..........."CHANCADITO"


Por: Néstor Rubén Taype

¡Jimmy, Jimmy the sweeper, section number two, apúrate puñeta!! Gritaba Ronie por el altavoz que se escuchaba por el grandísimo warehouse.
Jaime, que era su nombre real, se alegraba que lo llamaran así y reía de la frase que utilizaba para hacerlo mientras repetía – puñeta, puñeta, puta que pendejo el boricua -
Lo primero que me dijo cuando lo conocí fue lo difícil que era acostumbrarse a trabajar en el tercer turno y que hiciera todo lo posible por mantenerme despierto. Comenzar a las nueve de la noche y terminar a las cinco de la mañana o más no era una tarea fácil.
Durante ese tiempo las pasé negras porque me dormí infinidad de veces y hasta soñaba mientras caminaba, bastaba recostarme contra la pared para que Morfeo se hiciera presente invitando al profundo e inmisericorde sueño.

Despertaba sobresaltado y asustado entre cajas y paletas dentro de un camión que me había tocado trabajar, preocupado por si había algún supervisor cercano que me pudiera reportar.
Jimmy me dijo entonces que era mejor turnarnos, para dormir siquiera una media horita. Así, buscábamos un camión en la puerta de carga más lejana y mientras uno dormía el otro laboraba cerca para pasar la voz y no pase nada con el trabajo.
Al igual que yo él manejaba el montacargas o fork-lift como también se le conoce y lo hacía muy bien, ya tenía como seis meses en el puesto y estaba bien considerado en la compañía. Siempre me repetía que Ronie el boricua supervisor de su sección, era un excelente tipo, gran colaborador aunque bastante exigente.
- Puta hermano a mi me ha ayudado un culo este boricua cabrón, por eso cuando me pide un favor yo vuelo. Sabes que le encanta la Jalea y la Parihuela, se muere por esos platos.
Así mientras me contaba lo del boricua, íbamos a los Valles Encantados un conocido restaurante de comida peruana a pedir la famosa parihuela para Ronnie.
A las ocho y media de la noche ya estábamos en la esquina de Rodgers con la avenida Harrison esperando el carro que nos llevaría a DOGO Inc. Así se llamaba la compañía donde trabajábamos.

Cuando ya tuve una semana en el puesto recordaba el primer día que Tavo el chofer de Abecco, nuestra agencia de empleos, me pasó la voz para este nuevo puesto en la noche.
Llegué entonces a la esquina de siempre y encontré a Jimmy esperando también la movilidad. Cuando llegó la camioneta y entramos pude ver a dos personas, uno se llamaba Rafael y el otro Omar.
Partió el carro raudo rumbo al trabajo a pasar la primera noche, la prueba de fuego con la consigna de no quedarse dormido.
Éramos cuatro los que estábamos designados a esa compañía y además todos hispanos. No podíamos disimular la incomodidad que sentíamos muchas veces por el racismo de parte del personal, especialmente de los afroamericanos.
Jimmy era algo extraño y definitivamente ya tenía muchos demonios dentro de sí que se manifestaba en su trato por ratos algo hosco y violento.
Conforme iba conociéndolo me daba cuenta que no tenía amigos, gente que pudiera frecuentarlo. Siempre hablaba de su estadía en California y cualquier tema lo relacionaba con California que allá era chévere, que allá estaba su novia y siempre repetía que iba a volver para quedarse definitivamente.
Alguna vez me contó  lo difícil que fue su niñez, de conocer muy tarde a un padre que lo rechazaba, de las golpizas que recibía por sus travesuras y sus malas juntas, de los problemas familiares y la marginación de parte de ellos; que lo marcaron, convirtiéndolo casi en un resentido social. Alguien que solo buscaba algo de cariño donde sea y con quien fuera. Me decía que trabajó de todo en Lima, pasando por ambulante, palanca de microbús y cargador de verduras y papas en la parada. De su suerte con las mujeres frase que repetía siempre ufanándose de ser un don Juan, cosa que parecía solamente una fantasía que albergaba inocentemente en su cabeza, como una suerte de aliento personal para su casi ausente amorío con las féminas.

Me fui dando cuenta que era difícil ser su amigo porque él consideraba la amistad casi como una propiedad. Así, aunque parezca increíble él pretendía decidir quiénes podrían ser las amistades de sus amigos.
Jimmy consideraba a Omar su enemigo, por lo tanto yo ‘supuestamente” estaba prohibido de hablarle y cuando lo hice me gané su eterna bronca.
El warehouse era grande y terriblemente frío durante el invierno, los portones estaban siempre abiertos para la llegada de los camiones. Había que usar botas especiales, jackets gruesos, guantes y en lugar de gorras era mejor un pasamontañas, sin contar los polos y pantalones térmicos.
Para calentarnos un poco íbamos a ayudar a don Pepe que era como nuestro jefe.
Él se encargaba de encender los calentadores que se colocaban en los camiones para que no se frisen ciertos productos, estos calentadores eran una especie de cocinas delgadas y altas impulsadas a gas.
De esta manera pasábamos algo cómodos mientras afuera la nieve caía pacientemente pintando de blanco las calles, techos, puentes y carreteras de esta vieja ciudad. El viento de cuando en cuando rompía la calma empujando la suave nieve dentro de los portones, dificultando el trabajo de cargar los camiones, imponiendo sanciones a nuestros cuerpos.
Acabada la tarea de los calentadores regresábamos a manejar el montacargas, manteniéndonos siempre en movimiento por que el frío era atroz  y nos congelaba hasta el pensamiento.

Algunas veces sentado en algún portón miraba el espectáculo nocturno de puentes y carreteras que más allá desembocaban en el puerto de Newark, autos y camiones desfilando unos tras otro interminablemente como luces navideñas. Me preguntaba entonces como llegué a parar aquí lejos de mi país, como podía haber salido dejando a la familia. Me preguntaba entonces que cosa vendría después, como terminaría esta historia. También asomaba el miedo a vivir solo como muchos inmigrantes viendo crecer a sus hijos a la distancia conviviendo con sus seres queridos a través del teléfono y el internet. Extrañaba a mis hermanos, a los amigos de toda la vida, a la Lima querida, húmeda, nublada, sucia, con ambulantes, micros destartalados y todo; igual la echaba de menos y los recuerdos se juntaban haciéndome un nudo en la garganta.

Encontré una noche a Jimmy trepado en uno de los andamios que se usaban para guardar la mercadería, estaba allí agazapado con unos binoculares mirando hacia uno de los portones.
Le pregunté qué pasaba y que era lo que miraba. Horas después mientras cenábamos me contó que estuvo chequeando a un pendejo que se escapaba todas las noches. Ese tipo era Omar apodado “Rambo” que estaba cansado de sus jodas, decía que era un abusivo de mierda y que finalmente uno de los dos tenía que irse, luego haciendo ademanes con sus manos terminó diciéndome
- Y por supuesto quien se va, no es precisamente este pechito –
- Ya te he contado que  me he tumbado un montón de cabrones que se creían mucho, que se la pegaban de mandones, especialmente hispanos que son más abusivos que los gringos.
- Llevo cinco años aquí, en este país y lo que he aprendido es que no te puedes dejar pisar por nadie, ni por san puta,  porque estos pendejos y abusivos joden, joden a su propia gente.
- Suave Jimmy take it easy, puta tampoco te creas tanto cabrón.
- Es que tú no sabes nada pues huevón, eres nuevito, te cuento para que no te jodan.

A Jimmy si teníamos que reconocerle que era un excelente trabajador, muy disciplinado, inteligente y perfeccionista; casi un vicioso del trabajo, creo que para él ya no era un oficio, era más bien una obsesión.
Era una forma de mantenerse ocupado y que su cabeza no piense, no se diera cuenta que la soledad lo agobiaba, no quería sentir la ausencia de amigos esa falta de amor de parte de su familia. Deseaba olvidarse de sus propios demonios, de sus odios, cansado de ser un marginal deseaba simplemente estar ocupado dormir y luego comenzar otra vez.
Poco a poco iba descubriendo que perdía sus amistades y no podía controlar su genio, su carácter lo traicionaba y terminaba siempre como el escorpión, haciendo daño.
Nunca tuvo buenas relaciones con sus colegas del trabajo salvo con Don Pepe a quien  respetaba por su edad.
Así una noche comprobó que “rambo” se escapaba del warehouse por algunas horas en la madrugada, continuo siguiéndole los pasos logrando que lo sorprendiera Ronnie, el supervisor, y por lo tanto le echara el ojo. Finalmente una noche le comunicaron que estaba despedido.
Omar, que si era un residente legal nunca imaginó que su “lorna” e ilegal paisano, a quien llamaba despectivamente “chancadito” le hiciera tremenda jugada para sacarlo de la empresa, cosa que se enteraría muchos meses después.
De allí para adelante Jimmy se sintió el rey del warehouse, era un pavo real que hacia ostentación de su poder y además insinuaba que se le tenía que temer.

Un buen día muy temprano coincidimos en la panadería Fajinhas siempre llena de gente haciendo cola para el pancito y el cafecito. Alli casi todos se conocen, estaba también la famosa señora cubana, algo gordita ya entrada en años, sentada en su mismo sitio tomando su café al lado de su inseparable bastón. Ella era parte de la escenografía de ésta concurrida panadería de la ciudad de Harrison en el 2001.
Nos saludamos con Jimmy y nos sentamos a tomar desayuno y compartir unos momentos a pesar que nuestra amistad ya no era la misma. Me estuvo comentando del trabajo, reclamándome sobre unas paletas que yo habría movido sin su autorización. Solo me reí y le dije que no joda que no estábamos en el trabajo y que se olvidara del asunto.
De pronto me preguntó quien le había puesto la chapa de “chancadito”.
En realidad yo sabía quién se la puso pero no era necesario decírselo, él insistía saber porque ese sobrenombre, yo le daba gusto con algo de maldad.
- Dicen que por la carabina compadre, ósea la pepa, el cacharro pues Jimmy - El miraba como distraído a otro lado y repetía – chancadito no, chancadito; puta que pendejos.
Jimmy un poco alzado y vanagloriándose de su supuesto poder y de considerarse fijo en el trabajo cometió el error de sentirse intocable.

Como ocurre siempre la temporada baja llegó y diariamente salíamos más temprano de lo normal, pero Jimmy siempre salía más tarde para acumular sobretiempo.
Recibió un aviso de la compañía por esta acción pero él continuo sin hacer mayor caso.
Jimmy seguía enceguecido por su soberbia y el abuso del sobretiempo paso a mayores. Una noche al llegar a la ventanilla del gringo Fred, con quien nos reportábamos diariamente, éste le dio la mala noticia que ya no pertenecía a la empresa y por lo tanto sus servicios habían terminado esa misma noche.
Estaba yo afuera del warehouse junto al camión de comida comprando un café, cuando bajo él y me dijo algo. La noche estaba fría y aunque no había nevado soplaba un viento helado que nos hacía temblar. En ese momento entraban una serie de camiones que llegaban para dejar su carga haciendo tremendo ruido. No lo escuché bien y cuando pasaron los camiones y el ruido me dijo que necesitaba un taxi para ir a su casa. Le dije que de allí a casa le iba costar más o menos veinte dólares, luego de aceptar le pedí la movilidad, él no tenia celular.

Mientras esperábamos el carro se quedó callado y no habló absolutamente nada, así estaba Jimmy el sabelotodo el que se creía intocable estaba jodido. Quizás recordaba en ese momento nuestras conversaciones cuando hablamos que mucha gente creía que los gringos eran uno cojudos y que uno se los podía pasear cuando quería, nada más falso y nosotros que habíamos visto bastante lo sabíamos. Jimmy, que había peleado contra los abusivos y pendejos de todas las factorías había terminado igual que ellos haciendo ostentación de su poder y de cuando en cuando jodiendo a los novatos. Cuando apareció el taxi nos acercamos y abrió la puerta, con la mirada distraída me dio la mano mientras repetía – me botaron, puta me botaron, que pendejos, que pendejos.

- Oye Jimmy, mientras, puedes ir a buscar chamba en Abecco o en el Mostro.

- Mira compadrito este pechito nunca, me escuchas, este pechito nunca se va a quedar sin chamba huevón, yo mismo soy, mañana mismo me consigo otra cosa mejor que esta cagada.

El taxi partió y se llevó a Jimmy con todos sus resentimientos y sus odios, algo era cierto, Jimmy nunca se quedaría sin chamba como él decía, por que la chamba era su vida, el mejor remedio para matar sus pesadillas. Por lo demás, fuera de sus exabruptos y locuras, Jimmy seguía siendo un excelente trabajador.

Como muchos otros, el derrotero para un ilegal estaba otra vez en su punto de partida.






(Segunda versión. Original publicada 16 Octubre, 2011)



Warehouse= Almacén.

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