sábado, 6 de julio de 2013

Choro Plantado

Nunca había escuchado la frase “choro plantado” hasta que un día o mejor dicho una madrugada, descubrimos que nos había robado. Quien haya pasado esta experiencia es realmente traumática. Esto nos ocurrió en el año noventa y seis, cuando retornamos después de algunos años a la vieja casa de una  urbanización conocida en el Cercado de Lima. Luego de enrolarnos al sistema de cable, en algún momento falló la trasmisión. Conversando con un conocido del barrio, este nos recomendó a un fulano, a quien yo conocí muy jovencito y que ahora era ya un joven adulto, para que nos repare y arregle el problema del cable.
Así nos evitaría la molestia de llamar al técnico que venía con cita, y tomaría algunos días. Este enano, no llegaba del metro sesenta, llegó a casa y después de ver por donde pasaba el cable al televisor, subió al techo del cuarto piso para hacer los arreglos respectivos. Y verdad, arregló el asunto, y cobró por su chamba (de paso ya había zapeado lo que se tenía en casa y lo “huevo“ que resultaba entrar) Bien al día siguiente nomas, en plena madrugada nos visitaron los amigos de lo ajeno. Nuestro pequeño hijo se levantó para ir al baño, dándose tremenda sorpresa de encontrar la puerta abierta de par en par.
Entró a nuestro cuarto gritando que nos habían robado. La salida más cercana a la calle estaba como a un minuto de la casa y por allí corrimos a ver. Encontramos a una señora (siempre hay alguien observando) quien nos dijo que vio a dos muchachos con “cosas” que escondían en los jardines vecinos. Así pudimos encontrar el microondas, la bicicleta, el betamax y el nintendo(el antecesor del play station). Nuestro recién estrenado televisor llamado Panablack, comprado hacia una semana y el equipo de estéreo con los Cd’s de música de la nueva ola, nunca los recuperamos. Hicimos la denuncia respectiva en la comisaria del lugar, soñando con recuperar lo perdido. ¿Cómo ocurrió el robo? Nos habían cortado los fierros de la ventana y luego los doblaron, igualmente cortaron las lunas y ya estaban dentro.
¿Por qué nos escogieron a nosotros? porque recibieron el “dataso” del enano maldito que me recomendó el vecino, un tipo que en su adolescencia fue un fumón y ahora jugaba al arrepentido en su nueva chamba de guardián de autos por las noches. Yo había regresado al barrio donde me crie después de más de siete años y no estaba al tanto de la gente. Luego de las averiguaciones del caso, resultó que el enano era un ex – choro que pasó algún tiempo en Maranguita(lugar donde sirve de cárcel a los delincuentes menores de edad) Cuando le reclamé al pata ex fumón, me dijo – pucha yo no sabía - ya de hecho no había nada que decir.
El ex-fumonsito este, era esposo de una amiga muy querida, ambos del barrio y que conociamos desde la escuela, y él se presentaba como un tipo “recuperado” y “cristiano” pero con mucha pena confirmaria algo tarde, que era parte del "equipo" de "choros" del barrio. Mencioné anteriormente que cuando salí a ver por donde se fueron los choros, encontré una señora que me aviso como escondían las cosas los delincuentes. Bien esta señora muy valiente, le increpó al guachimán que cuidaba los chalets que circundaban los edificios. Y le decía en su cara – tu, estabas conversando con esos muchachos, sabiendo que eran rateros ¿qué cosa hablabas con ellos? seguramente negociando ¿verdad? El maldito guachimán negaba todo – yo no conversaba nada señora, le ha parecido a usted. ¿Por qué no los detuviste cuando salían? Le pregunté y él – nada choche, nada, yo no vi nada, la ñora está mal. Finalmente atando cabos, llegamos a la conclusión que el barrio se había convertido en una tierra de nadie. La linda y hermosa urbanización, testigo de nuestra niñez y adolescencia, era ahora en una selva llena de delincuentes que hacían lo que les daba la gana.
El gobierno del “chino” había habilitado un edificio para las familias que fueron desalojadas de una zona de barrios altos (viejas viviendas que fueron demolidas por su construcción ya venida a menos) y llegaron a vivir al costado de la urbanización. Desde su llegada se incrementaron notablemente los robos. Pero, la red tejida por la mafia imperante, involucraba a los guachimanes de la zona, los cuidadores de autos (ex fumones y “choros plantados”) que servían de dateros y campanas para los frecuentes robos. El método usado, el mismo: enviar a su gente a reparar cables o haciendo de gasfiteros, para saber que “tanto” tiene cada “jato” y de allí pasar el “dato” a su gente. Todos involucrados, todos se ganaban alguito, un método exitoso para ellos, hicieron su agosto los recién llegados, a un barrio en que la mayoría era gente trabajadora que se ganaba sus cobres con mucho esfuerzo.
Nosotros no teníamos como probar esto, tenía hijos pequeños y temíamos por ellos, después de tres meses terribles nos mudamos y dejamos la pesadilla atrás. Han pasado quince años de esa horrible experiencia, hoy vivimos en el extranjero y vemos como se ha desarrollado el crimen y el robo. Cuando vemos por televisión los asaltos y crímenes de los llamados “marcas” nos preguntamos ¿quiénes son los que le proporcionan los datos? ¿Tienen ellos tanta habilidad de saber cuánto recibe cada persona cuando retira dinero en un banco? no pues de hecho que no. Vimos en la televisión, como en un edificio con vigilantes y todo, robaron en un decimo piso a un conocido ex narrador de noticias. ¿Y qué pasó con los huachimanes? que con sus cuadernitos apuntan quien entra y quién sale. ¡Ya chochera habla pues!

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