sábado, 29 de mayo de 2010

Creación


"Amada, aquella noche solo quedamos el lápiz y yo, yo no pude hablarle de ti pero él escribió tu nombre" (Texto de Néstor Rubén Taype)


Creación
(Del poeta Héctor Rosas Padilla. Cañete, Perú, 1951)


Escribo este poema para darte existencia
Ahora que hasta la soledad me niega su presencia

Hago que existas para que habites
Este verso y esta habitación

Hago que existas
Para no morir de soledad repentina
Cuando el silencio de la medianoche
Acalle todo el universo

La Ley de Arizona ¿La mejor publicidad para una reforma migratoria?


Ni las continúas marchas que se realizaron en los últimos cinco años por una reforma migratoria, ni las grandes maratones en trasmisiones que hicieron los canales hispanos de televisión lograron lo que esta ley contra la inmigración ilegal ha conseguido.
La ley de Arizona ha puesto sobre el tapete el tema de los indocumentados no solo en canales hispanos sino en los cerrados canales americanos respecto a este tema.
Aparentemente puede parecer un éxito para las autoridades de ese estado el lograr que la policía intervenga en un sector reservados solo para las autoridades de inmigración.
Esta ley permite a la policía regular solicitar a cualquier transeúnte sus documentos de identidad sin motivo alguno, especialmente si el sujeto tienes rasgos hispanos y si no prueba que es residente puede reportarlos inmediatamente al departamento de inmigración.
La oposición no se ha dejado esperar y los cuestionamientos para la implementación de esta ley están llegando de diferentes sectores de los mismos ciudadanos americanos, como por ejemplo el alcalde de Phoenix, Arizona, Phil Gordon.
Mientras unos cierran puertas otras ciudades como Trenton en Nueva Jersey están otorgando documentos de identidad para los ilegales que viven en su jurisdicción.
Estas formas de identificación obviamente no son usadas para trabajar ni obtener licencia de conducir, es solo una forma que el indocumentado este contado y registrado en su ciudad y sea este documento emitido por las autoridades del pueblo.
Entonces procedimientos como se dan en Trenton a favor del indocumentado, como la ley de Arizona, en contra de los ilegales, deja en la ciudadanía americana una suerte de anarquía por parte de su gobierno una sensación de falta de autoridad, independientemente de estar a favor o en contra de una reforma migratoria.
Aunada a la inocente pregunta de una niña hispana (peruana) quien por cosas del destino tuvo al frente a la esposa del presidente Obama, le dijo que tenía temor que sacaran del país a su madre por que no tenía papeles.
Todos estos acontecimientos han colaborado para que este tema no se deje de lado como en otras ocasiones. El congreso americano estará obligado en algún momento a reunirse y terminar con esta situación que se ha convertido en una campana de resonancia negativa para este gobierno.
Bastará que otros estados apliquen leyes ya sea a favor o en contra de las inmigración ilegal para ver al presidente Obama (quien tiene pendiente una promesa electoral sobre la reforma migratoria) correr al congreso y finalmente presionarlos para que legislen sobre este problema que debió hacerse ayer mismo y salvar esa falta de conducción, esa ausencia de liderazgo. Sin duda la ley Arizona podría convertirse en una ley boomerang para sus ideólogos y creadores.

viernes, 28 de mayo de 2010

Dos Chiles tras el sismo, las realidades de un mismo país



Por Jorge Ramos Ávalos, Univision.com
9 de Marzo de 2010



CONCEPCION, Chile - No es que el terremoto de 8.8 grados haya roto a Chile en dos. No. Lo que pasa es que el sismo dejò al descubierto que en realidad hay dos Chiles (y siempre los ha habido).
Errores
Uno es el Chile que nos vendieron en el exterior: moderno, vanguardista, exportador, el de los tratados de libre comercio, casi primer mundo.
El otro es el Chile que no invitaron a la fiesta, el que no se subió al camión del desarrollo, el de las mayorías pobres que olvidaron los que habitan el palacio de la Moneda y los de los rascacielos intactos de Santiago.
Es el "Chile bárbaro" según me comentó el escritor y diplomático Jorge Edwards. Siempre ha estado ahí, me dijo. Pero muchos no lo veìan. Hasta que el velo cayó con el temblor.

La mejor prueba de la existencia de estos dos Chiles surgió durante los disturbios en esta ciudad de Concepción a pocas horas del sismo. Tomó a todos por sorpresa.

Miles de chilenos de ese Chile olvidado se sintieron desconectados y totalmente aislados del resto del país y del gobierno central. Y se lanzaron a las calles a saquear tiendas y supermercados.

Unos, sí, iban por comida para los suyos. Otros simplemente aprovecharon la situación y se llevaron televisiones de plasma y refrigeradores en una ciudad que no tenía ni electricidad.

Con razón, muchos chilenos reprobaron los robos y saqueos. Pero, como me dijo el cineasta Jorge Ulla, la marginación no se puede ocultar. En Chile, como en el resto de América Latina, el 10 por ciento más rico acumula màs de la mitad del ingreso. Y aquí los más pobres siguen siendo terriblemente pobres y apenas sobreviven.

Esos son los que se quejaban de la falta de ayuda. Esos son los que reprimió el ejército cuando la presidenta Michelle Bachelet por fin se decidió a enviar a los soldados a controlar los disturbios varios días después.

Entiendo su reticencia a tomar esa decisión. Desde la época de Pinochet los soldados no salían a reprimir a la población. El mismo padre de Bachelet murió durante la dictadura. No fue una decisión fácil, pero se tardó mucho en tomarla. Primer error.

El miedo de los chilenos al ejército parece hereditario. Es como si se pasara en los genes de generación en generación. No he visto a ningún pueblo latinoamericano respetar (o temer) tanto a su ejército. "Aquí no vuela ni un pájaro sin autorización" me dijo, sin bromear, un militar.

Y los periodistas también nos tuvimos que someter. Solo pudimos entrar a Concepción con un salvoconducto de los militares. El toque de queda únicamente permitía a la gente salir de sus casas por 6 horas al día para abastecerse de agua y comida.

Pero a veces era una labor imposible. Era increíble ver que casi todos los comercios y oficinas permanecieron cerrados por días en la segunda ciudad más grande del país.

Segundo error. Es difícil entender por qué el gobierno de Bachelet no le informó a los pobladores de las costas en el sur que un maremoto o tsunami era inminente luego del terremoto del sábado.

La Armada ya reconoció el error. Pero fue grave y se cuenta en muchas vidas perdidas por simple ineficacia burocrática.

Tercer error. La imagen de autosuficiencia de Chile se desmoronó tras el temblor. Un ministro dijo que iban a estudiar las ofertas de ayuda extranjera. No dijo que no la recibirían. Pero el comentario vago y apresurado detuvo la generosidad internacional cuando todavía se podían salvar vidas y ayudar a los más afectados.

La presidenta Bachelet no desmintió al ministro y se tardó seis días en aclarar que nunca habían rechazado la ayuda del exterior.

Supongo que ver al presidente peruano Alan García ofreciendo ayuda -a pesar del diferendo marítimo, de las tensiones históricas y de que no se ponen de acuerdo ni siquiera en el origen del pisco, que ambas naciones reclaman- fue difícil de digerir para la clase política. Pero estos son momentos extraordinarios.

Cuarto error. La ayuda no llegaba a los más damnificados. Yo hablé con muchos en esta ciudad que perdieron su casa, que vivían en la calle y que no habían recibido ni un pan.

Por eso brincaron por absurdas las declaraciones de la presidenta de que no había desabastecimiento de comida o combustible. Bastaba caminar unos metros sin guardaespaldas para darse cuenta que eso no era cierto.

Quinto error. Bachelet parecía paralizada en la Moneda. El sismo la desbordó. Los chilenos la querían ver en control "al tiro y en terreno". Pero se tardó en ir a los lugares más afectados.

Bachelet era (en pasado) una de las presidentas más populares del país. Hoy muchos chilenos agradecen que se vaya tan rápido tras el vacío de autoridad y capacidad que mostró su gobierno en las días posteriores al sismo.

La crisis la rebasó. Ella era una buena presidenta en la normalidad, no en las crisis.

Ahora le toca a Sebastián Piñera, el nuevo presidente, crecer a las enormes expectativas que los chilenos han puesto en él. No se trata solo de reconstruir el país, dijo, sino de reconstruirlo mejor.

Es cierto. El problema de fondo en Chile no son las grietas dejadas por el terremoto ni las poblaciones ahogadas por el maremoto. No. El problema de fondo es que una parte del país se echó a correr con la modernidad y no se dio cuenta que detrás dejaba a millones, sin esperanza y sin manera de alcanzarlos.

Como si fueran placas tectónicas chocando y a punto de reventar, la sociedad chilena acaba de tener un adelanto de lo que está por venir. Y si no libera esa tensión causada por la desigualdad, la próxima revuelta podría ser la grande.

El resentimiento de los que quedaron atrás salió con furia durante el temblor. Y no se puede regresar a la botella. El reto de Piñera es unir a esos dos Chiles en uno solo.

Si no lo hace, el país corre el riesgo de explotar aún con mayor fuerza que la del terremoto del 27 de febrero.