domingo, 24 de noviembre de 2013

!..Corre Nelson corre!


Por: Néstor Rubén Taype
Quien no ha visto en las mañanas a mucha gente correr sin importar muchas veces la lluvia, la nieve o el calor, estos personajes apasionados cumplen religiosamente su rutina. Hay algunos que hasta podemos identificarlos y reconocerlos por que los vemos continuamente y a veces extrañados nos preguntamos ¿qué pasó con la señora que esta mañana no la vimos, si esta es su hora acostumbrada?
Este deporte no es excluyente y no necesariamente el que corre es una persona atlética y de músculos depurados ni nada parecido. Corren gorditos, flaquitos, bajitos y altos sin que para esto tengan que reunir ninguna condición especial.

Pero también hay otras razones que el ser humano común y corriente corre, por ejemplo corremos para alcanzar el bus, para llegar temprano al trabajo y marcar tarjeta. Se corre si se olvido algo en casa o salimos corriendo de ella después de una bronca con la señora. Bajamos corriendo por las escaleras para dejar la bolsa de basura antes que pase el camión recolector, luego subimos lentamente, tomando algunos espacios de descanso, descubriendo con cierto malestar que estamos fuera de forma.
También hemos visto memorables carreras en el cine y la televisión, quien puede olvidar al doctor Richard Kimble (encarnado por el actor Harrison Ford) en la película “El Fugitivo” corriendo y huyendo del acoso del inspector Gerard (Tommy Lee Jones)
Ver a un jovencito y desconocido actor llamado Michael Douglas fungiendo de detective, corriendo siempre tras los pillos por las calles de San Francisco, en la serie del mismo nombre en los setentas.
Y no solo se corre en las calles como lo hicieron los personajes anteriores, sino también en plena selva, la que pudimos ver en la película “Apocalypto” dirigida por Mel Gibson; en que el héroe de la cinta huye salvando pantanos, ríos, trampas y animales salvajes, incluyendo una altísima y bella catarata, de donde sin más opción de huir de sus captores, salta.
Finalmente como olvidar la memorable carrera de Forrest Gump y ante la pregunta de los periodistas al protagonista ¿Why did you run across the United States? Él respondió – “I just felt like running”


Corremos por diversas razones y hay para todos los gustos, pero, para averiguar más de este deporte decidimos buscar a un amigo nuestro, Nelson Cabrejos, cultor de esta disciplina, quien es un técnico y supervisor de planta de una importante compañía en la ciudad de Kearny, donde reside. Fuimos en su búsqueda para preguntarle ¿Nelson y tú porque corres? En principio él nos invitó a conversar sobre el tema corriendo juntos (no pues, no seas malo, no hubiera llegado ni a los quince minutos trotando) Así que le propuse esperarlo mejor al final de su rutina, en el lugar que me indicara dentro del parque de Kearny. Así a los pocos minutos apareció él trotando los metros finales de su rutina, enfundado en una tenida especial para estas faenas y acompañado de un pañuelo amarrado a su cabeza.
Sin más preámbulos nos saludamos y nos lanzamos con la pregunta de rigor.
¿Por qué corro?  pues porque es una disciplina que siempre me gustó y que sirve para eliminar el stress y aliviar tensiones de esta manera tan simple. Después de correr uno se siente relajado, cuerpo, alma y mente, así como lo escuchas, sin que quiera parecer un filósofo ni nada parecido. En otras palabras te sientes bien y bacán pues.
Tienes poco más de una década viviendo en este país  ¿Comenzaste a correr recién aquí?
No para nada, ya lo hacía en Perú, es una práctica que realizo desde ya hace varios años. Si me preguntas como comenzó todo, te diría que quizás se debió a la exigencia de mi profesor de Educación Física en la escuela. El “profe” era súper exigente, así que antes de echarnos a correr, previamente había que hacer las famosas planchas, ranas y estiramiento de músculos, luego a correr por tiempo o números de vueltas que nos daba el profesor. Cuando terminé   la secundaria yo sentía que algo faltaba para estar bien, entonces me di cuenta que esas carreras y las prácticas que teníamos en Educación Física, era lo que me faltaba. Allí comenzó mi afición por este deporte.
La gente puede pensar que se puede correr cuando uno quiere o quizás alguien lo haga motivado por esta nota y se lance a correr sin ningún sentido. ¿Cómo y cuándo corres tú?
Corro los fines de semana, puedo hacerlo el sábado y domingo, puede que no pueda los dos días por alguna razón insalvable, pero religiosamente debo de hacerlo siquiera una vez por semana. Además el tiempo mínimo por el que salgo a correr es por una hora.
También, como lo exige este tipo de disciplina, cumplo con los requerimientos del caso, como hacer el calentamiento previo antes de correr, para evitarme algún tipo de relajamiento de los músculos.

No eres solamente el corredor que vemos siempre por nuestras calles como tantos, sino que eres un asiduo concurrente a los eventos de este tipo en otras ciudades ¿Cuéntanos un poco más de esto?
Estoy inscrito en una página del internet en la que recibo información sobre las fechas que se realizan ciertas competencias en diversas ciudades de Nueva Jersey y Nueva York. Veo las que están cercanas a mi ciudad y también los que son afines a las carreras que realizo (las hay de diversos tipos) además que estén dentro de las millas del rango de mi competencia. He podido participar en ciudades como Morristown, Englishtown, Lyndhurst y el Bronx entre muchas otras.

¿Tienes alguna suerte de hermandad o círculo de amigos que practican tu afición?
Pues fíjate que no, en esto si puede parecer una afición solitaria, los hispanos no somos muy aficionados a estas prácticas. ¿Qué si he invitado a amigos? Por supuesto y han participado conmigo como pueden ver en las fotos, pero el asunto no pega, se entusiasman un poco y después nada. Pero la invitación esta allí abierta a todos los amigos los “patas” que quisieran contagiarse conmigo y “zambullirse” en las aguas de este deporte.
Veo en las fotografías muchísima participación de gente involucrada con este deporte, y que tienen además que saltar y cruzar pistas llenas de barro ¿Puedes ampliarnos un poco el panorama de estas carreras?
Por supuesto, esta actividad te brinda también satisfacciones como el entretenimiento y la diversión, entre otras cosas. Por ejemplo en las carreras con obstáculos, en las que hay que saltar líneas de fuego y campos barrosos, trepar bloques de madera, cruzar charcos de agua y luego la satisfacción de llegar a la meta habiendo vencido todos los obstáculos, y especialmente haberte divertido, gozado y vivido el momento.

¿Qué recomendaciones les darías a las personas que quisieran empezar con esta disciplina y que se sientan motivados a enfundarse en un buzo y en un par de zapatillas y empezar a correr? Primeramente les diría que correr no es necesariamente para bajar de peso como muchos piensan, nada que ver, pueden haber muchas otras buenas razones para hacerlo. Pueden ver en el internet mucha información al respecto, especialmente para los que se inician, siguiendo las recomendaciones para no maltratarse y conseguir una rutina uniforme de acuerdo a sus posibilidades. Poco a poco irán aprendiendo cual es su resistencia, las millas adecuadas para ellos y el tiempo que pueden invertir en esta faena.

Mi estimado Nelson, (con quien caminamos todo el tiempo de la entrevista alrededor del parque)
¿Puedes decirnos si alguna vez corriste mucho, pero por otras razones, como escaparte del colegio, o persiguiendo a un amigo de lo ajeno?

Jamás me escapé del colegio, podría jurarlo, testigos mis amigos, jajaja, bueno en serio nunca lo hice. Pero si recuerdo una palomillada, esas travesuras de chibolos, tan conocida como tocar los timbres de las casas y luego escondernos. Sin embargo cometíamos un error, que era tocar las puertas de las mismas casas todo el tiempo. Entonces una vez, seguramente el dueño de casa ya advertido por la misma rutina de siempre, nos esperó.
Me tocó el turno y me acerqué sigilosamente a la puerta ante la mirada atenta de mis compañeros, oprimí el botón y el timbrazo hecho a chillar, en ese mismo momento inesperadamente la puerta se abrió y apareció el dueño con un perrazo negro que se nos tiró encima.
No recuerdo haber corrido tan rápido como aquella oportunidad, sentía sus ladridos en mis oídos y parecía que sus patas chocaban con mis talones, de todos los amigos el bendito perro me escogió para corretearme. Terminé escondido en un jardín después de haber corrido no sé cuantas cuadras, sin más ruido de los que hacia los latidos de mi corazón.
Fue una carrera para no olvidarla nunca – le comento, sin evitar sonreir – también le agradezco el tiempo que nos entregó en esta entrevista. 

Texto original, 04-11-2012




viernes, 8 de noviembre de 2013

¿Feliz Sábado?


Por: Néstor Rubén Taype
Desde muy pequeño conocí el día sábado como un día muy “especial” Al principio me resultaba soportable pero mientras fui creciendo se fue tornando insoportable. La verdad que no entiendo por qué. Yo veía a otros niños felices pero en mi caso no pasaba eso. Solo sabía que la ceremonia comenzaría temprano y acabaría tarde,  muy tarde, después de más de cuatro horas. Así con todo no podía decir nada y menos negarme a asistir. 

Conforme crecía iba dándome cuenta que esa iglesia no era de otros, mis amigos asistían a una diferente y cuando alguna vez les dije que la mía se llamaba así, por primera vez sentí que esa palabra que surgió después de dar a conocer mis creencias, era como un insulto “evangelista” – me dijeron  - Pregunté en mi casa si eso era un insulto o una grosería porque me lo decían en son de burla y de una manera ofensiva. Ya adolescente las cosas se comenzaron a complicar debido a que iba entendiendo que esta religión guardaba el día sábado de una manera radical.  Según los predicadores de turno que me tocaba escuchar  decían igual que mi madre, que los diez mandamientos que me enseñaban en la escuela no valía porque era una ley hecha por los hombres. Que el sábado era el día santo que había que guardar, ley impuesta por el Dios de Moisés. Los sábados no se prendía el televisor,  no se escuchaba música ni la radio, tampoco podía asistir a las fiestas y si lo hacía no debería bailar. El rock era cosa de pecado y había que alejarse del mundo y refugiarse en la palabra de Dios, la biblia. Recuerdo haberle preguntado a mi madre quien creo esta  Iglesia, quien la fundó, era una incógnita que debía aclarar,  sabía que existían una serie de iglesias de diferentes denominaciones. Ciertamente después un hermano de la iglesia me explicó cómo se originó y donde nació esta religión, en esos años no había internet como ahora.

Nunca entendí a la Iglesia Adventista y me fue muy difícil seguir asistiendo solo por darle gusto y no causarle dolor a mi madre. Había varias cosas que no comprendía y por consiguiente menos obedecerlas. A pesar de todo si conocí a muchos pastores o predicadores que venían a mi casa y no dudaba de su honestidad. Cuando me tocó bautizarme (solo por darle gusto a mi madre) me hicieron varias preguntas, pero una de ellas me llamó la atención; era en relación a la señora Elena de White, quien se autodenominaba profetiza y la pluma inspirada de Dios. Me preguntaron si yo creía que era ella una profeta, yo dije que si aunque en realidad nunca me convenció que lo fuera, ella ni ningún otro. Simplemente yo no creía, ni creo que Dios le hable a alguien. Como en toda comunidad, escuché buenos sermones llenos de mucho calor, amor y sentimiento, con buenos consejos que llegaban al alma. Pero también otros dogmáticos, casi que rayaban con el sectarismo o fariseísmo. Escuchaba horrores de la fiesta de Halloween y de muchas otras cosas que me parecían forzadas, sin sentido. Con toda esta influencia cuando me casé  por la iglesia católica hizo que no bautizara a mis hijos, pero ellos optaron por la iglesia romana. Ya adulto siempre que podía iba a una iglesia Adventista, más que por fe, por los recuerdos que me traía de mi madre. Entraba y me parecía verla cantando sus himnos favoritos, abriendo su biblia y trabajando por su iglesia, repartiendo sus folletos, tocando puertas, predicando ese evangelio que para ella era su vida.  Hoy, habiendo pasado más de medio siglo de vida me deleito con los recuerdos de mi madre, de su iglesia que a pesar de un mundo que se renueva y se reinventa día a día, no ha desaparecido. Con la facilidad como se consigue información ahora, uno se puede enterar de lo que ocurre en cualquier parte del mundo en contados segundos. Vivo en los Estados Unidos y veo que la fiesta de Halloween es una tradición en este país como lo es en el nuestro el Inti Raymi. Que no tiene ninguna connotación maléfica como nos contaban a nosotros de niños, una fiesta nacional que congrega a las familias, al barrio, a la comunidad. Una fiesta que ellos la entienden bien y que las copias que se hacen en otros países como el nuestro, son simplemente payasadas y falta de identidad, donde esta celebración no tiene ninguna trascendencia y menos importancia, en otras palabras una tremenda huachafería. Cuando le decía a mi madre que la señora de White no me convencía de que fuera un profeta, que me parecía más bien una extravagancia como la que hay en muchas religiones, ella se molestaba. El tiempo nos da la razón, luego de leer interminables artículos sobre ella hay suficientes argumentos para descalificarla como tal. No cuestionamos su dedicación y su liderazgo para el desarrollo de la Iglesia Adventista, de su visión para la creación de muchos hospitales en este país, hoy reconocidos por el gobierno americano; pero de allí a reconocerla como que sus libros hayan sido escritos por inspiración divina y sus conversaciones con Dios, hay mucha distancia. En muchos casos sus textos eran tomados de diferentes autores como médicos e investigadores de aquella época y que simplemente obvió colocar los créditos como se estila ahora. 

En fin no creo que nada de esto haga que las personas abandonen esta iglesia, pero es para que muchos jóvenes como yo lo fui, puedan tomar su decisión que el mundo es ancho y ajeno y hay espacio para todos. Darse cuenta que cuando crees estar sobrando en algún lugar, es mejor irse y escoger otra opción, aun en contra de los padres. Nunca me sentí cómodo en la iglesia de mi madre y todo el tiempo me sentí muy presionado y cuando le fallaba me venía una tremenda depresión. Cuando deje de asistir finalmente sentí un gran alivio no estar “allí” no más prohibiciones, no más sentimientos de culpabilidad, no más miedos. Quizás se pregunten a que religión pertenezco ahora, pues a ninguna en especial, pero me siento algo cercano a la Católica por ese sentido de modernizarse y acoplarse a los nuevos tiempos. Por lo demás el asunto de la religión es una cuestión de fe, se cree y punto, no más preguntas; pero cuando las tienes y no te satisfacen entonces es tiempo de salir.