta.
El primer machetazo sonó en el aire como un revoloteo de águila. Las mujeres más jóvenes, en medio de gritos, se taparon los ojos, escondiendo sus rostros con las llikllas. El segundo machetazo sonó más fuerte aún, más fuerte que los truenos que resonaban en las montañas; el tercero, más fuerte que cualquier otra cosa oída jamás en la naturaleza. Pero cuando el anciano esperaba la caída de su víctima, el extranjero, que había agachado la cabeza, levantó el rostro para mirarlo con sonrisa de triunfo. Abajo, los asombrados aldeanos que lo creían muerto, vieron cómo giraba hacia ellos, mostrando no tener herida alguna, en señal de victoria. Luego, el hombre de pellejo rosado se dirigió al atacante.
–Anciano, has visto cómo el poder de tu machete no ha alcanzado para quitarme la vida. Tú sabes bien por qué ha sido así. Ahora, deja la aldea en paz: tus tierras son ahora de esta gente.
El viejo, derrotado, se hizo a un lado, señal para que la gente se hiciera de nuevo con el pozo. Y mientras el extranjero se iba de regreso a Chuschi, solo y a pie, sin temerle al largo camino, todos los hombres y mujeres corrieron a llenar sus vasijas con el agua ansiada, al tiempo que los niños, viendo al viejo sentado en un tronco de eucalipto, lo rodeaban y jugaban a atravesar, de un lado a otro, tranquilamente, el cuerpo del fantasma. (Por: Fernando Salinas Velarde)

Fuente: www.caretas.com.pe
Ganador del primer puesto por el Cuento de las mil palabras de Caretas
 

lunes, 6 de octubre de 2014

"LAS BODAS DE REBECA"


Haciendo la presentacion con Enrique y Oscar
Estabamos muchos  de aquellos jovencitos y chicas que la conocimos en la década del setenta, rememorando anécdotas y travesuras que cometíamos los casi adolescentes que conformábamos el personal de reservaciones en nuestra querida aerolínea naranja. Pero el tiempo se había vencido, era la noche del sábado 18 de septiembre y al día siguiente nuestra jefa partiría rumbo a Miami y de allí a Lima.
Rebeca y los asistentes CF
Parecía mentira pero el sueño de traerla se había cumplido; después de cuatro días estábamos despidiéndonos en su habitación del Hotel Hampton inn en Harrison, Nueva Jersey. Estuvimos recordando todas las experiencias que pasamos junto a ella cuando llegamos al viejo Hotel Bolívar un mes de Octubre de 1974, lugar donde quedaba la oficina central de Faucett, ella era la Jefa de Pasajes y nos quedamos allí hasta que asumió la Gerencia Comercial. Fueron más de veinte años los que transcurrieron a su lado hasta la fecha en que nuestra aerolínea cerró sus puertas.  Ahora en el 2005 al verla nuevamente nos dio tremendo gusto que continuara con la misma energía y carácter y lejos de nuestros cálculos estuvo incansable en todas las actividades que realizamos.
En su habitacion con ella, rememorando
las buenas epocas en CF, casi madrugamos.
Las piernas son del flaco Quique. 
Fue una delicia escucharla contar todas  las vivencias que pasó en CF desde su labor como aeromoza y de todas las personalidades que conoció en esa época.  La noche del 17 de Septiembre fecha central de nuestra cena de confraternidad, La familia naranja de Nueva Jersey  brindó un entusiasta  homenaje a la señorita Rebeca Menacho por cumplir nada más y nada menos que cincuenta años al servicio de la Aviación Comercial en el Perú.  Igualmente a nombre del Alcalde de la ciudad de Harrison se hizo presente el concejal Víctor Villalta, quien hizo entrega de un presente por tan brillante trayectoria; APAVIT envió una carta de saludo aunándose gentilmente a éste homenaje. 
Con las chicas en el hall del hotel
Tuvimos una agradable cena y bailamos hasta la media noche, por lo demás agradecemos a nuestra "jefa" como aún la llamamos por aceptar nuestra invitación a pesar de sus  ocupaciones.
Con las chicas en el restaurant
Spanish Pavilion, Harrison  
Setiembre 2005
También por haberse dejado engreír un poco por sus hijos como ella nos llama y que a pesar de la distancia siempre la tenemos presente. Las gracias a nuestra querida amiga de toda la vida: Yolandita Guzmán por aceptar ser la dama de compañía de Rebeca en este inolvidable viaje.

El País de los hombres solos



Por: Néstor Rubén Taype

De pronto dejó su asiento y sin mayores preámbulos  dio rienda suelta a sus mejores pasos de baile, comprimidos seguramente en esa soledad agobiante. Al ondulante ritmo de un tema de moda danzó por unos cuantos segundos,  después  regresó  y tomando el vaso lleno de cerveza, bebió  apurado rebalsando el licor;  al terminar se limpió la boca con sus manos varias veces,  y eructó  sonoramente.


Yo estaba sentado en una de las mesas de la barra de los “Polacos” en alguna ciudad de Nueva Jersey, acompañado  de mi mejor amigo, quien me había dado la mano para ubicarme en este país  – Vamos   a tomar unos tragos – me había dicho, para celebrar mi primer cheque cobrado después de quince días de trabajo.  –Y por si acaso yo invito – me aseguró.  Llegamos y después de acomodarnos, frente a nosotros estaba un señor entrado en años quien amablemente se acercó a saludar a mi amigo, y luego a mí.

-¿Recién llegado verdad?  - Si – le respondí –   tu cara lo dice todo

Regresó a su asiento y mi amigo me dijo que era un colombiano con muchos años aquí, era un tipo solo quien no se había vuelto a casar después que su mujer lo dejó y se fue a vivir con otro. Permanecimos en la barra unas tres horas y lo primero que me llamó la atención era la cantidad de hombres solitarios bebiendo.  Al tipo que bailó catapultado por el entusiasmo de unos tragos lo vería constantemente en la ciudad siempre solitario.
 Mientras me dirigía al baño, un  portugués  me detuvo a medio camino para preguntarme quien era mejor para mí, ¿Pelé o Eusebio?   - Pelé – le respondí – El portugués ebrio poniendo su brazo sobre mi hombro dijo con  un español marcado por su acento – eso es lo que te han hecho creer los fucking periodistas -. Iba a continuar con su speech , pero le dije que estaba apurado por ir al baño.  Dejamos la barra y después despedirme de mi acompañante llegué a mi cuarto alquilado a encontrarme con mi soledad. Esta escena se repetiría por algunos años, luego de cualquier bullicio de estar con los amigos o quizás después de una fiesta, el final era siempre el mismo: a tu cuarto solo, mañana trabajas para enviar plata a Lima. En unos meses lo más notorio que yo veía en este país era el resentimiento y frustración de mucha gente,  no por falta de dinero, que no faltaba, sino por la vida que se llevaba. Los centros de trabajo eran los lugares donde muchos depositaban sus resentimientos a través de los maltratos y abusos especialmente con los “nuevos” recién llegados.  En mi ciudad me conocía a todos los solitarios, gente que estaba aquí por más de diez años. 
Me daba cuenta que no eran locos, pero tenían algo que los diferenciaban de los demás, algún rezago de locura involuntaria guardaban dentro de sí, producto de esa ausencia de compañía, la  que yo estaba probando al llegar a mi cuarto,  y que a veces me desesperaba.  A muchos de ellos los veía siempre refugiados en sus audífonos huyendo de la  realidad, una forma de escapar del mundo que seguramente ya odiaban.  Era 1999 y aun el internet no era un lujo de casa como ahora, íbamos a las bibliotecas para conectarnos y enviar emails a la familia.  Como yo no quería terminar medio loco ni tampoco quería con vivir con mi familia por internet y teléfono;  durante los tres años que permanecí solo en este país, ellos vinieron dos veces al año de visita. 
Me resistía a ser uno más de aquellos que daban mil excusas para justificar porque no traían a sus hijos o esposas ni siquiera por una vez.  Al cuarto año traje a mi familia definitivamente y de allí transcurrieron diez más como si hubiera pasado un verano.  
Los solitarios seguían viviendo y aumentaban con cada separación de parejas. Los matrimonios desechos por conseguir papeles, las esposas que se regresaban a sus países de origen por no resistir el modo de vida que se hacía aquí. Los casos en que uno de ellos simplemente los abandonaba por haber conseguido mejor calidad de vida en otro Estado. La soledad asomaba siempre. 
Por si no lo saben  la soledad en todas sus formas, es uno de los  costos más altos que se tiene que pagar cuando se decide emigrar.  Un buen día regresamos a nuestro país y nos parece lejano haber pasado tan larga temporada en un lugar extraño en la que el dinero se podía conseguir trabajando muy duro, en la que el trabajo prevalece absolutamente sobre todas las cosas, y los billes pueden empapelar tu vida. Puedes inclusive ser exitoso sin haber perdido a tu familia, aunque, a decir verdad, no sea un lujo de las mayorias.




lunes, 8 de septiembre de 2014

José Diez comenta sobre tres poemas del poeta Héctor Rosas Padilla



POR: JOSÉ DIEZ SALAZAR
“En  estos tres poemas de Rosas Padilla, publicados en la revista peruana SOL & Niebla, se podría citar como un devenir cronológico de sus inspirados trabajos, evocados desde una ciudad cosmopolita como San Francisco.
             En ellos, encuentro cierta apología imaginaria de sus imprecaciones en el tiempo soterrado de Lima de los años setenta. Un lenguaje imperativo trasluce y se proclama en el poema NOCHES CHORRILLANAS.
           En las relaciones de nuestra adolescencia marcaron sus frutos sentimientos prohibidos o tal vez ajenos a la realidad. Amores que se fueron eclipsando y, cuyos recuerdos acuden a los llamados de nuestra madurez, donde se percibe angustia o inocencia de lo acontecido.

En el poema SODOMA Y GOMORRA, Héctor no deja que sus versos se dispersen como soldados invisibles y ha construido su trinchera, ha confabulado con la nobleza gramatical la euforia de sus sentimientos.
           Comprende en estos casos que el amor en cualquier tiempo no persiste a la devolución de lo pasado. Un amor que pasó no le queda ya las huellas ni los actos que inspiraron a la aprehensión de la carne y los deseos.
            Es un manifiesto bastante lúcido de su trabajo, de su poesía.
           Quería anotar entre otras cosas que no siempre, en todo trabajo poético, se estile el triunfo de la gramática o la buena composición y técnica de la semántica, fruto del conocimiento. Poesía es más que todo emoción de los sentimientos gravitando como un ave el alto vuelo de la imaginación.
            En su poema MUCHACHAS DE SAN FRANCISCO la inspiración es más incisiva, cortante como la hoja de una gillete. La mirada azul-sueño que tanto inspiraron a dimiurgos, compositores y poetas, es la que ha socavado en/los lánguidos momentos de exaltación. Es lo que hoy nos ofrece la musa escandinava de las grandes ciudades con su belleza afrodisiaca y fugaz.
Con el merecido sarcasmo ante esos  ilusorios afectos que producen las divas en el exilio sentimental de sus inspirados poemas, resume la proeza dicotómica de los caracteres al término de sus versos… las muchachas inmi-sericordes de San Francisco pensaban compararlo con un grillo: me pusieron los zapatos encima, (la estocada final)”.

* JOSÉ DIEZ SALAZAR, poeta y dibujante peruano que radica en la ciudad de Amsterdam.


HÉCTOR ROSAS PADILLA, periodista, escritor y fotógrafo. Nació en Cochahuasí, Cañete, en 1951. Estudio periodismo en la Universidad de San Marcos de Lima. Es autor del poemario  CUADERNO DE SAN FRANCISCO (2009), y del libro de ensayos LA EDUCACIÓN Y LOS HISPANOS EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA,  editado  por la famosa editorial PALIBRIO. Ha obtenido importantes premios en las áreas de la poesía y la fotografía. Figura en varias antologías poéticas mundiales. Actualmente radica en California.          

miércoles, 27 de agosto de 2014

Conozcamos un poco más del Instituto Nacional de Investigación INICTEL-UNI

 

Por: Nestor Taype
 
Brindamos en esta oportunidad una entrevista con el Ingeniero Roberto Taype Piñashca,   Jefe de Capacitación INICTEL – UNI  (Lima-Perú)  quien amablemente nos explica los alcances y objetivos de esta institución. Esperamos que esta información sirva a la comunidad peruana que radica en el extranjero para conocer un poco más sobre este tema.
 
¿Qué es  INICTEL-UNI?
Es el Instituto Nacional de Investigación y Capacitación en Telecomunicaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería creado en 1973.
    ¿Cuál es el objetivo principal de esta institución y que servicios brinda?
Realizar investigación científica, tecnológica e innovación; capacitación especializada así como estudios y proyectos en el campo de la telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Brindamos servicios de estudios y asesoría, transferencia tecnológica, capacitación especializada e investigación científica y aplicada en el campo de las telecomunicaciones. 
  Entre las informaciones que brinda la página de INICTEL-UNI nos  llamó poderosamente la atención el trabajo desplegado en los llamados Telecentros Rurales ¿Podría explicarnos qué son y cuáles fueron los objetivos para su creación?
Los Telecentros Rurales son lugares públicos de encuentro y aprendizaje para los ciudadanos de las zonas rurales de Perú y se encuentran ubicados en las municipalidades distritales tienen como objetivo brindar oportunidades para el desarrollo de capacidades facilitándoles el acceso y uso efectivo de las tecnologías de la información y comunicación. En estos espacios la población hace uso de computadoras con acceso a Internet lo cual permite recopilar información, establecer comunicación con otras personas al mismo tiempo que desarrollan habilidades digitales a través de la capacitación y uso de una plataforma rural. Todas estas herramientas brindan la oportunidad  a los ciudadanos de los lugares mas alejados de nuestro país a tener oportunidades de desarrollo social y económico.
 
     Con frecuencia se escucha decir en los noticieros a los especialistas en este sector que el mercado peruano adolece de técnicos para copar los puestos requeridos, tanto en entidades del estado como en la industria privada. ¿Cuál es su opinión al respecto y de qué manera esta bonanza en la economía en este último decenio impactó en el sector tecnológico nacional?
Actualmente hay una demanda de técnicos especializados en telecomunicaciones y tecnologías de la información y comunicación toda vez que en nuestro país se implementará el mega proyecto de Banda Ancha: “Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica” que instalará aproximadamente 13,500 kilómetros de fibra óptica que conectará Lima con 22 capitales de región y 180 capitales de provincia. Asimismo con estas autopistas se requiere especialistas en contenidos que puedan aprovechar estas redes que prácticamente interconectará todo nuestro país, es decir, se requerirá el desarrollo de una industria de software. También está en pleno despliegue la tecnología 4G LTE para comunicaciones móviles de alta velocidad y se viene desarrollando la televisión digital terrestre con el Estándar ISDB-T.
 
Para la comunidad peruana en los Estados Unidos, especialmente para nuestra juventud ¿qué le podría ofrecer el INICTEL-UNI como alternativa de estudios?
INICTEL-UNI puede brindar capacitación a distancia en temas de telecomunicaciones, producción de TV y tecnologías de la información en el siguiente enlace tienen nuestra oferta académica.
http://intranet.inictel-uni.edu.pe:8585/curso_distancia/presentacion2.php
             ¿Quisiera agregar algo más ingeniero?

Gracias a las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y comunicación y con el equipo de profesionales y técnicos de INICTEL-UNI, estamos brindando capacitación internacional en la modalidad presencial con 2 diplomados en Gestión de Seguridad de la Información que se brinda a estudiantes de grado y maestros de universidades de México, también estuvimos en Guayaquil, Ecuador para la transnacional CLARO brindando una capacitación en Redes Satelitales DTH y para la misma empresa el curso semipresencial Gestión Ambiental, INICTEL-UNI tiene presencia internacional y también estamos en el Perú profundo con los cursos de capacitación y también brindamos capacitación a personas con discapacidad auditiva, visual o motora. Muchas gracias por la entrevista.
 
             Saludos desde Lima, Perú
             Roberto Taype Piñashca
             Jefe de Capacitación
             INICTEL-UNI
             6261400 Anexo 7259
               www.inictel-uni.edu.pe
              FacebookCapacita Inictel-UNI
           Twitter: @capacitainictel


 
 

 


 


 
 


domingo, 10 de agosto de 2014

CONVERSACIÓN CON UN BURRO

 
 
Por Héctor Rosas Padillla
 
Ni bien llegué, cámara en mano, al rancho donde se iba a realizar la boda que tenía que fotografiar, me llamó poderosamente la atención un pequeño asno y un chivo que se hallaban cerca al patio donde se desarrollaría la ceremonia y la fiesta. ¿Qué no debería extrañarme la presencia de estos animales porque es común verlos a montones en los ranchos? Pero en este caso sí me impresionó verlos porque  estaban bien acaramelados, como si fueran dos enamorados. El asno tenía su cabeza puesta sobre la cabeza del chivo. Era como si les encantara estar así, pues ni se movían ni hacían nada por separarse. Nunca antes había visto algo igual, ni siquiera en mi infancia que tuvo bastante familiaridad con estas criaturas. “Esta muestra de cariño entre estos animales tiene que ser inmortalizada por mi cámara fotográfica”, pensé.  Me informaron que los novios tardarían en llegar, por lo que, presuroso, me dirigí al lugar donde se hallaban estas dos criaturas de Dios, como diría San Francisco de Asís. Empezaba a fotografiarlos a través de la alambrada que cercaba una parte de su corral, cuando en ese momento vi que el asno se aparta del chivo y se encaminaba directamente hacia mí. Se detuvo ante la alambrada y, para mi asombro, comenzó a hablarme: “¿Por qué estás tomándonos fotos? No creo que sea porque tengamos la pinta de Enrique Iglesias. Ah, ya sé, seguro es porque te ha impresionado el inmenso cariño que nos tenemos mi hermano el chivo y yo. Sí, mi hermano, porque ahí donde lo ves es macho como yo. Pero el cariño que nos tenemos es tan inmensurable que así siempre nos van a ver, como dos enamorados”. “¿Qué? ¿Un asno que habla?”, murmuré sorprendido a la vez que a vuelo de pájaro me fijé en su vientre y comprobé lo que me había dicho acerca de su sexo. “Sí, soy un burro que habla, que ha roto su silencio porque ya no se puede seguir callado ante tanto desamor y enemistad que existe entre los seres humanos”. “¿Qué puede usted saber don burro de lo que sucede más allá de este corral?”, le pregunté. Y me respondió: “En primer lugar, para tu información, no soy nuevo en este rancho, llevo aquí hace ya varios años. Al chivo y a mí nos separaron de nuestros padres cuando éramos “chavales” y nos trajeron a este lugar.  Ahora vamos a tu pregunta: mira, yo sé mucho más de lo que tú crees. Sé lo que sucede en este pueblo y también lo que pasa en el mundo porque cuando el capataz de este rancho viene a alimentarnos al chivo y a mí, no hace otra cosa que hablar, mientras nos ve comer, sobre los sucesos del día con la persona que lo acompaña. Yo paro las orejas nomás, y quedo horrorizado por las cosas que cuenta de las peleas, en nuestra ciudad, de hermano contra hermano, por no comulgar con las mismas ideas políticas. O de las guerras de un país con otro, por un pedazo de tierra. O acerca de la corrupción de las autoridades, sobre todo, las de Latinoamérica. Por lo que dice sobre la corrupción yo creo que las ciudades  latinoamericanas deben heder mucho más que mi hermano el chivo. Ah, también me entero de estas cosas por la televisión”. “Espere don burro ¿Cómo es eso? ¿Usted ve televisión? Pero si por aquí no veo ninguno de estos aparatos. Y no creo que le dejen entrar a la casa del patrón para que vea la televisión. No me imagino a un borrico sentado en un sofá”. “Aunque soy un burro, a mucha honra, te pido que no me llames así. Ya que estamos entrando en confianza trátame de tú y llámame Catalino, que es como me llaman aquí. Mira, en este lugar no verás ningún televisor, pero en la entrada de la casa del dueño de estos terrenos hay uno para que los peones se entretengan después de la jornada de trabajo. Como yo tengo la libertad de caminar por cualquier parte de esta propiedad, por las tardes, después de realizar mis labores, acostumbro echarme muy cerca a esa caja que habla. Por supuesto que no es para ponerme a llorar con algún personaje de alguna estúpida telenovela, sino para ver los telenoticieros o algún documental sobre animales. Me gusta mucho verlos. Así que no pienses que soy un burro desinformado. Burro seré, pero no un burro que desconoce el acontecer mundial, como sucede con los “chavos” de ahora que no saben ni lo que pasa ante sus narices, a pesar que todo el tiempo están con ese bendito aparatito llamado tableta que puede llenarles de tantos conocimientos útiles y positivos. Uno de esos jóvenes, me da pena decirlo, es el hijo del patrón. Tampoco creas que los de mi especie somos unos animales estúpidos porque parecemos tener pelo de tontos por nuestra serenidad, sencillez y paciencia de santo. También porque entre las criaturas de la tierra somos los que más “chambeamos”, digo, trabajamos”. Aquí le interrumpo a don burro, perdón, a Catalino, para decirle: “Sé que ustedes son los que más se rompen el lomo, no necesitas recordármelo. Es por eso que existe la famosa expresión “trabajas como burro”. “Sí, he ahí la razón por la que los humanos cuando alguien trabaja más de la cuenta le dicen “trabajas como burro”. Pero sabes, amigo fotógrafo, yo no estoy de acuerdo con esta expresión porque muchos de ustedes, los humanos, también trabajan tanto como nosotros. Pensándolo bien, creo que no estaría mal decir que los burros “trabajan como humanos”. Porque, a decir verdad, hay miles de individuos en este país que laboran de sol a sol, y otros miles que trabajan hasta más allá de la puesta del sol y los siete días de la semana, por un salario de hambre. Y también, muchos, por un trato humillante, según lo pude ver en mi anterior hogar donde el capataz era un abusivo y explotador. Unos trabajan hasta doble turno por necesidad y otros para aumentar sus cuentas bancarias, según le escucho decir al patrón, quien sostiene que por llevar este modo de vida muchos padres dejan de lado a su familia y no se envuelven en la educación de sus hijos. Y esto lo puedo constatar en este rancho. Hay algunos peones que se quedan en la luna cuando el patrón les pregunta en qué grado de estudios están sus hijos. ¡Qué vergüenza! Ni siquiera saben eso. Nosotros los equinos no trabajamos por necesidad ni por dinero. Lo hacemos por pasto y agua, y por un espacio donde podamos convivir con los nuestros y con los de otras especies. Para eso se ha hecho la tierra, para compartirlo con todos. Y por qué no, también trabajamos por un buen trato, porque como tú debes saber nosotros odiamos los malos tratos. Parecemos ser sumisos, pero no lo somos ni nos agrada que nos humillen como sí parece que a muchos humanos les gusta. Cuando alguien quiere obligarnos, por ejemplo, que caminemos por lugares que nos desagradan, nos plantamos y no damos un paso así nos muelan a palos. He ahí la razón  por la que se nos conoce como tercos. El chivo y yo tenemos la suerte de vivir en este rancho donde se tiene un gran respeto a los animales, y se les quiere mucho, tanto así como nos queremos él y yo”. Al mencionarme al chivo me entró la curiosidad de escuchar de boca de Catalino lo que desde el principio quería saber: ¿Por qué ese gran amor fraternal entre ellos siendo dos criaturas totalmente diferentes? Su respuesta no se dejó de esperar: “Porque hemos crecido en este lugar que ahora es nuestro hogar, y en los hogares, pienso, debe reinar el amor y la paz. Y si en los hogares no hay esto, podrán ser cualquier cosa, menos hogares. Tal vez peque de pacifista e idealista, pero es mi modo de pensar. También para demostrarles a todos los que siempre nos ven bien acaramelados que sí es posible la fraternidad aun en criaturas de distintas especies. Te cuento que al principio nos mirábamos con desconfianza y recelo, debido a nuestra gran diferencia física: Yo con dos orejotas, y él con dos pequeños cuernos y una barbita. Pero con el correr de los días, y tras ganarnos la confianza el uno del otro, comenzamos a encariñarnos. Ahora somos más que amigos, hermanos. Hermanos que felices comparten el mismo corral donde comen y duermen. Hermanos que solamente se separan cuando me sacan de este corral para realizar mis trabajos en este rancho, trabajos a veces bastante divertidos, como el de pasear a algunas de las hijas del patrón. Pero otras veces, bastante duros, como el de cargar leña o el pasto con el que se alimentan los caballos y las vacas que hay aquí”. Para saciar mi curiosidad le pregunto a Catalino qué hace el chivo mientras él suda la gota gorda. “Él, debido a su cuerpo menudo y frágil, está liberado de laborar, o sea, no hace nada, nunca ha hecho nada, solamente vive para comer, dormir y dar vueltas en este corral y, sabes, eso a mí no me molesta ni incomoda en lo más mínimo. Al contrario, me alegra que no lo utilicen para nada porque así siempre le tengo en el corral y cuento con su compañía. Ahí donde lo ves con su cara de malo es muy tierno conmigo. Cuando regreso muy agotado de trabajar él me acaricia con sus cuernos o pone su cabeza sobre mi lomo cuando estoy durmiendo”. “Ya que me hablas de tus tareas en este rancho ¿te gusta realizarlos o quisieras llevar la buena vida del chivo?”, le pregunté a Catalino. No necesitó pensarlo para decirme: “Los hago con gusto. Y así no me agraden tengo que hacerlo porque para eso los burros estamos en la tierra, para servir como bestias de carga y medios de transporte. ¿Conformismo? No creo, cada quien tiene tareas que cumplir, y estas son las nuestras. De esta manera también les damos una razón de ser a nuestra existencia y colaboramos con nuestros amos, especialmente con aquellos que no pueden adquirir máquinas para hacer trabajos mecanizados en sus parcelas”. “Catalino, tú solamente hablas de servir como bestias de carga y medios de transporte. Pero yo he visto que ustedes los équidos tienen capacidad para más”. “No quería decirlo para no parecerte jactancioso, amigo fotógrafo. Esperaba que tú me lo dijeras, tú que has tratado mucho a los de mi especie en tu infancia, según dices. Estás en lo cierto, nosotros no sólo poseemos capacidad para hacer más sino también, por si acaso, para entender mucho más que los caballos. Lo he demostrado muchas veces en este rancho. Además, somos más valientes que los caballos. Ellos son propensos a padecer ataques de miedo. Y cuando se asustan echan a correr y no hay quien los pare. En cambio los burros, como tú habrás visto, de miedosos no tenemos nada, como tampoco de insensibles. Nosotros, al igual que los perros, podemos leer los sentimientos de los humanos, o sea conocer su estado de ánimo. Y esto no lo sostengo yo, lo escuché decir en un programa televisivo, en uno esos que veo por las tardes para culturizarme un poco. También dijeron en ese programa que los equinos somos inteligentes, tanto como los perros, ratas y cerdos”. Ni bien llegó a este punto, le interrumpí a Catalino para decirle: “Estoy de acuerdo con lo que dijeron acerca de la inteligencia de ustedes los asnos, y yo puedo dar fe de ello. Nosotros tuvimos en mi pueblo una burrita que hacía cosas increíbles, como llevarnos por los caminos menos escabrosos y más directos a los lugares donde queríamos ir. Era como si hubiera sabido de nuestra prisa por recoger la leña o el pasto a fin de regresar lo más pronto posible a casa para ponernos a jugar. Una vez que la cargábamos con una de estas dos cosas, no necesitaba que volviéramos con ella. Por más largo y complicado que fuera el camino, solita llegaba a nuestro hogar, y todavía sacándonos ventaja por muchos minutos. Como sabía cuál era su sitio en nuestra propiedad, tomaba el caminito que la llevaba hacia el corral, y entraba en él no sin antes abrir la puerta con su hocico. Enseguida rebuznaba como para hacer saber que estaba ahí y que la liberaran de su carga. Lo que nunca voy a olvidar es cuando en una ocasión se puso terca, mejor dicho se rehusó, conmigo en su lomo, a pasar por un puente de concreto que vio con algunas rajaduras y que horas después fue noticia en todo el pueblo: se había quebrado en muchos pedazos por no tener el cemento necesario. No soy un erudito en burros, pero estoy convencido, Catalino, que esa terquedad de ustedes, por la que son famosos, no es otra cosa que una de las muchas muestras de su inteligencia. ¿Qué hubiera sucedido si mi burrita hubiera pasado por ese puente? Con seguridad, los dos hubiéramos sufrido daños muy graves. Sin embargo, su terquedad nos salvó de esos daños, su terquedad de no hacer lo que yo quería neciamente que hiciera, pasar por ese puente. Tú que eres un asno, Catalino, y  sabes mejor que nadie hasta donde da tu masa cerebral, ¿qué me puedes decir sobre esa acción de mi burrita?”. “Dejo a un lado la humildad que nos caracteriza a los equinos para rebuznarle al mundo, perdón, para gritarle que los burros no somos burros.  Lo que no quiso hacer tu animal -estoy de acuerdo contigo, amigo fotógrafo-, no es más que una de las tantas señales de nuestra inteligencia. Por eso a mí me irrita cuando el capataz de este rancho califica de burros a ciertos políticos que son criticados en la televisión por no hacer bien su trabajo. ¿Por qué llamarles burros? Nosotros tenemos la inteligencia que necesitamos para sobrevivir y servir lo mejor posible al hombre. En cambio, a los humanos Dios les ha dado una inteligencia sin límites. Y si ciertos humanos no la han desarrollado, ¿qué tenemos que ver los équidos con su incapacidad? ¿Qué culpa tenemos que algunos ciudadanos sin preparación dirijan los destinos de una nación?  ¿Que hagan el ridículo cuando desempeñan sus cargos? Creo que llamarles burros a esas personas incapaces es la peor forma de insultar nuestra inteligencia y de ofender a los que damos demasiadas muestras de capacidad y, por qué no, también de sensibilidad”. Ni bien dijo esto último, en un tono un poco amargo, Catalino me manifestó que daba por terminada nuestra conversación porque no quería hacer esperar más a  su hermano el chivo. “Vine solamente para hacerte una pregunta, sin embargo, hemos hablado casi durante una hora”. Y tras agradecerme por haberle escuchado, se dirigió a pasos ligeros y sacudiendo las orejas al lugar donde se encontraba su hermano. Ya otra vez con él, primero rebuznó como de júbilo, y enseguida le volvió a demostrar lo que no puede ser otra cosa que su cariño al estilo de los burros, poniendo delicadamente su cabeza sobre la cabeza del chivo. Y  al ver nuevamente así a este maravilloso animal que nunca le ha hecho daño a nadie y que hace su trabajo lo mejor que puede, no me quedó otra cosa que decir mientras no apartaba los ojos de él y su compañero: “Y hay quienes manifiestan que ustedes los asnos carecen de sensibilidad e inteligencia, contradiciendo lo que sostienen algunos reputados zoólogos. Pero sí su capacidad lo ponen de manifiesto a cada instante, dejándonos a veces con la boca abierta con sus acciones. Y ni qué hablar de su sensibilidad. ¿Acaso este cuadro que estoy contemplando no es un ejemplo de amor fraternal y compañerismo?  No, los burros no son lo que la gente piensa de  ustedes, Catalino. Sus apariencias engañan. Ustedes hacen lo que tienen que hacer, y lo hacen bien, a diferencia de ciertos individuos que no realizan eficientemente su trabajo, como algunos políticos, por ejemplo, y a quienes el capataz de este rancho y muchos de nosotros calificamos de burros.  Sí, Catalino, debe ser humillante para ustedes, que usan a lo máximo su masa cerebral, que se llame burros a esos políticos incapaces, y por ende, que se los ligue  a algo que por el modo de ser de tu especie jamás de los jamases tendría cabida en sus vidas: la política.  Ustedes no mienten para ganar adeptos, no están implicados en narcotráfico, no matan a sus rivales, no tienen una mente perversa y maquiavélica como lo tuvieron Hitler, Stalin, Mao, Pol Poot, Nixon y otros gobernantes. Ustedes  no están en las vergonzosas primeras planas de los diarios como sucede en mi país con los congresistas apodados “roba cable”, “come pollo”,  “roba luz”, “come oro”, “lava pies”, “mata perro” y tantos otros que tienen las manos sucias. Los burros, en cambio, tienen las patas limpias, moralmente, digo. Y si a menudo lucen sucias es por el trabajo. (Fin).
 

lunes, 7 de julio de 2014

"El Perú de los 60, según la CIA"


Por: Nelson Manrique

Se ha venido difundiendo una visión de la historia peruana según la cual la revolución militar de Juan Velasco Alvarado de 1968 fue un fenómeno exótico, inexplicable, que vino a interrumpir el recto camino del Perú hacia el progreso. ¿Es eso cierto?
No lo era para la CIA, que desde comienzos de la década del 60 mostraba una viva preocupación por el potencial revolucionario que, según ellos, portaba la situación peruana. Revisando los materiales desclasificados de la agencia de inteligencia norteamericana llama la atención la precisión de algunos de sus diagnósticos, que contrastan con la miope visión de la mayoría de los políticos peruanos de entonces.
El 1º/5/63 se realizó en Washington una reunión de la comunidad de la inteligencia norteamericana, el estado mayor conjunto y la CIA, para evaluar la situación peruana. La mayor preocupación era que pudiera llegar al poder un gobierno radical en el Perú, como había sucedido en Cuba en 1959. Se discutió según un diagnóstico preparado por la CIA (Case Number: EO-1993-00006. Release Decision: RIFPUB. “Political Prospects in Peru”, 5/1/63).

El diagnóstico de la CIA partía señalando que en el Perú no existía una efectiva unidad nacional, “entendida como un lenguaje y una cultura común”. Según el protocolo de la reunión, el Perú estaba dirigido por una oligarquía, principalmente blanca, que habitaba en Lima y el área costera, que ejercía el poder respaldada por las FFAA y por la Iglesia. Más de la mitad de los 11 millones de habitantes eran indios analfabetos, pauperizados, que hablaban sus propias lenguas y vivían en una economía de subsistencia bajo un sistema de dominio semifeudal, apartados de la sociedad moderna. La mayoría de los mestizos, que constituían aproximadamente la tercera parte de la población, no vivían mucho mejor que los indios, aunque formaban parte de la gran fuerza de trabajo urbana.
La presencia de la cordillera de los Andes hacía muy difícil el transporte y las comunicaciones. El sector moderno de la economía estaba confinado a la costa, donde se concentraba alrededor del 30% de la población, la agricultura comercial, la producción petrolera, manufacturera y el comercio, y se producía más de la mitad del Producto Bruto Interno. La sierra representaba el 27% del total del territorio, pero albergaba al 55% de la población nacional. Proveía de minerales y algunos productos agrícolas, pero más de cinco millones de indígenas vivían en “condiciones primitivas”, al margen de la economía monetaria. La selva estaba completamente aislada del resto del país.
La situación macroeconómica era buena; se creía que la tasa de crecimiento del 4 o 5% anual de las dos décadas anteriores se incrementaría a 5.5%. Era improbable, sin embargo, que el progreso económico fuera compartido. El ingreso per cápita en la sierra era semejante al de la estancada Bolivia y la pobreza en la selva podría compararse con la de Haití. En la costa el ingreso era semejante al promedio de América Latina, pero había grandes disparidades de riqueza y bienestar: “En Lima y otras ciudades el consumo ostentoso coexiste con la pobreza más abyecta”.
Los gobiernos peruanos, concluía el documento, no habían estado dispuestos a hacer los sacrificios necesarios ni a afrontar los riesgos para producir los profundos cambios sociales y económicos que requería el país. La estabilidad política del Perú dependería decisivamente de la habilidad y la decisión del gobierno para responder a las demandas populares de bienestar económico y seguridad. “Esta situación –concluía el cónclave de la inteligencia norteamericana– augura una desintegración de la estructura social y económica peruana. A menos que las fuerzas moderadas logren realizar un cambio ordenado probablemente los liderazgos radicales conseguirán la oportunidad para ensayar sus métodos” (National Intelligence Estimate. NIE 97-63. Washington, May 1, 1963. CIA Files, Job 79-R01012A, ODDI Registry. Secret). Dos años después estallaron las guerrillas del MIR y el ELN y el 68 Velasco Alvarado tomó el poder.

Medio siglo después, ciertas cosas no cambian.


Fuente: www.larepublica.pe

jueves, 22 de mayo de 2014

“Brindis, bromas y bramidos”, lo último de Fernando Morote.

 
Por: Santiago García Tirado   http://periodicoirreverentes.org
 
La madurez en literatura es un momento objetivable, y se puede señalar sin temor a equivocarse: es aquel en que los lectores disfrutan de una manera inesperada y multiorgásmica de sus autores de referencia. Pensaba en esto ahora que leo el nuevo libro de relatos de Fernando Morote, al que sigo como lector desde sus Polvos ilegales, agarres malditos (Bizarro Ediciones, 2011) que tan buenas sensaciones me había transmitido.
En su nueva propuesta narrativa, Brindis, bromas y bramidos (ArtGerüst, 2013; también en ePub) Fernando Morote confirma ese estado de gracia que les describía al principio. Sus nuevos relatos continúan la tónica anterior, con construcciones que funcionan como pequeños artilugios perfectamente trabados de los que el lector, fascinado, no quiere salir, ni cuando acaban; y así le ocurre, un cuento tras otro. De nuevo encontramos esa  narración dúctil, astuta, que es marca de la casa, una forma de narración en la que el lector se encuentra cómodo y se abandona al relato, sin que apenas sea consciente de la medida en que le exige estar en estado de máxima alerta si no quiere perder detalle.
Todo eso, en efecto, vuelve a aflorar en Brindis, bromas y bramidos, consolidado y optimizado por un nuevo aliento narrativo que supone en la práctica un progreso en la obra del autor.
La temática, sobre todo la temática, evidencia esa conquista de un nuevo nivel. Morote, en estos relatos, se mira a sí mismo (punto 1), mira al Perú, su país (punto 2) y mira a su vocación artística (punto 3), lo que de alguna manera podría reducirse en un solo ítem, el momento de la madurez en el que un autor se empeña en la persecución del sentido. Hay aquí grandes relatos que pueden ser otros tantos modelos en cada uno de esos apartados.
Así pues, la mirada sobre sí mismo deviene siempre un ejercicio de bonhomía en el que no puede sino acabar riéndose de sí mismo (el comienzo de la sabiduría, como se suele decir). “Totus tuus”, o “Mariconada de alto vuelo”, pero sobre todo “Funesta Fantasía inFeliz” son ejemplos redondos de esa forma irónica de enfrentarse al espejo para poner en solfa al hombre, al escritor, a las encontradas partes que son el saldo de la madurez. Con la autoestima en un momento medio aceptable, las ilusiones bajo mínimos, las esperanzas cotizando a la baja, Fernando Morote recuerda la autoflagelación humorística de los relatos de otro peruano universal, Bryce Echenique.
 
En otro bloque temático encontramos la visión del Perú (la visión de la patria) que el emigrado necesita encarar con dignidad si es que ha aceptado inquirir su propia identidad. En “Enfermo que come no muere”, en “Flexiones dentro del ómnibus”, incluso en la fabulación nostálgica, con fútbol incluido, de “Sin pena no hay gloria”, Morote recuerda a toda esa pléyade de autores peruanos que, aunque tuvieron que marcharse del país, fracasaron en extirpar del todo esa huella (pienso en Vallejo, pienso en Vargas Llosa, pienso en el caso clínico de Bellatin). Son relatos divertidos, pero menos, relatos ganados por la nostalgia y, más aún, por el desaliento cada vez que el autor se plantea la necesaria regeneración del país. Son un puñado de relatos que logran conmover al lector español; nuestra experiencia en ese aspecto es tan larga al menos como la peruana.
La vocación artística conforma el tercer bloque temático, y ahí encontramos una afirmación clara de la voluntad creadora del autor (“Quiero ser artista”, dirá por teléfono a un número escogido al tuntún). Destaca aquí el relato “Pájaros madrugadores”, en el que el protagonista se encuentra fortuitamente con un antiguo amigo escritor y comienza un repaso a la (triste) historia de la literatura peruana contemporánea. Para rematar, el propio Morote consigna en forma aforística lo que podría considerarse su definición programática en tanto que escritor.
 
Un último bloque, el que acabará siendo epítome de todos los anteriores, es el que coloca a la memoria como tema de fondo. La mirada al pasado, al origen, deja de ser un ejercicio lastimero par convertirse en parte necesaria de la indagación en la propia identidad, incluso la literaria. Así lo vemos en relatos como “Zapatitos de charol” (memoria y de nuevo el humor a partir de la propia imagen), en “Lucas” (sobre el nacimiento de su hija, ya en Nueva York), pero de manera sintomática lo encontramos en “Pichula de oro”, el retrato de una mujer de carácter a la que el autor reconoce como un referente, como un modelo (se trata de un antepasado, y no diré más), el argumento irrefutable de que otra forma de estar en el mundo (triunfal, pletórica) es posible.
Una recriminación al autor para terminar: Fernando Morote se prodiga poco. Otros muy flojos se difunden mucho, pero Fernando Morote peca de discreto, y peca contra sus lectores. Debe ser consciente de ello. Pero hablaremos de eso en otro momento. Hoy hablamos de su nuevo libro y toca celebración y brindis, con todo el añadido que el título propone, y al que le deseamos mucho éxito. La madurez de Morote propicia estados eufóricos en sus lectores, que hoy estamos de enhorabuena. Multiorgásmica, por supuesto.

jueves, 15 de mayo de 2014

La candidata peruana Maritza Dávila, hace historia en Paterson.

   

PUBLICADO: EST                     Paterson – Por primera vez en casi 50 años, la comunidad peruana de esta ciudad logró un anhelado sueño al elegir a una representante suya al Concejo Municipal: Maritza Dávila.
“Lo hicimos”, gritaba Dávila visiblemente emocionada al conocerse los resultados la noche del martes. “Es historia con victoria”, repetía Dávila una y otra vez rodeada de sus seguidores, entre ellos su prima y promotora de campaña, Melvi Dávila, quien luchó incansablemente junto a la nueva concejal por acumulación de Paterson.
“Por mis venas corre sangre peruana”, señalaba Dávila al describir con orgullo sus raíces y señalando que nació en Paterson, de padre peruano y madre puertorriqueña.
Dávila convocó a un gran número de sus connacionales, incluyendo a tradicionales rivales políticos en Paterson, considerada “la ciudad más peruana de los Estados Unidos”.
Dávila -quien desde 1994 trabaja como administradora del Passaic County Community College y es graduada de la Fairleigh Dickinson University - se presentó con mejores posibilidades que anteriores candidatos de su comunidad y dijo que su prioridad ahora será “la seguridad ciudadana para reducir el crimen y tener calles más seguras para nuestros hijos”.
“Ha sido una dura batalla para mí al tener fuertes rivales”, declaró la concejal electa. “Debo decirles a todos los que me apoyaron que no se equivocaron porque trabajaré con honestidad, transparencia y profesionalismo para defender sus derechos en Paterson”.
“Maritza es apasionada acerca de todo lo que se trate de Paterson”, expresó por su parte el asambleísta estatal de Nueva Jersey, Benjie Wimberly, que dio su respaldo a la peruana.
Con Dávila suman cuatro los concejales de ascendencia peruana en Nueva Jersey: Jesús Huaranga y Víctor Villalta en Harrison; y Richard Esquiche en Prospect Park. Asimismo, en Port Chester, Nueva York, los peruanos cuentan con un comisionado elegido en la junta de fideicomisarios: Luis Marino.

domingo, 27 de abril de 2014

Mi Propio Sendero


Por: Néstor Rubén Taype

¡Cobarde! -
Fue la frase que recibió  como una pedrada lanzada sobre su cabeza. Apuró sus pasos y doblando en la esquina se detuvo, su compañero llego tras él y le dijo:
- No te garantizo nada  ya tu sabes cómo es esto, estas a favor o en contra, por última vez te voy        hablar como amigo, largarte y desaparece, si me dan el encargo lo voy hacer sin ninguna duda. 
Observaba por la ventana del avión como se iba alejando de Lima, atrás quedaban  los apagones,  la dinamita,  las reuniones secretas, la autoridad vertical del partido. Contra todo y sobre todo el partido. Sumido en sus pensamientos se vio interrumpido por la azafata de a bordo que le ofrecía un pequeño desayuno que degustó con cierto placer.

Carlos Marx, vaya el gusto de su padre por envolverlo en ese nombre  solo por la admiración que le prodigaba ese personaje y que lo había marcado de por vida. Joven su progenitor  fue  parte de las huestes de Luis de la Puente  en su afán de cambiar la sociedad peruana sumido en un latifundismo en pleno siglo XX.  Impetuoso luchador social y contestatario se enroló sin duda ni murmuraciones a las guerrillas del  65, un sueño romántico que duró muy poco. Muerto el líder, fue capturado y guardaría prisión por algun tiempo. Su imagen fue portada de diarios luego de su captura cuando en pleno interrogatorio y esposado, se levantó  intempestivamente de la silla  para propinarle un furibundo  cabezazo al oficial que lo interrogaba. Consiguió la libertad gracias al indulto dado por el primer gobierno de Belaunde. Sus sueños de revolucionario habían terminado y pretendió  sembrar la semilla de la insurrección en su hijo. Carlos era el tercero de tres hermanos, pero el único que siguió con la línea política del patriarca. Los demás en el momento apropiado hicieron el deslinde y se mantuvieron al margen. Ingresó a San Marcos al programa de Derecho - para que defiendas a los compañeros - le había dicho su padre. Amante de la lectura pasaron por sus manos toda la literatura roja que pudo conseguir, desde Marx, Engels hasta el Libro Rojo de Mao.
En su paso por la universidad terminó graduándose en periodismo a pesar de los cuestionamientos de su padre. El pensamiento Gonzalo  en la universidad lo entusiasmó y deseaba ciertamente llevar a cabo todos los encargos y misiones que le encomendaban, siempre supo mantenerse al margen del lado militar. Participaba como activista distribuyendo propaganda y dando clases sobre la ideología del partido comunista. Sin embargo el entorno, sus camaradas lo calificaban de "blando" tenían sospechas que no era el tipo que las difíciles circunstancias exigía. Su compañero era un joven abogado ya graduado con quien trabó buena amistad dentro del  grupo y quien ya le había advertido de los comentarios que sobre él hacían los miembros de la célula.

Llegó al aeropuerto de Newark con la esperanza de iniciar una nueva vida, pero al mismo tiempo no podía desterrar cierto malestar consigo mismo por lo que no pudo hacer en Lima. Aconsejado por sus familiares contrajo matrimonio prontamente y regularizó su situación legal como un residente más. Culminaba el gobierno belaundista casi arrinconado por los petardos senderistas a quien en un principio el presidente había calificado de 'abigeos'. Carlos en el fondo de su alma ansiaba que esta lucha terminara pronto y fuera eliminada por el gobierno como ocurrió con las guerrillas del 65, sin embargo mientras pasaba el tiempo veía con cierta desesperación el relativo éxito. Su vida continuaba adecuándose a su nueva residencia, pero al mismo tiempo siempre asomaba un tormentoso recuerdo, ese fatídico día en que fue llamado por uno de los mandos militares para encargarle la temible tarea de conseguir un arma por sus propios medios.

En su placentera y cómoda residencia lejos de la hecatombe de Lima, en aquel barrio americano que parecían casitas de juguetes rodeados de un verdor increíble, las noches le resultaban insostenibles  acosado por una terrible pesadilla; se veía acompañado de una pareja e iban a paso seguro sobre su objetivo: un policía. Uno de ellos extraía un arma de su mochila y se la daba - acércate y haz tal como hemos practicado - le decía. Él con el revolver en  mano se iba contra el guardia quien sorprendido retrocedía cayendo de espaldas - dispara - le gritaron - ¡dispara carajo! - frente  a él estaba el guardia caído que lo miraba sorprendido.  Carlos no disparaba, entonces sintió un jalón y los tres echaron a correr hasta el auto que los esperaba. De pronto despertaba sudoroso, agitado mientras repetía - la misma mierda de siempre - Una mañana recibió la llamada de su hermana dándole la novedad de la detención increíble y sorpresiva del camarada Gonzalo.
- Tu jefecito pues- le dijo - ya le habían encontrado un videito chupando cómo bueno en una residencia bien bacán, mientras su gente lucha en las punas  hermanito, seguramente muertos de frio - le seguía contando - de la que te libraste, ya estarías bien preso por creer en el loco ese.

Carlos vio repetidamente el video de la captura y se admiraba del trabajo de filigrana que hizo la policía. Posteriormente vio con sorpresa a su excompañero como abogado defensor del líder senderista.  Pretendió esa misma mañana escribir algo sobre la captura para el diario que escribía en Nueva York, al final lo desestimó, no podía evitar sentir un tufillo de traición, como escribir algo sobre un tema en la que el formó parte, entonces apretó prestamente la tecla delete y se quedó presionándola, hubiera querido borrar todo su pasado de una buena vez.  Con la llegada del siglo veintiuno también llegó la crisis al gobierno  de turno  que pretendía un tercer mandato. La democracia se instauró nuevamente en el país. Carlos en los años siguientes fue un crítico furibundo de los posteriores gobiernos y a los que no les reconocía absolutamente nada. Igual suerte corría con sus críticas al gobierno americano. No sabía qué hacía en un país que no guardaba su misma política y lejos de llevar a cabo sus ideales de joven, motivado por su padre, había echado raíces en la tierra misma del imperialismo, una ironía que la vida se la guardó.
Sus noches eran constantemente acosados por la misma pesadilla, siempre apuntando al guardia caído que no mostraba miedo, el asustado era  él, despertaba sudoroso,  el fantasma de sendero no  desaparecía.  Luego de más de dos décadas desde que comenzó la lucha armada, Carlos solía indagar en internet sobre los líderes de sendero  y veía sorprendido que aun después de años de encierro no habían transigido a sus ideales.  Se imaginó que el fracaso de sendero lo alegraría como tantas veces lo había imaginado, sin embargo nada cambiaba, sentía más bien una frustración personal, la depresión lo consumía. Una noche después de beberse algunas cervezas se recostó en su cama quedándose profundamente dormido.

La pesadilla arremetió  contra él nuevamente en el mismo lugar secundado por dos compañeros que se acercaban sin mayor disimulo hacia el guardia en una de las calles populosas de Lima. Uno de ellos sacaba el revolver y se lo entregaba diciéndole - ahora, tal como ensayamos, ve y hazlo - Carlos muy nervioso daba algunos pasos en dirección al policía que al retroceder caía sobre el piso. Este lo miraba sorprendido  !dispara! - escucharon sus oídos   ! dispara carajo!  Carlos vio la imagen de su padre quien subliminalmente lo presionó al uso de la violencia como respuesta a las desigualdades sociales de su país. Ejerció una presión contra la que él no pudo luchar ni rebelarse, quizás nunca quiso ser un revolucionario, quizás nunca podría empuñar un arma como lo hizo su padre. Voy a disparar -  se dijo - y no voy a dudar, esta vez no, aunque sé que todo esto no es más que  un maldito sueño.  Pegó el arma contra la sien y sin más preámbulos  disparó, el tiro rompió el silencio nocturno en la apacible villa donde residía, los vecinos alertaron a la policía quienes encontraron  el cadáver de Carlos sobre su cama ensangrentado por un disparo en la cabeza,  pese a una ardua búsqueda no pudieron hallar el arma.