martes, 13 de agosto de 2013

Juan Carlos Tafur: La religión clausura puertas a la inteligencia.

Juan Carlos Tafur es peridodista, psicólogo clínico y uno de los ateos más conocidos del medio. En una conversación por de más interesante con Libre pensador, nos dejó una importante lección de vida gracias a su filosofía nutrida, escencialmente, por la escuela psicoanalítica de Freud.

Por @RicardoMayta  www.larepublica.pe

¿Por qué Juan Carlos Tafur no es una persona religiosa?
Porque las explicaciones que la religión me daba cuando niño fueros sustituidas por explicaciones más eficaces de lo que ocurría en la realidad, en la vida cotidiana, y que me las daba la ciencia, la experiencia o el conocimiento secular.
Frente a eso, a pesar de que hay una predisposición psicológica a creer en una determinada religión, preferí ir en contra de ella y apuntar más a la búsqueda de algo más racional y objetivo, contra algo que yo considero que es psicológicamente una tendencia a ser religioso, aparte de la formación que yo recibí en colegios religiosos.
Mi descreencia fue un proceso paulatino, que se consolidó en tiempos universitarios, y partir de allí, es casi una convicción plena. Tendría que ocurrir algo extraordinario; ser testigo directo de un milagro o algo de esa magnitud, que lo dudo, para que yo revierta mi convicción actual: algo fuera de la naturaleza, del tiempo y el espacio presentes.
¿Qué aspectos negativos se hallan en la religión desde el punto de vista de la psicología?
La religión clausura puertas a la inteligencia humana; ofrece salidas y explicaciones muy fáciles y amparadas en necesidades más psicológicas que racionales. En esa medida, (la religión) es aceptada por esa razón.
Psicológicamente hay una predisposición a sustituir al padre que superamos, en algún momento de nuestra infancia, por este dios que nos protege permanentemente, pero esas necesidades psicológicas no tienen sustento racional, por no decir científico. Y cuando eso ocurre, a la gente se le clausura toda posibilidad de conocer la realidad fuera de estas artimañas filosóficas, como son las que ofrece la religión.
Basta un análisis muy objetivo al pensamiento religioso para darse cuenta de que se sustenta claramente en dogmas, prejuicios, “verdades” sin ninguna verificación. Es un círculo vicioso en términos conceptuales.
Fuera del ámbito de los creyentes, nadie podría decir que la religión es un pensamiento logrado o una filosofía siquiera; a pesar de que en el caso cristiano, ha habido intentos por darle un carácter filosófico, sin éxito. No hay forma, no es posible, no se sustenta.
Para mí es mucha más rica la experiencia, más sentida, más multidimensional, cuando uno recorre los caminos de una visión laica, atea, científica, objetiva, racional, fuera de los cánones religiosos. “Mi vida ha ganado en intensidad cuando he dejado de creer en cualquier dios o religión”.
Entonces, estás de acuerdo con aquella postura freudiana que revela rasgos de dependencia psicológica con la pertenencia a una región.
Sí. Estamos en un estado en el cual las religiones alivian la ansiedad psicológica que genera el lanzamiento –que nos hacen en algún momento de nuestras vidas– a la realidad. Luego de la salida de lo materno-paterno-infantil para enfrentarnos a esa realidad, nos sentimos minusválidos en temas psicológicos. Pero esa ayuda humana no es construida racionalmente, sino que uno se fabrica ciertos instrumentos creyendo que los recibe mágicamente, como nos hace creer la religión. Pero la realidad, es un bastón que no existe, un bastón imaginario, que nos sostiene psicológicamente, pero que no se sustenta en la realidad.
Y yo sí creo en lo que postula Freud, a quien he leído y sigo durante mucho tiempo, que la religión surge de ahí, de esa experiencia psicológica fallida que el ser humano necesita, con una urgencia, reparar.
Yo aspiro a que, en algún momento, la civilización supere, como ocurrió antes, a los mitos, que fueron sustituidos a su vez por las religiones más organizadas. Y, ojalá, en algún momento, un pensamiento laico se imponga; la humanidad ganaría mucho, en términos de convivencia, de tolerancia –ya que, de por sí, las religiones son la principal causa de violencia en el mundo– ganaría en riqueza de la realidad; ella se apreciaría de mejor forma.
Para las personas que nos hemos desprendido de las creencias religiosas, ¿de dónde nace la moral?
Nace de tus propias convicciones. Finalmente, la moral es una costumbre de conducir tu conducta de acuerdo a un ideal. En el caso de las personas religiosas, por lo general, está vinculado a un juicio moral extra mundano, más allá de realidad actual.
En el caso de las personas ateas, vamos construyendo nuestra moral de acuerdo a nuestros propios ideales, así sean estos cambiantes. Es difícil desprenderse de la moral cristiana imperante, pero al final, la moral humana transcurre a pesar de la religión, no gracias a ella.
Ese “no matar” es parte de los principios básicos de la convivencia humana; respetar la libertad y los derechos del prójimo como quiero que me los respeten a mí; no invadir los ámbitos personales de las otras personas. Construir una vida propia, en base a todo eso, es más simple aún; no seguir los normas de los Diez Mandamientos, ni alguna interpretación talmúdica de la realidad.
¿Qué consecuencias genera en el ser humano el saber que no hay una vida después de la muerte?
Yo creo que a algunas personas les afecta pensarlo. A mí, personalmente, me produce una enorme libertad el saber que el día que me muera, desaparezco, que soy finito, que no me prolongo, y por ende, no debo establecerme con aquellos que me sucedan, en términos familiares, mis hijos, mi esposa. Ni siquiera como una hipoteca moral, respecto de que yo los esté vigilando o que esté en algún lugar omnipresente. Yo creo que eso es una omnipotencia falsa, quimérica, que la religión le otorga al ser humano para que se sienta, en algo, Dios. Eso de que uno es eterno, en el fondo responde a una pretensión narcisista.
Yo creo que las personas ateas son mucho más sencillas, menos grandilocuentes –en términos anímicos y psicológicos– y en esa medida, yo me atrevería a decir que deberían transmitir una serenidad mayor. Yo siento, por lo menos, que mi ateísmo lo llevo de manera personal, individual y tranquila. Yo creo que el ateísmo auténtico es aquel se lleva individualmente, sin hacer gala o exhibición ostentosa de su militancia.
¿Qué autor o filósofo recomienda leer a los seguidores de Libre pensador?
Yo soy freudiano. Soy lector del psicoanálisis, lo he ejercido además, ya que soy psicólogo clínico, y para mí la opción psicoanalítica de ver al fenómeno religioso me parece la más acertada. Recomendaría, además, por un efecto liberador, a Christopher Hitchens, pero como fundamento científico y racional, creo que Sigmund Freud, a pesar de haber transcurrido casi un siglo de publicada su obra, sigue siendo vigente.

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